Brasil bendita clase media

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Jugar en las Grandes Ligas, sueño de muchos, privilegio para pocos, Brasil que supo ‘aggionarse’ con un Fernando Enrique Cardozo, para muchos el gran hacedor, a Ignacio Lula Da Silva, prominente figura de la izquierda más devota, del siempre ponderado Foro de San Pablo y ahora, Dilma, fueron y son partícipes necesarios de este galardón que acaricia al gigante regional. Jugar en las Grandes Ligas, sueño de muchos, privilegio para pocos, Brasil que supo ‘aggionarse’ con un Fernando Enrique Cardozo, para muchos el gran hacedor, a Ignacio Lula Da Silva, prominente figura de la izquierda más devota, del siempre ponderado Foro de San Pablo y ahora, Dilma, fueron y son partícipes necesarios de este galardón que acaricia al gigante regional.

Recordemos que casi 11 millones de brasileños han dejado atrás la pobreza extrema en la última década, gracias a mejora en sus salarios y acceso al crédito, situación que muestra por primera vez en su historia a la clase social más baja -calificada por la letra E- representa menos del 1% de los 49 millones de hogares, hecho por demás inimaginado, la profunda reducción, cual cirugía mayor, de los sectores marginados del consumo, ponderan al Brasil como una nación con predominio de la clase media. Hasta el momento uno de cada seis brasileños pertenecen a esa franja.

Vale destacar que el logro de Brasil se agiganta aún más, por contraponerse con varios países de la región que juegan a la inversa, durante los últimos tiempo han abonado políticas que conllevan a un desgarramiento de la clase media llevada indisimuladamente a la pobreza.

Por supuesto que hay cuentas pendientes, que brasileños pasen a la categoría de ciudadano consumidor, documentado y con domicilio fijo, no amortigua que todavía sea el segundo país más desigual dentro del heterogéneo mosaico que integra el G-20 sólo hay uno que muestra peores estadísticas sociales: Sudáfrica.

La realidad incontrastable de los números muestran que 404.900 hogares permanecen en la clase E, apenas 0,8% del total de los hogares, si nos retrotraemos a 1998 un 13% de las familias se situaban en la absoluta pobreza. Por supuesto que no se puede afirmar que la pobreza es pasado, sin embargo categóricamente podemos atribuir su disminución a partir del acceso a los diversos bienes de consumo -como electrónicos, computadoras y celulares, que anteriormente solo eran un sueño inalcanzable-.

A modo de ejemplo y a los efectos de clarificar la situación: las clases D y E disminuyeron dramáticamente: pasaron de 96 millones en 2003 a 63 millones en 2011, las clases A y B, que están en el tope de la pirámide, se duplicaron: hoy incluyen un conglomerado de 22,5 millones de personas, sin embargo el dato estrella es el que ostenta la clase C que pasó de 66 a 100 millones de personas, clase que en 1998 representaba el 31% de la población, mientras que ahora cobija al 49,3% de los habitantes, por lo que seis de cada 10 ciudadanos brasileños mayores de 16 años pertenecen hoy día a la clase media, la que todavía dista de ser homogénea, diferenciada por ir el nivel de ingreso, educación y bienes propios.

Contra lo que hay que luchar y sin duda se va por buen camino, son los 15 millones de pobres y nueve millones en pobreza extrema.

Las transformaciones sociales de Brasil, con aumentos en los niveles de ingreso vía políticas sociales, se tradujo en un mayor acceso al crédito, en alrededor de siete años casi se cuadruplicó la bancarización de los ciudadanos, en el 2005 el 16% de los ciudadanos estaban bancarizados primariamente, hoy la bancarización llega al 59%.

Al cumplir su primer año de gobierno Dilma Rousseff alcanza un récord de popularidad, ya que con un 59% de aprobación supera por amplio margen a sus predecesores, incluso a su mentor hacedor, el presidente Lula Da Silva quien obtenía en su primer año un 42% de aprobación.

Otras cifras indiscutidas que dan amplio crédito a la gestión Dilma el 80% ve a la jefa de Estado brasileña como “muy inteligente”; 70% la considera “sincera” y 72% destaca su temperamento “decidido”.

El 2011 fue además un año de duras pruebas políticas ya que a pesar de la caída de siete ministros en medio de denuncias de escándalos, Dilma jugó fuerte, y salió casi indemne, además, y como logro sustancial, y, a diferencia de Lula, atrajo una gran parte de la clase media brasileña tradicional que le fue esquiva al ex presidente. Otro dato a destacar es que dentro de un contexto de honda crisis internacional; y a pesar de esas circunstancias externas desfavorables, el 46% de los brasileños confía en que en 2012 la economía del país va a mejorar, y como frutilla del postre el 59% considera que su situación financiera personal será más sólida que el año pasado.

Para muestras vale un botón nadie podrá dejar de reconocer el optimismo y el nacionalismo del pueblo brasileño, esa mentalidad y predisposición, sin duda alguna contribuyen en buena parte a lograr objetivos en común.

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