Apreciación amplia de la política democrática

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La fortuna me ha permitido la participación en al menos dos reuniones de muy alto nivel, en las cuales el tema de la actual política democrática nacional ha estado en primer lugar, sin que haya sido la razón primaria, aunque sí “in pectore”, de los encuentros. La crítica al diseño y actuación de la Mesa de la Unidad Democrática se ha expresado con contundencia. Opino que la Mesa debería abrir sus oídos y espíritu a gente de gran calificación y mejor intención, interesada en el triunfo electoral de la opción democrática, sin que la vía a él se entienda como una acción electoralista, la cual, por su modo y las condiciones imperantes, termina siendo colaboracionista. La fortuna me ha permitido la participación en al menos dos reuniones de muy alto nivel, en las cuales el tema de la actual política democrática nacional ha estado en primer lugar, sin que haya sido la razón primaria, aunque sí “in pectore”, de los encuentros. La crítica al diseño y actuación de la Mesa de la Unidad Democrática se ha expresado con contundencia. Opino que la Mesa debería abrir sus oídos y espíritu a gente de gran calificación y mejor intención, interesada en el triunfo electoral de la opción democrática, sin que la vía a él se entienda como una acción electoralista, la cual, por su modo y las condiciones imperantes, termina siendo colaboracionista.

La Mesa –lo he dicho hasta la saciedad- parte de un diagnóstico errado de las condiciones institucionales y políticas del país y de su prospectiva. Ese diagnóstico estuvo en el centro de la primera conversación. El derrape de Venezuela hasta el actual estado ‘prehobbesiano’ o ‘prerousseauniano’, -en el cual, sin duda de mi parte, se encuentra- impone una esmerada elaboración conceptual, pero también práctica, de la recomposición del pacto o contrato social básico del país. Ni la asunción del diagnóstico, ni la elaboración, figuran en la agenda actual de la Mesa. Eso fue patente en la segunda reunión, con presencia de distinguidos y apreciados miembros de ella.

Hay iniciativas “outside the mainstream” que apuntan a la solución de la carencia, pero chocan contra otro elemento del diagnóstico, en este caso netamente político, cual es el carácter de grupos de presión de vocación redistributiva rentista –me inspiro en Mancur Olson, pero lo preciso para nuestro caso- de los partidos democráticos venezolanos, todavía anclados en el ‘postpuntofijismo’, que dominó y marcó el declive de lo que debió ser la consolidación democrática posterior a la plena o parcial vigencia del Pacto de Puntofijo.

Este último hito –ignorado por casi todos- debe ser emulado precisamente ahora, en un país desvencijado, con entropía creciente, en manos de unos autócratas bárbaros, inmerso en una geopolítica forajida y con una prospectiva tétrica, en caso de prolongarse “legítimamente” el mandato del régimen en las próximas elecciones del 2012. Y claro que hay maneras y agentes políticos interesados en la incorporación de ese afán en la corriente principal de la política. De hecho, es lo que explica nuestra presencia en ambas reuniones. Nos anima un relanzamiento del país y de su política democrática, no para sustituir unos por otros, sino para insuflarle los propósitos, contenidos y prácticas necesarios en el nuevo ciclo de democracia y progreso – de cara al nuevo orden mundial- que el país reclama.

Cuando la política se encara desde el punto de vista de su reelaboración principista, conceptual, teórica, estratégica, organizativa y práctica, el diagnóstico y las vías y maneras de solución y actuación cambian. Tal como se reclamaba en la segunda reunión, el medular asunto de la unidad electoral se redimensiona. No es lo mismo una alianza electoral que una coalición política. La remisión de cada una de esas figuras a modelos analíticos que los describa, nos puede permitir conocer, en términos muy prácticos, lo que los diferencia.

En nuestro “Análisis Político Sistemático”, ese remisión lleva al análisis de los ejes estratégicos necesarios a una política de acuerdos unitarios de largo plazo, dotada de: 1) propósitos y procesos explícitos, también en el largo plazo; 2) un pacto social y de gobernabilidad formal (el émulo de Puntofijo), que dé lugar a un nuevo “bloque histórico” y no sólo a una confluencia transitoria y 3) la exigencia de asumir los retos tanto de la transición como de la consolidación democrática. Ello permite la apreciación amplia de la política democrática, que comienza a cuestionar el modo de tránsito de la Mesa hacia el 2012.

Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1, en Twitter

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