La interrupción del suministro energético en el estrecho de Ormuz y el repunte de los precios del petróleo y el gas han vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de las economías dependientes de los combustibles fósiles. En este contexto, las energías renovables aparecen como una alternativa estratégica para garantizar estabilidad y autonomía energética.
La crisis energética global expone la dependencia de los hidrocarburos y acelera el interés por las renovables en América Latina
Las tensiones geopolíticas recientes, al igual que ocurrió con la pandemia o la guerra en Ucrania, han devuelto la energía al centro de la agenda económica. América Latina, pese a su potencial, sigue expuesta a decisiones externas que afectan directamente a sus costes energéticos y a su estabilidad económica.
América Latina cuenta con abundantes recursos de sol, viento y agua, lo que la posiciona como una de las regiones con mayor potencial para el desarrollo de energías limpias. Sin embargo, este potencial no se traduce en liderazgo inversor ni en despliegue acelerado.
La región dispone de recursos renovables abundantes, pero enfrenta problemas de financiación e infraestructuras
Las limitaciones en las redes de transmisión eléctrica y las dificultades de acceso a financiación han frenado el crecimiento del sector. A esto se suma que algunos países siguen apostando por expandir su producción de petróleo y gas aprovechando los altos precios internacionales.
La región presenta una de las matrices eléctricas más limpias del mundo, con entre un 65% y un 70% de generación renovable. No obstante, esta cifra está fuertemente condicionada por el peso de la hidroelectricidad.
| Fuente de energía en América Latina | Participación |
|---|---|
| Hidroelectricidad | 51% |
| Gas natural | 20,4% |
| Eólica y solar | 15% |
| Petróleo y derivados | 4,5% |
| Bioenergía | 4,3% |
Esta estructura refleja una dependencia todavía relevante de los combustibles fósiles en el conjunto de la energía consumida, especialmente fuera del sistema eléctrico.
Aunque la electricidad es mayoritariamente renovable, el consumo energético total sigue dominado por los combustibles fósiles
Algunos países han logrado avances significativos. Brasil cubre cerca del 45% de su demanda energética con fuentes renovables, mientras que Chile ha impulsado con fuerza la energía solar, que ya representa un 22% de su matriz.
En Uruguay, prácticamente el 100% de la electricidad proviene de fuentes renovables, con una combinación de hidráulica, eólica, biomasa y solar. Costa Rica también alcanza niveles cercanos a la totalidad de generación limpia.
Estos ejemplos demuestran que el desarrollo de renovables depende tanto de políticas públicas como de inversión y planificación.
El principal obstáculo para acelerar la transición energética es la falta de inversión. En 2025, la región destinó unos 70.000 millones de dólares (64.400 millones de euros) a energías limpias, muy por debajo de los 150.000 millones de dólares anuales (138.000 millones de euros) necesarios hasta 2030.
Además, la expansión de redes eléctricas requiere alrededor de 30.000 millones de dólares anuales (27.600 millones de euros), lo que evidencia un importante cuello de botella estructural.
| Indicador clave | Valor |
|---|---|
| Inversión en renovables 2025 | 64.400 millones de euros |
| Inversión necesaria anual | 138.000 millones de euros |
| Inversión en redes eléctricas anual | 27.600 millones de euros |
| Cuota mundial de inversión en renovables | 5% |
La brecha inversora y la falta de redes limitan el desarrollo de energías limpias en la región
A pesar del avance de las renovables, los combustibles fósiles continúan teniendo un peso dominante en la oferta energética. Países como Brasil, Argentina o Guyana están aumentando su producción de petróleo y gas, incentivados por los altos precios.
Este contexto genera un doble efecto: mayores ingresos por exportaciones, pero también un impacto inflacionario derivado del encarecimiento del transporte, los alimentos y la energía.
El desarrollo de energías renovables también plantea un desafío industrial. América Latina es rica en minerales estratégicos, pero depende en gran medida de la importación de tecnología, especialmente de China.
Esto abre el debate sobre si la transición energética permitirá ganar autonomía o reproducirá un modelo basado en la exportación de materias primas sin desarrollo industrial.
La crisis energética global vuelve a evidenciar que América Latina dispone de una oportunidad estratégica única: convertir su potencial renovable en independencia energética. Sin embargo, lograrlo dependerá de acelerar la inversión, mejorar las infraestructuras y desarrollar una industria propia capaz de sostener la transición.
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