EL NUEVO MODO

Economía XX

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela

La dialéctica entre exigencias y decisiones gubernamentales en la Venezuela neocomunista es clara: los problemas o mandatos se resuelven con un anuncio. La dialéctica entre exigencias y decisiones gubernamentales en la Venezuela neocomunista es clara: los problemas o mandatos se resuelven con un anuncio.

Que lo anunciado se cumpla es otra cosa. Es mucho pedir. O no entender la lógica de un “gobierno” así.

La realidad no hay que afrontarla: es mejor evadirla, surfearla o encubrirla. Para eso, los viejos medios de la propaganda o la contrapropaganda. Ahí no hay nada de “neo”: es el rancio comunismo en acción.

Eso pasó con el tema del cual nos ocupamos en los seis artículos anteriores. Hicimos evidentes “la pérdida de los motores endógenos de crecimiento y la inexistencia de un recambio del modelo productivo” y el régimen lo resolvió con otro anuncio sobre lo mismo. Sin modelo ni medidas concretas; pero, seamos pacientes y no nos pongamos tan exigentes: “Dios proveerá”, nos dirá el Señor Maduro.

Frente a esa dura realidad, que queden nuestros seis artículos como propuesta sobre la problemática de la promoción de la producción nacional. Y pasemos a otra cosa: retomemos la corriente principal de nuestra serie. Nos interesa sumariar lo relativo a la “Transición del Comunismo al Mercado”, en su vertiente post Berlín ’89.

Ya hemos trabajado el tema fuera de esta serie. Haremos un resumen de las cuestiones principales. Con los consensos establecidos en la literatura y nuestros propios análisis. Esa línea transitológica es la fuente principal de aportes a nuestra búsqueda de una “Economía de la Transición a la Democracia y el Mercado”, en su línea económica.

Hemos señalado antes los procesos económicos que caracterizan las transiciones al mercado. Los tomamos de un artículo previo: “Se mencionan la estabilización, la privatización, la liberalización, reestructuraciones y la central reforma política e institucional-legal”. No es todo; pero, es lo dominante en la literatura reconocida en el campo.

Siendo, como es, un plan de acción complejo –diversos componentes de naturaleza y propósitos distintos, con múltiples relaciones entre ellos- hay importantes tramas técnicas y trade-offs involucrados. La pertinencia, la calidad, la oportunidad (timing), la profundidad, la suficiencia, la velocidad, la secuencia y la exigencia de integralidad lo hacen de muy difícil y controversial manejo.

Una tecnocracia estatal como la venezolana no sabe lidiar con esa complejidad. No lo supo en sus mejores tiempos. Los primeros gabinetes y ministerios del tempranamente fenecido ciclo de democracia burocrática –hablo con base en Weber- iniciado en 1959 enfrentaron situaciones relativamente sencillas, con soluciones ya trajinadas por otros y recursos técnicos convencionales. Fueron tiempos cepalianos.

El gabinete y los ministerios del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, citado con frecuencia por su calidad –que la tuvo-, mostraron fallas diversas. Pudimos constatarlas, trajinarlas directamente, advertirlas y conversarlas ex post con el propio ex Presidente, en tiempos de su arresto domiciliario.

El plan que procuramos deberá ser elaborado en lo conceptual, normativo, estratégico y operativo. Y debe pasar por el filtro de lo que llamamos las precondiciones, condiciones y procesos de la transición. Nuestro equipo está en su abordaje. En una etapa temprana, debo decir, pero con rigurosa exigencia técnica.

Pues, pasa que es ligero profesionalmente, para citar algunos ejemplos, decir que se debe liberalizar y privatizar rápida y tempranamente. Lo primero por los trade-off involucrados y, en casos, el desconocimiento de las importantísimas condiciones iniciales encontradas; lo segundo, por la salvaguarda ante el “political economy argument”, estudiado en varios casos nacionales. El ruso, por ejemplo.

Tampoco es verdad que en el caso venezolano haya una única calle, de shock, para la estabilización. Hemos sostenido desde meses que el sistema de control de cambios y la economía, en general, debe someterse a un cambio gradual, en contexto de manejo integral. Hace poco ponderábamos el aporte del colega Miguel Ángel Santos al respecto. Pero, la matriz de opinión dominante –por influencia ideológica y no profesional- es que el desmontaje debe ser de golpe y porrazo. La estabilización, con algunas precondiciones de por medio, sin embargo, puede admitir aumentar la velocidad.

La reforma política e institucional –ya todos saben que tenemos un concepto bastante completo al respecto- debe preceder la acción política, institucional y político económica medular. Deberá comenzar al inicio del proceso, debe ser permanente y debe preceder las acciones con implicaciones económicas de todo tipo: sobre la eficiencia, la distribución y la estabilidad. La solución que propugnamos es la preparación previa de una maqueta y textos precisos de la nueva institucionalidad.

Como visto en los anteriores ejemplos, objetos de inevitable polémica profesional y general, el asunto no es de cómodo manejo. Menos, en el ambiente nacional, repleto de improvisados y un medio profesional, el de la Economía, con intereses especiales atravesados (la banca de inversión, el gran “negocio electoral” en neocomunismo, simpatías partidistas o candidaturales, etc.), vedettes de opinión y “(cárteles de panas amigos)”.

A pesar de lo anterior, asumimos la discusión. Como dicho tantas veces, Venezuela no admite más improvisaciones, ni arbitrariedades, en las decisiones sobre intereses generales. Nada mejor que una gran discusión nacional sobre esos temas.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

Más información

Scroll al inicio