Enemistados…

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EEUU ha roto relaciones con el país gobernado por Rafael Correa. EEUU y Ecuador no terminan de entenderse. El gigante norteamericano, en respuesta por la expulsión de su embajadora en Quito, a causa de unos cables de Wikileaks, ha roto relaciones con el Gobierno de Rafael Correa. El afecto entre ambos gobiernos venía, sin embargo, marcado de antemano. Ya hace seis semanas que expiró el Tratado de Preferencias Arancelarias Andinas (ATPDEA), y el Departamento de Estado de EEUU no parece tener intención de renovarlo. ¿Los principales perjudicados? Los empresarios ecuatorianos.

Los cables que viene publicando Wikileak en los medios ecuatorianos, en algunos de los cuales se asegura que, entre otras cosas, Correa habría recibido financiación del presidente venezolano, Hugo Chávez, en la campaña electoral que lo llevó al poder, no ha sido más que la gota que ha terminado por colmar el vaso. La expulsión de la embajadora estadounidense Heather Hudges, supuesta autora de los cables, tiene en el ATPDEA su precuela.

El ex canciller ecuatoriano, Fander Falconí, declaró este miércoles que la expulsión de la Hudges, quien había ofendido a autoridades de Ecuador, fue en defensa de la soberanía y la dignidad del país suramericano; por lo que, a su juicio, Estados Unidos debería entender la acción y no alterar las relaciones bilaterales. Sus ruegos no han sido escuchados. El viernes, el embajador ecuatoriano salía de EEUU de regreso a su país y la primera economía del mundo congelaba las relaciones entre ambos gobiernos.

De la misma manera, queda en suspenso la aprobación de los beneficios arancelarios que EEUU había concedido a aquellos países, entre ellos Ecuador, que colaboraran con la DEA en la lucha contra el narcotráfico en su territorio. Como resultado, los empresarios ecuatorianos dedicados a la exportación de productos hacia el gigante norteamericano se han visto obligados a tomar medidas urgentes, como mantener los precios para compensar los costes arancelarios que ahora deben afrontar.

El perjuicio para los exportadores es muy acusado, puesto que, por el momento y con la esperanza de que el acuerdo sea renovado con efecto retroactivo en un futuro no muy lejano, decidieron asumir el coste del arancel, que oscila entre el 3% y el 30%, según el tipo de producto, para poder así mantener sus ventas. Hace ya seis meses de esto y, con los nuevos acontecimientos, pueden verse obligados a subir los precios.

Los sectores más afectados son los del brócoli, la alcachofa y el textil, puesto que su carga impositiva arancelaria va del 15% al 30%. “En el caso del brócoli tenemos reportes de cancelación de algunos pedidos”, afirma Felipe Rivadeneira, presidente de la Federación Ecuatoriana de Exportaciones (Fedexpor). De hecho, clientes norteamericanos han preferido en las últimas semanas comprar en otros países, como Guatemala, por las dudas que generan los precios ecuatorianos.

La preocupación también cunde el mercado de las flores, un sector del que Ecuador ingresa 600 millones de dólares cada año, de los cuales el 45% nace de los intercambios comerciales con EEUU. Sin embargo, la situación aún no es grave, debido a que Colombia, el mayor competidor de Ecuador en estos sectores, atraviesa por la misma situación.

La ministra coordinadora de la Producción, Nathalie Cely, ha prometido buscar medidas que puedan compensar a los exportadores si se cumplen sesenta días sin que el ATPDEA sea renovado. Por su parte Katiuska King, ministra de Economía ecuatoriana, aseguró martes que el impacto de la no renovación de las preferencias arancelarias con EEUU no debe preocupar. Ha estimado que el beneficio de dichas ventajas apenas es de 21,6 millones de dólares y ha asegurado que tanto su país como los Estados vecinos deben mirarse entre sí y dejar de hacerlo hacia el norte. Tal vez sea esa la respuesta que Ecuador de al problema.

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