Idas y vueltas

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Sin duda alguna nadie otorgaba el crédito suficiente, a pesar de que el secretario de Estado, John Kerry, quien anunciando el ocaso de la doctrina Monroe, aclamaba el «retiro» o el paso a un segundo plano en que los Estados Unidos desestimaba su mirada sobre América latina. Sin duda alguna nadie otorgaba el crédito suficiente, a pesar de que el secretario de Estado, John Kerry, quien anunciando el ocaso de la doctrina Monroe, aclamaba el «retiro» o el paso a un segundo plano en que los Estados Unidos desestimaba su mirada sobre América latina. En realidad, Washington nunca se fue de la región, por el contrario, siempre procura reafirmar su presencia e influencia en América latina., tras lo analizado tiempo atrás debido a la fuerte proyección del rol de China, la lenta pero segura reaparición de Rusia quien surge, además, como posible sustituto del rol que cumplía Tehéran, luego del cambio de gobierno iraní.

Como prueba basta un botón, la envergadura del despliegue chino en América latina muestra que en 2014 el total de financiación otorgada por Pekín a la región ascendió a 22.000 millones de dólares; un 71% más que lo brindado en 2013 y más que todo lo desembolsado por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Según los datos de la Cepal, y a pesar del incremento de las inversiones chinas y del importante aporte de la Unión Europea en la materia, Estados Unidos continúa siendo el principal inversor individual en la región. Washington es el mayor proveedor de asistencia militar y policial, de venta de armas y de entrenamiento a las fuerzas armadas y de seguridad. Ni China ni Rusia, por separado, ni ningún otro conjunto de potencias extrarregionales tienen el grado de incidencia militar que Estados Unidos mantiene en la región.

La estrategia americana, una de cal, otra de arena, promoviendo claroscuros, vale recordar la retroalimentación interna, habida cuenta de la proyección geométrica que sufre gracias a la hispanización demográfica, la que empuja cada día más.

América Central, México y el Caribe, hoy se sienten más integrados a los Estados Unidos en términos comerciales, financieros, migratorios, culturales y militares.

Algunos arriesgan y presumen que este grupo de países, operarían como blindaje coraza para Washington.

La sorpresiva decisión de normalizar las relaciones con Cuba le asegura a Estados Unidos un rol más determinante en la gran cuenca del Caribe, en el contexto geopolítico el término Cuenca del Caribe refiere al grupo de países en desarrollo que muestran litoral en el Mar Caribe, incluyendo a México, a siete países de América Central más todos los países insulares de las Antillas.

Otro rol adoptado por Washington en los último tiempos se refiere a Colombia. Diálogo de paz Gobierno – FARC , vale recordar que demuestra un giro de 360 grados respecto a su papel, ya que luego de entorpecer desde los años 90 una solución negociada con la guerrilla de las FARC, la administración de Obama designó a Bernard Aronson, ex secretario adjunto para Asuntos Hemisféricos entre 1989-1993, como enviado especial al proceso de diálogo entre el gobierno y las FARC.

Por otra parte, la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile), de notorio auge, se ha convertido en un importante lazo geopolítico de Washington, no tanto para generar una plataforma regional con la finalidad de captar nuevos integrantes, sino como herramienta geopolítica a efectos de jugar como cerco perimetral en torno a las apetencias que China muestra día a día en su plan de expansión regional.

Al mismo tiempo, países con gobiernos denominados progresistas dan la sensación de mejorar sus vínculos con Washington. En diciembre de 2014, el entonces presidente José Mujica aceptó la llegada a Uruguay de seis detenidos provenientes de Guantánamo, mientras que en noviembre la subsecretaria de Estado, Roberta Jacobson, visitó Ecuador y comenzó un diálogo promisorio sobre asuntos de comercio, educación, seguridad y energía. En enero de 2015, el ministro del Interior de Bolivia, Hugo Mondiz, habló del interés de su país para mejorar las relaciones con Washington en materia de seguridad.

Sin embargo, los dos casos más relevantes para comprobar el grado de éxito del «retorno» de Washington a la región serán el futuro de sus relaciones con Brasilia y con Caracas. Un Brasil más débil en lo económico y más retraído diplomáticamente, con una presidenta acosada en términos políticos, sumados a la presión que ejerce una consolidada oposición tras los mega escándalos de corrupción, llevaría al gigante sudamericano, a replantear su política exterior y mostrarse dispuesto a un mayor acercamiento a los EEUU

Respecto a Venezuela, la reciente orden ejecutiva de Obama mediante la cual se considera al país una «amenaza a la seguridad nacional» y se sanciona a siete individuos es, sin duda, inquietante desmedida y de pésimo ‘timing’ político, es así que el presidente Barack Obama ha jugado tan a favor del presidente venezolano, Nicolás Maduro, quien ha solicitado a la Asamblea Nacional, que debería de otorgarle, seis meses de poderes especiales para responder a la «agresión imperialista». Al momento Washington se encuentra acusado de haber dado un paso en falso que reaviva el mal recuerdo de su intervencionismo en América Latina, las fuertes críticas llegan de diversos gobiernos latinoamericanos, además, lo que no deja de sorprender de sectores de la oposición venezolana e incluso del ‘New York Times’, quien en una de sus tres editoriales del 12 de corriente mes , el diario de referencia de los demócratas estadounidenses consideraba que las sanciones anunciadas por la Casa Blanca contra Venezuela podrían reforzar al presidente Maduro, otorgándole la letra necesaria como para apelar al sentimiento nacionalista, que mejor libreto, como anillo al dedo al sucesor de Hugo Chavez Frías, que no transita por su mejor momento, Así lo habría comprendido éste, organizando rápidamente manifestaciones patrióticas contra la terminología agresiva de Barack Obama, advirtiéndole que le costaría caro en el terreno diplomático, por si estas consideraciones fuesen de poca valía, la Iglesia venezolana, habitualmente crítica con el régimen bolivariano, reprendía a Washington a través del cardenal Jorge Urusa Savino, arzobispo de Caracas.

Le «parece» al prelado «una exageración del Gobierno norteamericano afirmar que Venezuela sea una amenaza para la seguridad interna de EEUU. Esa afirmación es inaceptable por las consecuencias que puede tener para todos los venezolanos, no solamente para el Gobierno».

Como punto a favor de la administración Obama, a efectos de descomprimir el anuncio, no determinó castigar el comercio bilateral, no impone restricciones a la venta de petróleo, no afecta las inversiones y no aplica medidas punitivas que directamente perjudiquen al pueblo venezolano, tal como han sido otras órdenes ejecutivas contra Corea del Norte, Siria, Irak, Irán, Nicaragua, Libia y Cuba. Al parecer la Casa Blanca estima en que una vez de un periodo donde arrasen las criticas regionales frente a lo inadecuado e inexplicable anuncio, confían en que los diversos matices ideológicos de América latina evitarán una acción coordinada concreta contra Estados Unidos, y cada país volverá a encasillarse en su rol.- Un test importante al cual deberá someterse EEUU, será la próxima Cumbre de las Américas, donde jefes de Estado y de Gobierno de las Estados miembros del Hemisferio se reunirán, en Panamá del 10 al 11 de abril próximo.

Vale esperar, observar atentamente el tablero, los resultados de la jugada americana se verán, sin lugar a dudas después de la Cumbre, situación, a priori complicada.

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