Barajar y dar de nuevo

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“Tristeza não tem fim”. La inmaculada frase del gran Vinicius está hoy más vigente que nunca. “Tristeza não tem fim”. La inmaculada frase del gran Vinicius está hoy más vigente que nunca. El pueblo brasileño está inmerso en la humillación y el desencanto después del resultado del tan esperado Mundial de fútbol, que les llevó a la inimaginable realidad. Pero la incógnita por desvelar va más allá de conocer quién conducirá las riendas de la diezmada selección verde amarilla. El futuro político del país está en juego. A la vuelta de la esquina. Octubre espera.

Antes del evento deportivo surgieron innumerables focos de disturbios que motivaron profundos análisis sociológicos y políticos para encontrar una explicación a esas masivas protestas. Una clase media más exigente, el descontento con la gestión gubernamental, los impuestos y el elevado gasto se proyectaron geométricamente cuando se instaló en la sociedad la certeza de que la corrupción sobrevolaba el cielo carioca. El torneo del Mundial ha sido el más caro de todos los tiempos y, según los analistas, uno de los más corruptos que se hayan organizado dado los altos costos que se han pagado. Incluso existen sospechas de enormes sobornos y sobreprecios.

Brasil ha invertido más de 11.000 millones de dólares para construir y remodelar la infraestructura necesaria para la organización de la Copa del Mundo: construcción y rehabilitación de calles y avenidas, reubicación de asentamientos urbanos enteros (un considerable número de favelas), construcción de hospitales, hoteles, parques y lugares públicos y, por supuesto, estadios de futbol. Erogaciones polémicas, ese fue el destino del dinero, en contrapartida de lo que manifestaron en las calles cientos de miles de brasileños, gastar esos millones para brindar más educación, salud y seguridad.

Una de las críticas más fuertes se las llevaron los estadios, el costo de los 12 que se utilizarán, se ha disparado a 6.700 millones de dólares en términos nominales, casi cuatro veces el estimado en un documento de la FIFA de 2007.

En consecuencia, más allá de las kilométricas tiras destinadas al ámbito futbolístico, al momento otro espacio se ha abierto, el que gira alrededor de Dilma Rousseff, quien aspira a su reelección en los comicios del 5 de octubre. Nadie puede negar que el futbol es pasión y se lleva en la piel de cada torcedor, y que aquí más que en otros países marca la temperatura del clima ciudadano. Aunque no se trate de una ciencia exacta, estimamos que cualquier presidente cuenta en su haber las mieles del triunfo. Lamentablemente para Dilma, este no es el caso. Evidentemente juega en contra. Tanto es así que desde el entorno presidencial inmediatamente surgieron voces, como la del Presidente del Partido de los Trabajadores (PT) Rui Falcao, tratando de desligar al Ejecutivo de lo ocurrido.

La euforia por la Copa del Mundo ha terminado y la desaceleración económica de Brasil comienza a reinventarse. La expectativa de crecimiento para el gigante sudamericano es del 1,8%, muy por debajo, por cierto, de la media de la región que se aproxima al 2,5%.

Por si fuera poco, los brasileños desayunan con un nuevo escándalo. En 2006 Petrobras pagó a la empresa belga Astra Oil 360 millones de dólares por una participación de 50% en Pasadena Refining System. Un año después, Astra Oil ejerció una llamada «opción de venta a precio fijado» para que Petrobras comprara el 50% restante. La compañía brasileña se negó pero en 2012 perdió un caso de arbitraje en EEUU. Los pagos por concepto de intereses y honorarios de representación elevaron el precio por ese 50% restante de la refinería a 820,5 millones.

Al final, Petrobras pagó 1.180 millones de dólares por una refinería que había costado a Astra 42,5 millones en 2005.

En Pasadena juegan en favor del arco opositor comandado por el PDB, principal rival político de Rousseff, quien en el Congreso aspira rápidamente en crear una comisión que investigue los movimientos de Petrobras en relación a la compra de la refinería, acción que cuenta con un aval de peso, el ex presidente Henrique Cardozo.

Pasado el encanto del Mundial de Fútbol, el Congreso retoma las investigaciones por estos días. Mientras la oposición calienta motores , el gobierno intenta congelar la situación en un debate que apunta directo a las presidenciales de octubre.

Un ingrediente más que se suma a la incertidumbre que hasta el momento sobrevuela el cielo brasileño. El tiempo apremia. Los jugadores deberán dar pasos concretos, sin margen al error, el que se equivoca, paga.

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