Graves peligros para la industria siderúrgica

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La Comisión Europea ha propuesto y los Estados Miembros han aceptado unos niveles de referencia para la asignación gratuita de derechos de emisión a las industrias en riesgo de deslocalización. Es decir se han aprobado unos niveles de asignación de derechos de emisión de CO2, que amenazan seriamente el futuro de la industria europea, según manifiesta la patronal siderúrgica española UNESID. Los dirigentes políticos habían manifestado que las instalaciones más eficientes de las industrias en riesgo de deslocalización obtendrían derechos gratuitos de emisión para el periodo comprendido entre 2013 y 2020 que compensasen, aunque fuera parcialmente, las desventajas de la industria europea frente a terceros países. Esta medida se contemplaba con el fin de compensar el riesgo de deslocalización de algunos sectores sometidos a la competencia internacional, a tenor de los ambiciosos objetivos unilaterales de reducción de gases de efecto invernadero: el 20% en el año 2020. La siderurgia, junto a otras industrias básicas, es una de la industrias en que la Unión Europea reconoce el riesgo de deslocalización:”fuga de carbono” en la jerga de Bruselas. Los niveles aprobados son sustancialmente inferiores, con lo que ni una sola instalación europea podrá disponer del total de derechos de emisión. Ante esta situación es cuando UNESID ha dado la voz de alarma, considerando que los niveles adoptados conllevan importantes cargas unilaterales, exclusivamente para la industria europea, pues ningún otro país en el mundo está adoptando pautas semejantes. La Comisión Europea ha propuesto y los Estados Miembros han aceptado unos niveles de referencia para la asignación gratuita de derechos de emisión a las industrias en riesgo de deslocalización. Es decir se han aprobado unos niveles de asignación de derechos de emisión de CO2, que amenazan seriamente el futuro de la industria europea, según manifiesta la patronal siderúrgica española UNESID. Los dirigentes políticos habían manifestado que las instalaciones más eficientes de las industrias en riesgo de deslocalización obtendrían derechos gratuitos de emisión para el periodo comprendido entre 2013 y 2020 que compensasen, aunque fuera parcialmente, las desventajas de la industria europea frente a terceros países. Esta medida se contemplaba con el fin de compensar el riesgo de deslocalización de algunos sectores sometidos a la competencia internacional, a tenor de los ambiciosos objetivos unilaterales de reducción de gases de efecto invernadero: el 20% en el año 2020. La siderurgia, junto a otras industrias básicas, es una de la industrias en que la Unión Europea reconoce el riesgo de deslocalización:”fuga de carbono” en la jerga de Bruselas. Los niveles aprobados son sustancialmente inferiores, con lo que ni una sola instalación europea podrá disponer del total de derechos de emisión. Ante esta situación es cuando UNESID ha dado la voz de alarma, considerando que los niveles adoptados conllevan importantes cargas unilaterales, exclusivamente para la industria europea, pues ningún otro país en el mundo está adoptando pautas semejantes.

Por si este problema fuese pequeño, la siderurgia española se enfrenta a la posibilidad de una escalada de los precios de la energía.

Un alto dirigente de la industria siderúrgica nacional ha manifestado que el futuro de la industria española del acero “corre grave peligro”, si no se adoptan medidas que compensen el incremento del coste de la energía, después de la regulación de la tarifa eléctrica, lo que limita la competitividad internacional. Así, el sector nacional no puede competir “como consecuencia del gran incremento del precio de la energía, que se ha producido”. Al no ser competitivos no se puede vender y al no poder vender no hay otro camino que reducir la producción a unos niveles que pueden obligar a reducir la actividad y, en consecuencia, la plantilla. Tras la desaparición de las tarifas eléctricas, los grandes consumidores no han recibido ofertas para tener contratos a largo plazo de compra de la energía y se ven obligados a comprar en el mercado del día a día, lo que conlleva un coste del 70%, desde el pasado julio hasta la fecha. Ello hace que la siderurgia en España no pueda competir con otros productores internacionales. Por citar un ejemplo, con respecto a Francia el coste de la energía en España es, más o menos, el doble. Además, la demanda de los productos dirigidos a la construcción ha caído, lo que ha dado lugar todavía a una disminución mayor de las posibilidades de exportar.

En un momento, como el actual, de profunda crisis en España, donde se une la crisis en la construcción con la crisis a nivel mundial, estos temas que hemos abordado, las emisiones de CO2 y el precio de la energía, contribuyen todavía más a empeorar una situación, ya de por sí difícil y delicada.

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