Economía transicional (I)

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Los venezolanos –no sabría extrapolar la afirmación a otros- sufrimos de desencuentro con la Economía. No sé si por déficit de racionalismo o exceso de pensamiento mágico; o por uno y otro. Podría también ser el efecto de la amplia burbuja rentista que nos distorsiona y corrompe en muchos sentidos. Venezuela vive de espalda a sus retos económicos. Planteamiento inicial

Los venezolanos –no sabría extrapolar la afirmación a otros- sufrimos de desencuentro con la Economía. No sé si por déficit de racionalismo o exceso de pensamiento mágico; o por uno y otro. Podría también ser el efecto de la amplia burbuja rentista que nos distorsiona y corrompe en muchos sentidos. Venezuela vive de espalda a sus retos económicos.

El asunto llega a lo político y a la comprensión de lo público; ambos, en el mundo de la disfuncionalidad. Las relaciones en economía y política son más en términos de “cuánto me toca” que de “qué me toca hacer”; o sea, que la riqueza no se crea, sino que se reparte. Así no se sobrevive en la jungla económica global, a menos que nos resignemos a ser una veta mineral, que todos explotan, nadie aprecia y cuyo futuro no importa.

El drama es mayor cuando se evalúa la dirigencia política. Caudillistas y fieles al modelo carismático; reos de “caletres” mohosos, con desinterés por el largo plazo y el comportamiento dinámico de los procesos sociales, sin conocimiento y reconocimiento de las ineludibles restricciones presupuestarias, confundidos para discernir entre intereses generales y especiales, negados al apoyo en una burocracia profesional, ‘chauvinistas’, carentes de la intuición sobre los procesos más dinámicos e innovadores de la economía real y un largo etcétera, son un problema mayor para la necesaria infusión de espíritu económico a la vida nacional. Que conste que en lo dicho no acaban los problemas.

Discernir acerca de Economía en Venezuela no es fácil. Algo ha cambiado a favor, en especialistas y directamente involucrados; pero, sigue siendo necesario un trabajo de “abrebrechas” o una exigencia de “términos de referencia” económicos en cada ocasión de discusión o elaboración. Decir que la estabilidad precede a la asignación y ésta a la distribución, puede no ser comprendido, o llevado a una discusión banal o de profanos. Postular que en la economía ‘chavista’ la política económica fue desplazada por la Economía Política, no se entiende. Hablar de supranacionalidad, redes productivas regionales o globales, economía global, etc., hace surgir el tribalismo que aún arrastramos. Aún somos reos de la peor “trampa de los recursos naturales” y damos la espalda a la discusión sobre las diferencias de potencial factorial y sectorial en la generación de valor agregado. En lo que nos interesa, para la serie que hoy comenzamos, a duras penas se reconoce el concepto de transición a la democracia; pero no existe, para nada, a pesar de la ilusión de muchos de un cambio de régimen, el tema que vamos a desarrollar: el de la Economía Transicional.

Difícil contexto

En el lado castro-chavista, se suscita desde hace once años ya un proceso que parece sacado más de catálogos de técnicas de demolición que de manuales económicos marxistas. Nada que ver con Maurice Dobb. Ni siquiera en razón de la alta renta y la fácil posibilidad de acumulación. En vez de desarrollo de las fuerzas productivas, se asiste a su destrucción indiscriminada. De nuevo, la influencia cultural de la renta petrolera ayuda a comprender. Los propios ejecutores del proceso económico castro-chavista ni siquiera saben lo que hacen. En un artículo de esta serie los retrataremos en su camino a la nada.

Del lado opositor, al no existir una plataforma conceptual debatida entre todos los sectores –puedo decirlo con propiedad-, hay un espectro amplio de posiciones. No necesariamente se expresan, pero existen. El discurso en la corriente principal de la política es poco elaborado. El foco se ancla en el petróleo, como lo expresa el texto que recoge las postulaciones más generales de la Unidad Venezuela, en su “Compromiso e Invitación por un Gobierno de Unidad Nacional”, al afirmar, sobre “la activación de la economía nacional”, que “nos comprometemos a hacer del petróleo una palanca para el bienestar y el progreso”. Todo lo demás se deriva de ahí. Nada sobre el modelo preciso para ello, ni su secuencia temporal. En lo que interesa a esta serie, ninguna referencia a una reinstitucionalización, los fundamentos del sistema económico o una fase transicional. En fin, la renta venezolana es un buen ropaje para el extravío de unos y otros.

Esta serie comenzará con un repaso del modelo económico chavista y un recordatorio del proceso de largo alcance de los setenta años previos, seguirá con el establecimiento ordenado de las bases de una Economía Transicional en Venezuela y culminará con el enlace hacia una formulación de largo plazo del devenir económico deseado. Nos interesará no sólo el modelo, sino sobre todo su modo de gestión. Gestión integral. Interesa el “qué”, pero mucho más el “cómo”. El reto económico venezolano es mucho más que un juego de tecnócratas.

*Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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