En las antípodas

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Claramente, cada vez más , saltan a la superficie las diferencias, marcadas, de por sí, entre las banderas ideológicas que flamean en la región, los bloques comerciales, lamentablemente, no dejan de jugar la partida. Claramente, cada vez más , saltan a la superficie las diferencias, marcadas, de por sí, entre las banderas ideológicas que flamean en la región, los bloques comerciales, lamentablemente, no dejan de jugar la partida, es así que el Mercosur, se recuesta sobre la margen izquierda, mientras que la recientemente constituida Alianza del Pacífico se reposa sobre la derecha, situación que nos permite vislumbrar, debido a los diferentes pensamientos ideológicos, un probable choque de ideas tanto políticas como económicas.

Luego del cierre de la VII del bloque integrado por México, Perú, Chile y Colombia, ha quedado en claro que estamos hablando de dos ideologías económicas diametralmente opuestas, una de un mercado libre que busca la integración comercial por medio de tratados con varios países -Alianza Pacifico-, y por el otro lado, un modelo proteccionista que cree en la protección de su producción para así desarrollarse -Mercosur-.

Ante esta situación es inevitable analizar fortalezas y debilidades de las partes, las que sin duda alguna reflejarán consecuencias sobre la región.

En la última reunión de la Alianza Pacífico, como punto favorable esgrime un calificado precedente para las pláticas de este tipo, sabido es en Latinoamérica eran generalmente determinadas como una oportunidad, sólo para avanzar en una agenda política y en donde los resultados concretos, brillaban por su ausencia, vale recordar que gracias al interés mostrado por paises como Japón, Costa Rica y Canadá quienes jugaron como observadores, ya solo su presencia dio un fuerte valor agregado a la cumbre.

Hechos, no palabras, como recuerdan los que verdaderamente conocen los enigmas de los bloques, es así que la Alianza esgrime una ventaja comparativa sobre el Mercosur. Es el avance que ya se ha hecho para la integración regional incluso más allá del planeado comercio donde se removerán los aranceles en el 90% de los productos. En este caso, ya se han eliminado las visas para transitar entre los integrantes, además se está profundizando en la homologación de los títulos de estudios entre los cuatro participantes.

Esta conectividad es importante puesto que en Suramérica, a pesar de la existencia de varias asociaciones, el comercio intraregional es de tan sólo 27% del total del comercio de toda la región, en comparación con Europa donde este es del 63% y en Asia, de 52%.

Vale dejar en claro que, a pesar de que los países de la Alianza han adoptado un modelo de mercado libre, si el Mercosur decidiera firmemente en incrementar su comercio, la presencia de Brasil minimizaría la influencia de todo el bloque del pacífico, ya que sus cuatro integrantes consolidan un PIB de 2 billones de dólares, es decir, por debajo del PIB de Brasil que es de 2,40 billones de dólares.

Al momento, a pesar de los números, todas las miradas se dirigen hacia la Alianza, todo gracias a sus señales económicas, ya que el Mercosur con sus políticas estrictamente proteccionistas le ha cerrado las puertas y ha condicionado el interés de inversionistas por fuera de la región. Estas políticas erráticas, de hecho se presentan como oportunidades para los países de la Alianza ya que Argentina y en especial Venezuela se han convertido en grandes importadores. Brasil por su parte se ha beneficiado particularmente de esta situación puesto que tuvo un superávit comercial con Venezuela de 4.000 millones dólares el año pasado.

Situación, ésta, que sin embargo al momento no afecta en lo más mínimo el comercio de la región. Colombia por ejemplo tiene un acuerdo con Mercosur el que le provee buenos flujos de comercio y Brasil se ha vuelto un socio muy importante.

El éxito o el fracaso de los bloques regionales, depende no sólo del profesionalismo, cintura política o real conocimiento del ajedrez geopolítico que rige en nuestra región, sino de ese pequeño pero enorme factor de poder resolutivo- sentido común.

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