Asignatura pendiente

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Gran parte de las administraciones de América Latina y El Caribe se llenan la boca y gritan a los cuatro vientos sus maravillosas y contundentes políticas económicas de la última década. Gran parte de las administraciones de América Latina y El Caribe se llenan la boca y gritan a los cuatro vientos sus maravillosas y contundentes políticas económicas de la última década que dan crédito al inimaginable crecimiento que ponderan, sobran motivos, viento de cola, furor por los ‘commodities’, las aspiradora China, India, Rusia.

Sin embargo la desigualdad y la pobreza corroen sus cimientos, detenidos en un informe presentado por la FAO, la OIT y la CEPAL, que afirman que las pobreza entre la población rural bajó sólo del 60% al 53% entre 1980 y 2010, indudablemente no es el fiel reflejo de lo acontecido ya que a pesar del fuerte incremento de las exportaciones agrarias, y el boom agrícola, los números fríos demuestran el contrasentido. Menos de la mitad del nomeclador pobreza de las áreas rurales, tiene acceso al mercado formal de trabajo -trabajo en blanco-, en casos extremos la cifra desciende estrepitosamente al 2%, según el país.

En pocas palabras el crecimiento se ve distribuido, los beneficios no derraman en las clases sociales más necesitadas.

Varias administraciones burocratizan el goteo, ya que amplían mecanismos de intermediación laboral y terciarización lo que irremediablemente juegan a favor de la precarización del empleo, y por consiguiente el aumento geométrico de la pobreza, es conveniente recordar que, lamentablemente, algunos gobiernos, utilizan herramientas non santas, el clientelismo político, tan de moda por estos tiempos.

Así, la brecha entre pobres y ricas, aunque el discurso pour le galerie, sea otro, avanza considerablemente en la región, considerada la más desigual y urbanizada del globo no solo en la distribución de la renta sino que es notorio, las enormes dificultades al acceso a bienes y servicios—educación y salud– los más considerados, comandan la grilla de países más desiguales según la distribución de la renta, por orden Guatemala, Honduras, Colombia, Brasil, Republica Dominicana y Bolivia, mientras que los menos desiguales son Uruguay, Perú y El Salvador, en América Latina el 20% de la población más rica muestra, en promedio un ingreso per capita de 20 veces superior al ingreso del 20% más pobre. Conclusión, hoy, más de 180 millones de habitantes, más de un tercio de la población total de la región vive en la pobreza, residiendo la mayoría en asentamientos ò villas de emergencia.

Cuadro tan heterogéneo presente la región en cuanto a su desarrollo económico, por ejemplo Brasil, emergente, estrella fulgurante del BRIC, quien aumentó su participación en el PBI latinoamericano en 8%, ahí asoman. México y Centroamérica que registraron un crecimiento menos explosivo, gracias a la fuerte contracción experimentada por los países caribeños.

Como contrapartida el Cono Sur muestra el mayor registro negativo, disminuyendo su peso productivo, causado por la menor participación de la Argentina (en la generación de riquezas). En cuanto a los países que encabezan la grilla del PBI per capita sobresalen Antigua y Barbado y Trinidad y Tobago en primer y segundo lugar.

A modo estadístico recordemos que cercano al 80% de la población vive en ciudades, convirtiendo a la región en el área más urbanizada del planeta consecuentemente. Las dos terceras partes de las riquezas de la región provienen de las áreas urbanas: las 40 ciudades más grandes del continente totalizan 842.000 millones de dólares de PBI.

El ranking de países con mayor cantidad de población en las ciudades, los cuatro primeros son sudamericanos. El primero es Paraguay con 93,2% de su población en las urbes. Le sigue Argentina (92,39%), Chile (89%) y Brasil (86,53%). Pero en materia de pobreza urbana, la escala es bien diferente: el “liderazgo” de naciones con más pobres en sus ciudades lo encabeza Paraguay (48%). México mantiene 29,2% de sus ciudadanos en situaciones de exclusión y continúa Brasil con 22,1 por ciento.

Es de esperar que los datos incontrastables sean considerados por la mayoría de las administraciones de la región, que dejen a un lado las palabras y a los hechos, recuerden alguna vez esa palabra tan olvidada. Gestionen, señores, de una buena vez.

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