Financiación del clima
El impacto directo se concentra en Oriente Medio, pero la sacudida alcanza también a América Latina y el Caribe, una región que parte con ventaja en electricidad limpia, aunque todavía necesita multiplicar la inversión para completar su descarbonización. La IEA sitúa la inversión en energía limpia de la región en 70.000 millones de dólares en 2025, pero eleva la necesidad a cerca de 150.000 millones de dólares anuales hacia 2030 para encarrilar la transición.
La escalada militar ha elevado el riesgo energético global y ha colocado a América Latina ante una doble presión: acelerar las renovables y protegerse del shock de costes
La crisis ha recrudecido la volatilidad del crudo y del gas. Bloomberg informó el 28 de febrero de que los buques petroleros empezaban a evitar Ormuz tras los bombardeos de EEUU sobre Irán, mientras que en la última semana AP, The Guardian y otros medios han confirmado restricciones iraníes al tráfico marítimo, ataques y negociaciones puntuales para permitir el paso de determinados buques.
Ese cuello de botella es determinante porque en 2024 movió unos 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos, según la EIA. La propia agencia añade que en la primera mitad de 2025 también pasó por Ormuz más del 20% del comercio mundial de GNL, sobre todo desde Catar.
Además, la tensión ya ha afectado a instalaciones críticas. Reuters, a través de una información distribuida por Al Jazeera el 2 de marzo, informó de la suspensión de producción de QatarEnergy tras un ataque con drones en Ras Laffan. A esto se han sumado daños y amenazas sobre infraestructuras regionales que han reforzado el nerviosismo de los mercados.
| Indicador energético clave | Magnitud |
|---|---|
| Petróleo que transita por Ormuz | 20 millones de barriles diarios |
| Peso sobre el consumo mundial de líquidos petrolíferos | 20% |
| Cuota del comercio mundial de GNL que pasa por Ormuz | Más del 20% |
La consecuencia inmediata ha sido el repunte del crudo. Este 27 de marzo de 2026, medios financieros situaban el Brent por encima de los 110 dólares por barril, reflejo de un mercado que sigue descontando cortes de suministro y problemas de navegación.
El cierre parcial de rutas, el encarecimiento de seguros y el miedo a nuevas interrupciones han devuelto al petróleo y al GNL al centro del riesgo macroeconómico mundial
La región llega a este episodio con una base relativamente sólida en electricidad limpia. Distintos informes recientes sitúan a América Latina y el Caribe cerca del 70% de generación eléctrica renovable, una cuota muy superior a la media mundial y apoyada en la hidráulica, la solar, la eólica y la bioenergía.
Esa ventaja, sin embargo, no elimina la vulnerabilidad financiera e industrial. La IEA calcula que la inversión en energía limpia en la región alcanzó los 70.000 millones de dólares en 2025, pero la senda de descarbonización exige aproximadamente 150.000 millones anuales hacia 2030, más del doble del nivel actual.
El potencial inversor sigue siendo enorme. Dialogue Earth, citando datos de BNamericas, cifra en unos 1.094 proyectos renovables a gran escala en fase inicial de desarrollo, excluyendo hidroeléctricas, con una inversión prevista de más de 500.000 millones de dólares. De ese total, 176 proyectos ya se encuentran en construcción o en fases tempranas de obra.
| Variable de transición en América Latina y el Caribe | Dato |
|---|---|
| Generación eléctrica renovable en la región | ~70% |
| Inversión en energía limpia en 2025 | 70.000 millones de dólares |
| Necesidad anual estimada hacia 2030 | 150.000 millones de dólares |
| Proyectos renovables a gran escala en fase inicial | 1.094 |
| Inversión prevista en esos proyectos | Más de 500.000 millones de dólares |
| Proyectos ya en construcción o fase inicial de obra | 176 |
Persisten, aun así, fuertes inercias fósiles. El portal latinoamericano de Global Energy Monitor mantiene trazabilidad sobre activos de extracción, oleoductos, gasoductos, terminales de GNL y otras infraestructuras, lo que confirma que la región continúa desarrollando proyectos de petróleo y gas al mismo tiempo que expande su cartera renovable.
La región cuenta con una base eléctrica más limpia que otras economías, pero todavía arrastra un gran déficit de inversión y una convivencia prolongada con el petróleo y el gas
El efecto más inmediato sobre las renovables no llega tanto por el cierre físico de Ormuz para sus componentes como por el contagio logístico global. Cuando suben las primas de seguro marítimo, se encarecen los fletes y se congestionan rutas alternativas, también aumentan los costes de importar paneles, inversores, baterías o turbinas. Esa presión puede ralentizar calendarios de obra y encarecer la financiación de proyectos en América Latina. La propia lectura sectorial publicada por Dialogue Earth subraya ese riesgo indirecto para la región.
Pero la misma crisis mejora la ecuación económica de la electricidad limpia. Con el petróleo y el gas más caros, los proyectos solar, eólico y de almacenamiento ganan atractivo relativo, sobre todo en territorios dependientes de combustibles importados. Esa lógica resulta especialmente visible en sistemas insulares del Caribe o en grandes mercados como Chile, donde la seguridad energética pesa cada vez más en las decisiones de inversión.
La ventaja estructural de las renovables es que se apoyan en recursos locales y reducen la exposición a rutas comerciales vulnerables. Esa característica gana valor en un entorno en el que el suministro fósil depende de pasos estratégicos como Ormuz y de una geopolítica cada vez más inestable.
La guerra castiga las cadenas de suministro, pero también refuerza el argumento económico y estratégico de producir energía limpia dentro del propio territorio
La lectura que deja la crisis de marzo de 2026 es que la transición energética ya no puede abordarse solo como una política climática. La guerra entre EEUU, Israel e Irán ha demostrado que las redes, el almacenamiento, la electrificación y la generación renovable son también herramientas de seguridad económica y resiliencia geopolítica.
Para América Latina y el Caribe, el margen de oportunidad sigue abierto. La región dispone de recursos solares, eólicos, hídricos y minerales críticos, además de una matriz eléctrica ya relativamente limpia. El reto pasa por convertir esa ventaja natural en una ventaja industrial y financiera antes de que los nuevos shocks globales vuelvan a encarecer la transición.
El dato final es contundente: mientras el conflicto revaloriza la autonomía energética y empuja al alza los combustibles fósiles, la región necesita más del doble de la inversión limpia actual para llegar preparada a 2030. Ahí se jugará si América Latina consolida su papel como polo de sostenibilidad energética o si vuelve a quedar atrapada entre la volatilidad del petróleo y las carencias de infraestructura.
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