Las grandes mineras latinoamericanas sacan partido de la competencia global

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Para los grandes nombres del sector minero, la competencia globalizada ha sido siempre el terreno de juego natural. Las empresas han tenido que instalarse en los territorios bendecidos por los recursos naturales y utilizar su capacidad inversora y sus conocimientos para producir los minerales allí donde se encontrasen. La nueva situación, marcada por el creciente nacionalismo mundial hacia los recursos naturales ha desencadenado una suerte de competencia entre países productores que puede beneficiar a Latinoamérica. Para los grandes nombres del sector minero, la competencia globalizada ha sido siempre el terreno de juego natural. Las empresas han tenido que instalarse en los territorios bendecidos por los recursos naturales y utilizar su capacidad inversora y sus conocimientos para producir los minerales allí donde se encontrasen. La nueva situación, marcada por el creciente nacionalismo mundial hacia los recursos naturales ha desencadenado una suerte de competencia entre países productores que puede beneficiar a Latinoamérica.

Por lo menos, ese es el plan del nuevo Gobierno chileno: aprovechar las posibilidades de su territorio, en el que se encuentran las mayores minas de cobre del mundo, y jugar con la fiscalidad para propiciar que algunas de las grandes empresas globales ya presentes en el país, como Rio Tinto o BHP, se planteen aumentar su apuesta por este territorio, ahora que se les complican las cosas en otros enclaves mineros tradicionales.

En Australia, por ejemplo, el Gobierno actual acaba de decidir imponer una nueva tasa sobre los beneficios a las nuevas exploraciones que se ‘comería’ el 40% de las ganancias, cuando la rentabilidad obtenida de la inversión superase un 6%. La norma podría paralizar algunos de los proyectos que iban a realizarse en este continente, de amplia tradición minera, y beneficiar a otros territorios que casi acaban de incorporarse a la competencia globalizada, pero que, quizá como consecuencia de su disposición a competir pueden sacar mucho partido de esta nueva configuración del negocio en el mundo.

Uno de ellos, podría ser Perú, cuya importancia en las cuentas del sector minero mundial es creciente y continúa aumentando en los últimos años. Según los últimos datos, hechos públicos por las instancias oficiales del país presidido por Alan García, el pasado año, la inversión en este sector aumentó un 62%. Desde los 1.700 millones de dólares de 2008 a los 2.800 millones de dólares del pasado año.

Perú, además, sirve también como ejemplo, de una nueva situación en la que son mineras con capital mayoritariamente latinoamericano las que más han entrado en juego. Por ejemplo, en este país, el mayor impulso inversor ha llegado desde Southern Cooper, con 292 millones de euros. Esta compañía, tradicionalmente en manos de empresarios estadounidenses, forma parte ahora del conglomerado de filiales que posee el Grupo México, empresa que, además, tras un largo conflicto político y sindical, en el país, parece en condiciones de resolver la mayor parte de sus problemas y de volver a abrir el centro de producción de Cananea en un plazo máximo de seis meses.

Las grandes mineras latinoamericanas, además, también apuestan por salir fuera del subcontinente e, incluso, en algunos casos, por ceder territorios tradicionales de explotación, y hasta nichos de negocio, a nuevos asociados con los que se pueden plantear retos en el exterior.

La última información que ilustra esta tendencia, más que incipiente, se ha generado en una reciente decisión estratégica de la brasileña Vale do Rio, la mayor empresa productora de hierro del mundo, y quizá, junto con la chilena Codelco, el espejo en el que se miran, las competidoras de nuevo cuño y creciente importancia, como la peruana Minas Buenventura.

Vale ha decidido salir de su negocio de producción de aluminio en el amazonas que explota en asociación con Nippon Amazon desde 1970. Los dos enclaves en los que se desarrolla producen unas 450.000 toneladas al año, la mitad de las cuales se exportan a Japón y suponen el 10% del aluminio que el país nipón importa cada año.

Un negocio seguro, valorado en 4.900 millones de dólares, que la empresa brasileña, va a ceder a los noruegos de Norsk Hydro, a cambio de una participación del 22% en Norwegian Alluminium, la mayor productora noruega de este metal.

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