La tentación de la violencia

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Nuestro libro del 2010 se basa en una clara apreciación en el diagnóstico de la situación política venezolana en el chavismo: “un conflicto político nacional inédito, de alta complejidad, extrema dificultad, fase avanzada y destino incierto”. Nuestro libro del 2010 se basa en una clara apreciación en el diagnóstico de la situación política venezolana en el chavismo: “un conflicto político nacional inédito, de alta complejidad, extrema dificultad, fase avanzada y destino incierto”.

La Venezuela chavista, ahora bajo dominio del castrismo, no puede ser entendida como una democracia, pese al incesante llamado a elecciones, realizadas con un detalle marcador: en un país en el cual todas las instituciones están bajo el control del gobierno, que actúa, en tiempo de elecciones, o fuera de ellas, sin ningún tipo de recato y con un excesivo desbordamiento de gastos y abusos.

En el capítulo sobre la transición democrática afirmamos: “La sociedad venezolana se encuentra, desde el 2.001 hasta ahora, en una situación especial: inmersa en un devastador conflicto de intereses entre tiranía y democracia, expresado en diversas formas de confrontación política, hasta ahora de baja o mediana intensidad, pero con el uso inteligente, por parte del gobierno, de recursos no violentos y violentos, con predominio de los primeros”.

Y en una larga nota a pie de página relativa al párrafo anterior precisamos: “La profundización de la violencia -que no tiene que confundirse con un escenario de guerra, como tantos «analistas» han definido- se explica por el interés del gobierno en apropiarse del control “legítimo” sobre la Fuerza Armada y satisfacer las expectativas de los sectores duros de los círculos terroristas u otros, lo que lleva a la represión de Estado y al terror como medios de intimidación. Su finalidad fundamental ha sido, posiblemente, la de inhibir la acción política: en los medios, en el paro y en la calle, fundamentalmente. Aún así, el esquema general no ha sido predominantemente violento, a pesar de diversos acontecimientos y la presencia de instrumentos propios de situaciones agresivas, disuasivas o confrontacionales. Pero no significa que estemos en un escenario bélico. Junto con ello -y más importante aún-, se asiste al intento de secuestro total, por el Ejecutivo, de los otros poderes públicos; la anulación o intervención de los medios y el solapamiento del conflicto, con lo que el régimen puede mostrar una “normalidad” ficticia, con unas constitucionalidad, legalidad y democracia acomodaticias y la invalidación efectista de las consecuencias del conflicto, que se manifestaría prolongado y de baja intensidad. A menos que surgieren factores nuevos, que los hay”.

Hoy, en 2013, podemos afirmar que esos factores nuevos comienzan a observarse. Queremos alertar sobre la tentación de la violencia en el régimen y sus partidarios.

Las últimas semanas han sido pródigas en protestas estudiantiles –la sempiterna vanguardia política venezolana- y en la represión de las fuerzas militares y policiales. La foto del guardia nacional “bolivariano” arremetiendo contra un estudiante encadenado recorrió el mundo.

La protesta estudiantil pacífica crece. Igual, diversos llamados a la actuación del Tribunal Supremo de Justicia en la evidente situación de ilegitimidad del régimen y sumisión a Cuba. La respuesta de la Fuerza Armada Nacional no debe ser la represión.

Hay al menos dos definiciones constitucionales respecto a la FAN que cabe recordar en este momento: “La FAN está al servicio exclusivo de la Nación y de la Constitución, en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna” y su carácter de “institución esencialmente profesional, sin militancia política alguna, subordinada a la autoridad civil, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación”.

Legitimidad constitucional y soberanía son dos temas candentes del momento. Han sido señalados por personeros de instituciones respetables: la Iglesia Católica, las academias nacionales, diversos grupos profesionales, universitarios, etc.

Es tiempo de dirigirse a la Fuerza Armada Nacional. En mi caso personal, me inspiro en la Señora Aung San Suu Kyi, la líder demócrata birmana, que en el momento de su última liberación, después de una larga historia de presidios y confinamientos, se dirigió al mundo militar de su país, entonces en el gobierno y ahora sostén del actual régimen, presidido por un ex militar.

Dijo la Señora Suu Kyi: «No quiero ver la caída de los militares. Quiero ver a los militares evolucionar hacia niveles dignos de profesionalidad y verdadero patriotismo».

Sobre un eventual diálogo con la Junta Militar, señaló que «tenemos que resolver las diferencias en torno a una mesa, hablar entre nosotros, averiguar por qué no estamos de acuerdo e intentar eliminar las cosas que no nos permiten estar de acuerdo».

Todo ello, por su disposición a dialogar para trabajar en una transición a la democracia, que, con su intervención, ha avanzado y obtenido logros nacionales reconocidos en el mundo.

Igual planteamiento hago a los militares venezolanos, junto con la súplica de no caer en la tentación de la violencia. Somos la misma gente. Caraquistas y magallaneros (los dos principales equipos de baseball), pero amigos, como venezolanos buenos.

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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