El observatorio

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Hace cosa de un mes escribí un artículo llamado “La Democracia como Proceso Sostenido”, en el cual está contenida la propuesta de una iniciativa institucional, llamada, provisionalmente, hasta mejor opinión, “Observatorio de la Sostenibilidad Democrática”. Hoy me toca comenzar a argumentar e instrumentar la idea. Hace cosa de un mes escribí un artículo llamado “La Democracia como Proceso Sostenido”, en el cual está contenida la propuesta de una iniciativa institucional, llamada, provisionalmente, hasta mejor opinión, “Observatorio de la Sostenibilidad Democrática”. Hoy me toca comenzar a argumentar e instrumentar la idea.

Tal como ya planteado, “la visión de la democracia como opción exitosa tiene que cambiar. Tiene que ser vista como proceso largo, con fases y exigencias específicas en cada una. Ella no garantiza su éxito si no es entendida y manejada como ciclo de largo plazo”. Se trata de saber qué factores –con cuáles remedios- se preservaría mejor, para decirlo en clave aristotélica.

La exigencia es de ser “conscientes de la naturaleza diferente de los retos en cada momento del ciclo”. El proceso exige, si no un cambio permanente, al menos una vocación de transformación, en la medida de lo necesario. Debe reconocer su fase inicial –transición u otra- y debe exigirse el paso apropiado a su consolidación. Parece, entonces, que transformación y consolidación son los atributos de éxito de la democracia y no su simple proclamación o presencia.

El momento actual del mundo está repleto de casos de exigencias de consolidación y de transiciones con procesos trabados. Atascos diversos son observables. Y la desorientación campea. Nuestro dictamen es que precisamente faltan agendas, con base en modelos, para el corto, pero, sobre todo, para el largo plazo. En casos, no hay respuestas. En otros, llegan con rezagos. O se suscita la reversión de las ganancias democráticas.

Nuestro país, Venezuela, es un laboratorio para estudiar el tema. Su última transición a la democracia, suscitada por vacío, frente a una fugaz intención inicial de cooptación del (pen)último régimen militar, a mediados del siglo pasado, tuvo características resaltantes, fue expresamente denominada como tal e incubaba elementos para una también interesante transición democrática,…que se dio, pero no condujo a la consolidación que mentes como la de Mariano Picón Salas o Rómulo Betancourt proclamaban como inevitable.

A finales de los sesenta y comienzos de los setenta ya era evidente la necesidad de asumir, con conocimiento de causa, la fase de progreso económico supranacional que se nos presentaba. Y no se asumió. A finales de los setenta, cesó el crecimiento y comenzó un largo descenso a la precariedad económica, de la cual aún no salimos. A comienzos de los ochenta, la mente preclara de Betancourt araba en el mar con su prédica de “concentración nacional”. Se había dejado erosionar las condiciones del Pacto Social. A mediados de la década, se creó la esperanzadora Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE). Finales de los ochenta y comienzos de los noventa fueron tiempos de cambios parciales, tardíos casi todos. El resto de la historia es de frustraciones o ilusiones. Como puede verse, lo que comenzó bien, terminó muy mal.

No hubo –no la hay hoy en muchos países- la comprensión del “ciclo de vida” de la democracia. No se confrontó el paso de la transición a la consolidación. Las transformaciones necesarias no llegaron. Pues bien, regresaron la incertidumbre, la ingobernabilidad y el conflicto. La recomposición posible ahora no puede ser a empujones o improvisando. No se puede ser irresponsable en ello. Hay que inventar, modelar, formular, periodizar y detallar el proceso virtuoso que permita un ciclo largo –permanente- de democracia y progreso.

Para eso, el “Observatorio”. En el caso venezolano, para infundir a la transición a la democracia, la posterior transición democrática y su consecuente consolidación, de una continuidad y una fluidez, que nos permitan recuperar el tiempo perdido y asumir, sin caídas y sobresaltos, el proceso de largo aliento que nos lleve a los estadios de realización deseados.

En su instrumentación y viabilización estamos. Diversos escenarios son considerados. Nos interesa la opinión de conocedores. Y, al respecto, propiciamos, por esta vía, el debate.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1, en Twitter

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