¡Dale con la complejidad!

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Preocupa y angustia tanta banalidad en la clase política “democrática” venezolana. Preocupa y angustia tanta banalidad en la clase política “democrática” venezolana. Mientras el régimen, apoyado en los Castro, avanza un plan integral, altamente estructurado, tanto sectorial como temporalmente (Aura Palermo dixit), la propuesta política “opositora” no pasa de un evento electoral de la floripondia institucional del adversario: el llamado Referendo Revocatorio (RR), sin más nada sólido que mostrar. Después del RR, ya se verá. Como se creyó el 6D y, como decimos los venezolanos, aún no se le ha visto el queso a la tostada.

No hay ideas-fuerza concretas asociadas, ni para el estado final procurado (quiero decir, el largo plazo. Tema ausente), ni para los diversos medios y procesos de toda naturaleza necesarios. Reto a mencionármelos. El texto de la MUD (Mesa de Unidad Democrática, agrupación unitaria partidista de la oposición) del 26 de septiembre de 2.011, única referencia a un “Proyecto de País” (Pedro Benítez dixit), es de una pobreza y obsolescencia alarmantes.

Para muestra, un botón: en el largo plazo, la base de la economía sigue siendo el petróleo. Mientras los gobiernos tribales del Medio Oriente ya proclaman y pujan por su ingreso a la era pospetrolera, la MUD a lo que se compromete es a “hacer del petróleo una palanca para el bienestar y el progreso”, sin más referencias a la inmensa constelación de recursos nacionales y a retos más avanzados.

Qué de la historia, de la geografía, de la cultura y de la vida social venezolana no se dice nada. Cuáles exigencias específicas de modelos -político, económico e institucional- no se establecen. Por ejemplo, si el país seguirá viéndose el ombligo, o está dispuesto a carearse con el mundo, no es importante para la MUD en estos tiempos, cada día más globales y con economías basadas en cadenas interconectadas de suministros.

Y lo que más nos interesa: si la vida social estará montada sobre el ancestral caudillismo rentista y prebendario, o con apoyo en un andamiaje social complejo, diversificado y pujante. Como tantas veces dicho por nosotros -solo por reconocimiento y aceptación de voces, desde los clásicos hasta ahora- asignamos la principal importancia, en las tareas por venir, al establecimiento de un sistema institucional en permanente complejización, por la vía de las reformas.

Porque es que Venezuela no necesita Mesías salvadores. ¡No! Necesita una sociedad empoderada, con un fuerte liderazgo transicional, que asuma las múltiples tareas que la complejidad y el dinamismo (quiero decir, cambio temporal) demandan. O sea, que no es igual con lo social que con lo económico, o cualquier otra de las cinco esferas adicionales. Y que las tareas no son las mismas hoy que mañana. Un “tirabesitos” o un “muelero” no son, entonces, las opciones.

Pues bien, la complejidad la retratamos en el artículo anterior. Requiere cualidades casi que inexistentes en este atribulado país. Y la secuencia temporal necesaria la hemos vislumbrado en otros artículos (tampoco es predeterminarla al detalle desde ahora. Eso no ha funcionado. Está estudiado y demostrado en otros procesos transicionales).

Complejidad del sistema de gestión necesario y plan dinámico de acción no son cualquier exigencia. El futuro de Venezuela depende de una asertiva gestión de la complejidad. No existe ni en el concepto, ni en la práctica política actual. Nos toca procurarla y ponerla en acción. Bastante hemos avanzado al respecto. Un ejemplo es nuestra propuesta de una Transición a la Democracia y el Mercado.

* Santiago José Guevara García

Valencia, Venezuela

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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