Latinoamérica se enfrenta a una nueva amenaza de guerra después de 14 años

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

La tensión entre Venezuela y Colombia se hace cada vez más insostenible. Por primera vez en los últimos 14 años, un Estado latinoamericano amenaza a otro con un conflicto armado, después de la Guerra de Cenepa que en 1995 protagonizaron Ecuador y Perú por problemas fronterizos. El tránsito de un conflicto meramente territorial hacia el de tipo ideológico, como podría ser el desencadenado con la instalación de bases estadounidenses en Colombia, coincide en el tiempo con el aumento imparable de las inversiones armamentísticas en Latinoamérica, que se han duplicado en los últimos cuatro años hasta rozar los 40.000 millones de dólares. La tensión entre Venezuela y Colombia se hace cada vez más insostenible. Por primera vez en los últimos 14 años, un Estado latinoamericano amenaza a otro con un conflicto armado, después de la Guerra de Cenepa que en 1995 protagonizaron Ecuador y Perú por problemas fronterizos. El tránsito de un conflicto meramente territorial hacia el de tipo ideológico, como podría ser el desencadenado con la instalación de bases estadounidenses en Colombia, coincide en el tiempo con el aumento imparable de las inversiones armamentísticas en Latinoamérica, que se han duplicado en los últimos cuatro años hasta rozar los 40.000 millones de dólares.

La Guerra de Cenepa es sólo el último ejemplo de la gravedad a la que pueden llegar las amenazas entre países de la región, que siempre han sufrido numerosos problemas marcados sobre todo por temas territoriales, y que casi siempre han logrado solucionarse por la vía del diálogo. En concreto, este conflicto duró cinco semanas, cuando Fujimori y Sixto Durán ocupaban la presidencia de Perú y Ecuador respectivamente.

En aquella ocasión, Argentina aprovechó para vender armas a Ecuador. Una oscuro asunto por el que en varias ocasiones se ha procesado a Carlos Menem, entonces presidente argentino.

Durante el s.XX, la mayor parte de los conflictos entre países de la región han sido sobre disputas fronterizas o bien sobre asuntos energéticos, como las exportaciones de gas de Bolivia a Brasil y Argentina o la imposibilidad de Chile de conseguir energía de sus países vecinos. Problemas que nunca han acabado más allá de las reuniones presidenciales pertinentes para intentar ponerlos fin. Sin embargo, estos desencuentros aún continúan y amenazan cada día al llamado proceso de integración que desde hace años se pretende alcanzar en Latinoamérica.

Para observar otros conflictos armados hay que remontarse a la Guerra que entre 1879 y 1983 enfrentó a Bolivia y Perú y, más recientemente, la Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia que terminó en 1935.

La amenaza de Hugo Chávez hacia Bogotá reaviva la polémica sobre el aumento del gasto militar de estos países. El pasado año 2004 el continente se gastó 21.800 millones de dólares en reforzar sus fuerzas armadas, una inversión que en los últimos años se ha incrementado hasta los 39.600 millones de dólares del 2008. Venezuela y Brasil han sido los países que más han invertido en este sector.

Según los expertos, y sin amenaza de guerra a la vista durante este periodo, resulta incongruente la fiebre de inversiones en armas en la región. La causa para que la corriente armamentista no cese en América Latina la encuentran algunos analistas en los serios problemas de gobernabilidad y la inestabilidad política que vive la región.

Hoy no existe una carrera armamentista como tal y tampoco se ve un incremento sostenido año por año. Sin embargo hay países que invierten en armas pues están en la frenética búsqueda del tan mentado liderazgo y eso genera, evidentemente, una competencia que se traduce en demostraciones de poder bélico entre países que tienen asuntos fronterizos pendientes (Chile-Perú y Bolivia), mantienen una relación política tirante (Colombia y Venezuela) o los que en su momento disputaban el liderazgo regional, como ocurrió en algún momento con Brasil y Argentina, que hoy ha cedido ese lugar a Chile.

Precisamente, el país presidido por Michelle Bachelet ha sido duramente criticado en los últimos años por las autoridades del vecino Perú por la adquisición de nuevas armas. Un conflicto que se agravó el pasado 2006 cuando Chile compró 118 carros de combate Leopard 2 y una decena de caza bombarderos F-16 a la empresa estadounidese Lockheed Martin, valorados en 536 millones de euros.

Según un reciente estudio del Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI), Colombia ostenta actualmente el título de ser el segundo país de la región en gasto militar con un 4% de su PIB dedicado a sostener su aparato militar. Sin embargo, el esfuerzo presupuestal de Bogotá esta orientado a construir una fuerza volcada hacia la seguridad interna y con escasa capacidad para desarrollar operaciones convencionales contra los ejércitos vecinos.

La situación es la opuesta en el caso de Venezuela. Dada la caótica contabilidad de las finanzas públicas de Caracas, resulta imposible saber cual es la cifra real que dedica a su defensa. En cualquier caso, y a pesar de que el Ejército colombiano cuenta a su favor con la experiencia por la lucha contra las FARC, lo preocupante es que estos recursos bolivarianos se invierten en la adquisición de una costosa tecnología bélica, que podría proporcionar al país presidido por Chávez una ventaja abrumadora sobre sus vecinos. De este modo, incluso si Venezuela gasta menos en defensa, el impacto de sus compras militares tiene un carácter desestabilizador para el escenario de seguridad latinoamericano.

Todavía hay que esperar a la reacción del resto de países latinoamericanos, especialmente de Brasil. Lula da Silva logró el pasado año conseguir el apoyo suficiente para la creación del Consejo Sudamericano de Defensa con el objetivo de fortalecer la cooperación entre todas las regiones latinoamericanas en el área militar. Venezuela y, más recientemente Colombia, apoyan este organismo, que, hoy por hoy, parece más una ficción que una realidad.

TE PODRÍA INTERESAR

DEJA UNA RESPUESTA