Economía XXXVIII

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Venezuela 6D: caso especial. Imposible soslayar la situación venezolana. La miraremos desde la perspectiva de esta serie, para no romper su continuidad. ¿Hay una transición en Venezuela? Venezuela 6D: caso especial. Imposible soslayar la situación venezolana. La miraremos desde la perspectiva de esta serie, para no romper su continuidad. ¿Hay una transición en Venezuela?

No, no la hay. Aunque muchos lo digan. Sí hay condiciones para una –un momento transicional-, pero su aprovechamiento –limitado por el esquema de cohabitación presente y las características retrógradas del gobierno- depende, en primer término, en las condiciones actuales, del programa político de la nueva mayoría.

Sin caer en la tentación de repetirme, diría que solo la habrá cuando esa mayoría se convierta en un bloque transformador que se proponga salir de los límites de su propia historia política y económica.

¿Qué hacer y cómo? Lo más fácil, por urgente, es apuntar a unos ciertos blancos de la realidad política y económica que permitan replantear las posibilidades de una sana vida nacional. Algunos convienen a todos, transicionalistas o no.

Ayer comentaba, con un muy importante actor de la actual vida política venezolana, que por el camino que vamos, pronto seremos lo que tanto pregona el Profesor Agustín Blanco Muñoz: un ex país. El profesor me dirá que ya lo somos y tiene mucho de razón.

Las instituciones económicas, la calidad de la burocracia estatal, la microeconomía y la atención de las responsabilidades con el mundo productivo, en petróleo y otros sectores, están en el foco de ese núcleo de problemas económicos. Muévansele en positivo en el plano legal y sub-legal y la macroeconomía, la competitividad y el bienestar nos darán nueva viabilidad.

Por el camino que vamos -ya no “La Nueva Cuba”, sino “Aún peor que Cuba”-, terminaremos borrados del mapamundi. Seremos, si acaso, una nueva Berlín post Segunda Guerra: una parcela para el reparto. Con Cuba en plan de pisatario.

Algo similar debería ocurrir en la esfera política. El Estado de Derecho; la organización del Estado; el sistema electoral y de representatividad; el financiamiento electoral; la responsabilidad política; de nuevo la capacidad de gestión; esta vez, para todas las esferas de la vida nacional, deberían ser enmarcadas en una nueva legalidad y otras formas –superiores- de organización, favorables al paso del esquema corporativo reinante -antes y ahora- a una creciente democratización. A la procura de una transición firme a la democracia que lleve a su consolidación.

¿Está presente esa agenda mínima? No, no lo está. Ni siquiera hay una agenda integral: lo que hemos llamado una “hoja de ruta”. El lamentable modo de declaraciones personales inconexas y contradictorias de líderes diversos de la agrupación unitaria ganadora en las elecciones legislativas del pasado domingo, no solo muestra la ausencia, sino, por el contrario, la presencia de un problema de cohesión, que debería resolverse por la vía de un manejo coordinado.

Lo anterior no significa que no haya una “Oferta Legislativa para el Cambio”. La veo como parte de un cometido mayor. Los días posteriores a la elección he insistido en una agenda política amplia, en la cual estén presentes, como manejo coordinado único, el análisis y manejo permanente de los escenarios nacionales, la procura de una “hoja de ruta” integral, una estrategia de manejo y una esmerada gestión política, que incluya el análisis y gestión de riesgos.

Todo, si no explícita e intencionalmente orientado, que no niegue la posibilidad de avances transicionales netos. En la Venezuela de hoy –léanme bien- no hay salida a lo positivo que no pase una buena dosis de reformas transicionales. Tantos años de rentismo y corporativismo no se superan sin unas cuantas cucharadas de reinstitucionalización.

Pero, estemos claros en dos cosas: primero, la transición a la democracia plena y un progresivo mercado no ha sido la metáfora orientadora de la actuación política de la oposición venezolana; segundo, en esa agrupación hay sectores que se le oponen. La realidad reclama una transición, pero no será posible sin una acción cultural y política fuerte de los transicionalistas, que ya hemos descrito en artículos anteriores.

Para nosotros, hay fortalezas y una gran oportunidad. Así como hay debilidades y amenazas. Hay sectores opositores abiertamente favorables a una transición a la democracia y el mercado, sectores que con cierto velo de desconocimiento también lo proclaman, un creciente liderazgo profesional y político que la asume, una incipiente literatura, etc.

Esos sectores opositores favorables debemos actuar. Un segmento inicial a conquistar es el segundo grupo. El liderazgo mencionado debe cumplir una tarea informativa y educativa. Un segundo paso debería ser organizativo, en diversos ámbitos, incluido el reforzamiento o inicio de tareas políticas. La ciudadanía merece un trabajo de aclaración, por ampliación, de sus opciones o escenarios. Venezuela debe cambiar y el camino es transicional. Pero, si no se hace el trabajo, no habrá cambios.

Por fortuna, recibo comentarios favorables y propuestas de muy diversas personas. Hay iniciativas concretas de variada índole. De mi alumno y colega Richard Ponce, de San Diego; Ramón Hernández, un líder de grupos de acción religiosa de Los Teques; Federico Boccanera, caraqueño crónico, adeco y editor de “La Cabilla”; el Decano Benito Hamidian, de FACES-UC; el también alumno y colega Luis Lozada, profesor de la Escuela de Economía de la UC; el Abogado José Efraín Valderrama, en varias líneas de interés; etc.

Hay más gente que transita los mismos o parecidos caminos. Disculpas por la exclusión. Acepto reclamos. No es una lista muy larga; pero, con posibilidades interesantes. Es tiempo de acción. No lo desaprovechemos.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com /@SJGuevaraG1

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