El boliburgués de Chávez…y el complot

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Un conflicto en puertas puede desencadenar una movida de alto riesgo para el Gobierno. Un conflicto en puertas puede desencadenar una movida de alto riesgo para el Gobierno.

En el entorno de Ricardo Fernández Barrueco lo reconocen: “somos víctimas de un complot”. Si la operación es cierta –tiene todos los elementos de serla- podemos estar en presencia de un conflicto de grandes proporciones que involucra todas las partes del poder.

1- Uno, la lucha de los boliburgueses que comienzan a competirse, y a envidiarse, y a aniquilarse visto que, señalan, los viejos capitales ya están derrotados.

2-La lucha intergrupal del poder político chavista: basta con leer la letra pequeña del Gabinete y de las vicepresidencias gubernamentales y de los conflictos regionales; no paran aquí las confrontaciones entre Diosdado, Ramírez, Alí, Carrizales, Adán, Argenis, Carreño, Maduro, y sus respectivos aliados.

3-La subida al complot de banqueros que se hicieron grandes en la crisis bancaria de los 90’ y que una vez más al ofrecer la cabeza de Ricardo Fernández –como en el pasado entregaron la de Gómez López- creen que con eso ya están a salvo.

4-La arremetida de Chávez que no termina de entender la dinámica del capital, o se hace. Queriendo sustituir a unos empresarios por otros ha propiciado a estos boliburgueses de gran tamaño. Defendió a Fernández en un Aló Presidente de marzo de 2006 y eso fue carta blanca para actuar. Y actuando, el grupo creció y salió de compras, y acumulando empresas y activos, despertó suspicacias, celos, y competencias.

¿Qué dijo el banquero europeo la semana pasada? Ser grande entraña muchos riesgos en la Venezuela de hoy. Eso pasa con Ricardo Fernández. Salió de compras y no se puso límites. Bancos, aseguradoras, telefónicas, barcos, contratos de petróleo, más ser el proveedor principal de Mercal y Pdval y líder en la producción de atún. Demasiado se dijeron los competidores.

Esto se transforma en un problema, apuntaron. ¿Qué viene después del poder económico? El poder político. Y ya la influencia de Fernández se hace sentir, sin necesidad de levantar el perfil ni dejarse ver. En consecuencia, desde el Gobierno y con varios empresarios de la vieja estirpe prestándose para la cirugía, parte el complot para echar por tierra la compra de Digitel. Los enemigos calentaron orejas. Alertaron: el hombre está creciendo mucho. Crecía y además se aliaba: a Pedro Torres que también compraba, a Omar Farías, que también crecía. Y junto a los aliados boliburgueses, también los aliados políticos.

Es así como en torno a Fernández hay una reacción de grupos. Como también hay otra en torno a Wilmer Ruperti, sólo que Ruperti se ha puesto a buen resguardo en el exterior, viviendo entre Nueva York, Madrid y Boston, haciéndose miembro del directorio de Rockefeller Center, vinculándose a la Escuela Naval de Massachusetts, y a la academia de Harvard, componiendo canciones, y pensando en su próximo paso: ser tiburón en Wall Street.

Lo difícil es terminar el complot. Lo complicado es ponerle punto final. ¿Qué van a hacer desde la Superintendencia de Bancos? ¿Obligarlo a vender todos los bancos? Ya él anda vendiendo el Bolívar. ¿Están midiendo en el Gobierno el impacto de la operación? ¿A quiénes favorecen tumbando a Fernández? Al capital tradicional, banqueros, Polar…

¿Qué pensarán los otros “empresarios amigos” de la revolución? Si hay complot contra Ricardo Fernández, ¿qué no puede haber contra los demás? ¿Vale la pena ser amigo del gobierno? ¿Vale la pena acercarse a factores del gobierno? ¿Vale la pena seguir arriesgando e invirtiendo?

De hecho, en medio de esta recesión, ahora es cuando el capital privado, cercano o lejano al gobierno, importa y es clave para salir de ella.

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