El MAG (Marco Analítico de Gobernanza) refiere “los procesos de interacción entre los actores involucrados en un asunto público”. El instrumento valdría también para lo privado; pero, nuestro interés es la gestión económica nacional. Y el Marco nos sirve para lo que nos planteamos con este artículo. El MAG (Marco Analítico de Gobernanza) refiere “los procesos de interacción entre los actores involucrados en un asunto público”. El instrumento valdría también para lo privado; pero, nuestro interés es la gestión económica nacional. Y el Marco nos sirve para lo que nos planteamos con este artículo.
Tal como dicho en nuestro “2016”, un dato nuevo en la situación nacional es la realidad de una nueva gobernanza, positiva o negativa, con dependencia de su comprensión y manejo. Nuestra evaluación de su aprovechamiento por la oposición con relación al tema económico es francamente negativa.
Quiéranlo o no los estrategas de la nueva mayoría parlamentaria venezolana, que le aconsejan “no quemarse las manos” con el peliagudo problema económico, esa mayoría está –mucho más de lo que esos estrategas saben- altísima y favorablemente involucrada en ese asunto. Es falso que lo económico es solo lío del Ejecutivo. Y más que eso: asumirlo así es un craso error. Perdemos oportunidades. Las pierde el país.
Para explicarme: en Douglas North (Nobel de Economía), Francis Fukuyama (afamado Politólogo) y Acemoglu & Robinson (“Why Nations Fail”), para no abundar más, es clara y terminante la relación entre instituciones y resultados económicos nacionales.
Es lo mismo en nuestras propuestas transitológicas. La piedra filosofal de las transiciones a la democracia y el mercado es la Reforma Política e Institucional: instituciones y más instituciones y una permanente disposición a su reforma son la vía al éxito político y económico. La plena realización nacional está en ellas. Y, precisamente, ellas son el “negocio” de la Asamblea Nacional.
Nuestro diagnóstico integral de la actual situación económica coloca en lugar importante 1) la calidad de los diversos niveles institucionales –invadidos, adulterados; e, incluso, entregados a foráneos- y 2) la capacidad de gestión estatal (el “Estado capaz”, de Fukuyama), modernamente manejada por la vía de las normas relativas a la función pública, claramente burladas en la situación actual.
Valen mucho unas instituciones societales, estatales, gubernamentales y ciudadanas que lleven a su máximo posible las fronteras de posibilidades de producción de democracia, república, competitividad económica y bienestar social.
Pero, también valen las prevenciones sobre los impactos negativos –costos, deseconomías, etc.- de la forzosa realidad de la necesidad de la acción del Estado –dinámica y cambiante, por lo demás-, el marco regulatorio, etc.
Al respecto insisto en algo que, a pesar de evidente, no dejo de recordar todos los días: las instituciones y su desarrollo y control –estado actual, correcciones, creaciones, evolución, etc.- son responsabilidad del ente legislativo. De la Asamblea Nacional, en nuestro caso nacional, que quede claro.
Y soy más incisivo: eso es lo principal de la tarea a cumplir, sea por el poder establecido, o por el poder legislativo emergente. Sí, hoy lo más importante para la recuperación de la economía y evitar sus impactos sociales, políticos e, incluso, externos, depende de la acción de la Asamblea Nacional y no del Poder Ejecutivo; los cuales, por cierto, no son los únicos ámbitos involucrados.
Sé que enfrento la opinión dominante en los asesores (quienquiera que ellos sean) de la dirección opositora; pero no solo no lo temo, sino que los reto a discutir, en ambiente abierto, las dos opciones estratégicas en liza: “no quemarse las manos” o asumir proactivamente la agenda económica. Estoy decididamente a favor de la segunda.
Desde años (van ya nueve trimestres de recesión) el tema económico es el más importante para los venezolanos. Por muchos años lo fue la inseguridad. Pero, hoy ya no es solo un tema de encuestas, sino un claro e indudable imperativo, cuya complejidad es solo visible a expertos.
Sin embargo, pasa que hay dos factores que influyen el “estado de opinión” actual: uno, profundo, la racionalidad de base de la mayoría de la dirigencia opositora; otro, nuevo, a partir del reposicionamiento de algunos líderes: el inmaduro y censurable conflicto de intereses en su interior.
La nomenklatura MUD (la alianza ganadora en las recientes elecciones parlamentarias) es corporativista y militante del rentismo prebendal arraigado, por décadas, en el sistema político venezolano. Su mejor opción es no cambiar las cosas. Por lo tanto, no conviene atenderlas.
Y, sin dudas, no atender las cosas es dejar, en lo esencial, manos libres a la “acción” económica del régimen, la cual es definida por nosotros, como el escenario “Más de lo mismo”; es decir, “si las cosas se siguen haciendo como hasta ahora, se profundizan los problemas -como hasta ahora- al costo del bienestar general y las libertades”.
Y de ello, el daño a resaltar, “el régimen juega a “correr la arruga” en lo económico, por temor al costo político de las decisiones necesarias y en el deseo de llegar a las elecciones parlamentarias del año” (ahora, régimen y sectores opositores interesados en correr la arruga hasta 2019).
Lo cierto es que la economía venezolana –en realidad, su sociedad- es víctima de un perverso “Efecto Tenaza”: un sistema político parasitario favorable a la inacción y la ignorancia (u ocultamiento) de los escenarios de decisión que pueden desplazarlo.
En lo anterior, hay que decirlo por la calle del medio, juegan la pobreza de la discusión de las opciones de gestión económica nacional, los intereses especiales de banca y asesores políticos y la distorsión “keynesiana” (en realidad no lo es) de sacralizar el rol del gasto público, expresada a veces como el “Efecto Trinquete” (el gasto sube, pero no puede bajar).
La nación espera por la discusión necesaria, el privilegio a los intereses de las mayorías, el decente manejo profesional de la situación y escenarios y la plena evaluación del valor, en efectividad situacional, de los diversos programas económicos en liza.
Asumamos el asunto. Está bajo nuestra gobernabilidad. Reconozcamos las nuevas condiciones de la gobernanza. La Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo y este servidor hemos fijado posición. Esperamos el necesario y deseable debate.
* Santiago José Guevara García
(Valencia, Venezuela)
sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1



