Gestionar el largo plazo (III)

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Las líneas estratégicas definidas por la visión de país. Lo más cercano a la definición de las vías precisas por las cuales garantizar el largo plazo. Las líneas estratégicas definidas por la visión de país. Lo más cercano a la definición de las vías precisas por las cuales garantizar el largo plazo; o sea, honrar la visión de país referida en el artículo anterior, lo tomamos de las definiciones en curso en el Proyecto Bicentenario, de la Asociación Venezolana de Rectores Universitarios, en el cual fungimos como redactor. Diez líneas o “factores-clave”, en curso de enunciación, pueden ser mencionados. En este artículo referiremos las cinco primeras.

Están formuladas con lógica top-down; o sea, derivadas, direccionalmente, de la visión. En términos de lo enunciado en el primer artículo de esta serie, hay también un trabajo bottom-up, que resta por realizar. Recuerdan que la estrategia finalmente adoptada es, en definitiva, una solución de compromiso entre las fuerzas inerciales del presente y las anticipaciones y opciones del futuro.

La primera línea es de la esfera de lo propiamente político: un conjunto básico de consensos sobre democracia, la libertad y la gobernabilidad. Son elementos tanto de liberalización, como de democratización propiamente tales, que asienten y permitan el propósito claro de la consolidación democrática, fin del ciclo largo de transición a la democracia. Interesa destacar la inclusión expresa del tema de la gobernabilidad democrática. El arte del buen gobierno y la exigencia de estabilidad del sistema deben ser preocupaciones permanentes.

Lo segundo es de la esfera de lo institucional. Tiene que ver con una condición clásica del pensamiento democrático: la importancia del sistema de justicia y la seguridad jurídica. El fiel de la balanza entre poderes y entre éstos y la sociedad debe ser apropiadamente definido y desarrollado desde el máximo nivel normativo: la Constitución, hasta los procesos y acciones del más bajo nivel de la pirámide normativa. Tal como decimos en un reciente texto inédito para el evento “Transición Democrática: metáfora política necesaria”, las instituciones, en sentido amplio, “deben estar basadas en el esmerado trabajo de desarrollo institucional “aguas abajo”.

Lo tercero consiste en propuestas para el gobierno y la hacienda en los niveles regional y municipal. Es también institucional, con importante implicación en lo económico. Aún más, responde a un tema históricamente conflictivo en la historia republicana nacional: la relación entre poder central y los poderes subnacionales. La vieja estructura colonial española estuvo montada sobre el privilegio a los

cabildos y regiones; pero, el criterio que se impuso en la época de la independencia cambió para siempre la valoración y no ha dejado de representar imprecisión y conflicto. Una arista promisoria del tema, en función del propósito económico de la visión, es la potenciación de los gobiernos estadales y municipales en el aprovechamiento de las ventajas comparativas para la exportación identificadas en los niveles estadal y local.

Lo cuarto tiene que ver con los medios de comunicación, la educación y la cultura para los valores ciudadanos. Es factor de incentivo en la esfera de lo cultural. Es esencial. Se dirige a los “bienes sociales básicos”, o valores que representan los ideales y las aspiraciones de los individuos expresados en preferencias. Apunta al empoderamiento de la base ciudadana, para representar un apoyo firme a los afanes republicanos y democráticos; maximizar la relación con el Estado y la economía, para mejorar el bienestar y ser un contrapoder institucionalizado frente a las licencias del sistema político.

Lo quinto se interesa por las reglas e instituciones para la fortaleza y el progreso económicos. Es una línea privilegiada de la transición democrática para la esfera económica, dirigida, como ya hemos expuesto, a la sostenibilidad y estabilidad del sistema económico. Es un tema privilegiado en nuestros escritos. El último artículo de la serie anterior le fue dedicado, en lo relativo a las reglas fiscales. En realidad, tiene que ver con todas las áreas de la acción económica, decididamente con mejor desempeño en la medida que se basan en definiciones institucionales claras y firmes.

Para finalizar, luego de expuestas las cinco primeras líneas definidas por la visión de país, interesa invocar, con base en el capítulo sobre un “Programa de acción a varios lapsos”, de nuestro libro del 2010, “la relevancia de ese período para la construcción definitiva de futuros. Involucra, sin importar la precisión, de tres a cinco gestiones de gobierno sucesivas, cuyo mayor error sería no mantener un rumbo sostenido de buen gobierno, cambio y adecuación. Por su carácter excepcional, ellas deberían estar montadas sobre el respeto al Programa que garantiza la honra de la visión y un vigilante manejo de la gobernabilidad democrática. Ese programa, validado ampliamente y divulgado a todos, es absolutamente necesario. O seguiremos corriendo el riesgo del retroceso a la pesadilla o a la pérdida de brújula anterior a ella”.

Definir la direccionalidad y enmarcar cada acción en función de direccionamiento son los complementos de la relación entre visión y diagnóstico. Sobre ello, continuaremos.

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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