El Gobierno de Chile arma un «plan b» por si falla el proceso constituyente

Gabriel Boric

Gabriel Boric

La apabullante victoria del «Apruebo» en el plebiscito de 2020 que dio inicio al proceso constituyente en Chile (78 por ciento versus 21 por ciento del «Rechazo») dejó claro que los chilenos querían dejar atrás la antigua Constitución.

Y en toda esa efervescencia de un proceso nuevo y transversal, pocos se preguntaron: ¿y qué pasa si en el plebiscito de salida de septiembre de 2022 la gente decide no ratificar el nuevo texto de carta magna?

El acuerdo político de 2019 que dio inicio al proceso explicitó muchas cosas, pero no detalló lo que debía suceder en el país si los ciudadanos deciden no adoptar el nuevo texto que redactó la Convención Constitucional. De hecho, los chilenos recién comenzaron a preguntarse aquello de manera masiva en estos últimos meses, cuando las encuestas mostraron que existe una gran posibilidad de que se imponga el Rechazo en el plebiscito constitucional de ratificación del 4 de septiembre.

«De eso se hablará más adelante», «No hay que adelantarse a los hechos», «Veamos el resultado del plebiscito»… Estas eran algunas de las respuestas que hasta hace poco entregaba el sector oficialista y la izquierda chilena cuando se mencionaba la eventualidad de un triunfo del Rechazo. «El 5 de septiembre será el día en que el Gobierno manifestará la ruta a seguir», dijo en junio en una entrevista a canal Chilevisión el ministro secretario general de la Presidencia, Giorgio Jackson, con el ánimo de zanjar el tema.

El progresismo nacional, a favor de una nueva Constitución, repitió por mucho tiempo que no debía existir ningún «plan b», que plantear la opción de una tercera carta magna, que no fuera ni la antigua ni la escrita por la Convención, significaría quitarle votos al Apruebo. Sería empujar a aquellos indecisos, a quienes la nueva Constitución no los convence, a desechar el texto con la esperanza de que nazca un nuevo proceso, dando aún más cabida al Rechazo.

Pero la ventana la abrió de la manera más inesperada posible el mismo presidente Gabriel Boric, el 15 de julio en una entrevista al mismo canal Chilevisión. «De ganar la alternativa Rechazo, lo que va a pasar es que vamos a tener que prolongar este proceso constitucional por un año y medio más, en donde va a tener que discutirse todo de nuevo a partir de cero», señaló el mandatario, sin dar previo aviso a sus compañeros de partido ni a los líderes de la coalición política gobernante.

Y en la izquierda todo fue correr en círculos.

TEMPESTAD Y CALMA

Por primera vez, el presidente explicó que si se rechaza la propuesta constitucional, el Ejecutivo enviaría un proyecto al Congreso para convocar elecciones y garantizar que el proceso constituyente siga bajo las mismas condiciones que el actual: la creación de un nuevo texto redactado por un órgano constituyente, cuyos miembros sean electos por votación popular.

«No estoy de acuerdo con el presidente Boric sobre que debemos tener un nuevo proceso constituyente en caso de que gane el Rechazo, con nuevos convencionales. Este proceso que culminó recién significó una millonada de recursos de todos los chilenos, no estamos para farrearnos (desperdiciar) el dinero en momentos difíciles que está viviendo el país», dijo al diario La Tercera el senador del Partido Socialista (centroizquierda), Fidel Espinoza.

«Debemos transmitir seguridad y esperanza de que el Apruebo ganará el 4 de septiembre. Un equipo que quiere ganar se concentra en poner toda su estrategia y sus mejores jugadores en meter todos los goles posibles», afirmó al mismo medio el presidente del partido Comunes (izquierda) Marco Velarde. El fuego amigo pegó fuerte, acusando falta de coordinación en el aviso, criticando que el timming no fue el deseado y que aquello le daba una mano al Rechazo.

Para muchos, dar a entender que el proceso continúa después del 4 de septiembre es lo mismo que dar la batalla constitucional por perdida.

Pero todo eso sucedió en un par de días. Durante el fin de semana, rápidamente, el oficialismo logró cuadrarse y todos los líderes de los sectores progresistas salieron a aclarar que, en realidad, lo mejor es ponerse en todas las situaciones y que existe una real posibilidad de que el Rechazo se imponga en la votación.

Y esta semana, surgió una segunda lectura del anuncio de Boric. Una más positiva. Con su mensaje, el presidente acotó las alternativas de los sectores más duros de la derecha que no quieren continuar con el proceso constituyente. «No sentí quejas, sino más bien respaldo y ánimo de avanzar en conjunto. Hay harta (mucha) unidad, es importante conversar con los partidos, hubo una importante coordinación, épica y mística», dijo Boric este lunes.

De hecho, el mandatario confesó que haber transparentado su postura fue un alivio. «Estábamos perdiendo mucho tiempo en responder preguntas sobre el post plebiscito, estábamos siendo presionados por eso», señaló en conferencia de prensa.

PLAN C

En paralelo al anuncio de «plan b» de Boric surgió otra alternativa, desde el sector conservador de la política. Un grupo de líderes del Partido Demócrata Cristiano (centroizquierda), apoyados por autoridades y parlamentarios de derecha, quienes están por el Rechazo, presentaron al Congreso un proyecto que busca reducir de 2/3 a 4/7 el quorum necesario para aprobar reformas constitucionales.

Esta opción abre varias posibilidades, como por ejemplo, la opción de mantener la actual Constitución y hacerle reformas puntuales, o incluso, generar un nuevo acuerdo político transversal como el que se creó el 15 de noviembre de 2019, y empezar otro proceso constitucional distinto al actual.

Para Yarela Gómez (izquierda), una de las 154 convencionales constituyentes encargadas de escribir el texto de nueva Constitución, la propuesta de la Democracia Cristiana y la izquierda es solo un intento de «posicionar un proyecto político que la ciudadanía no escogió». «Ese sector no logró tener los representantes necesarios en la Convención Constituyente y hoy están tratando de meterse en el poder como sea, para seguir trabajando y visibilizándose desde el Congreso».

Gómez aseguró que la postura que planteó el presidente Boric es la acertada, ya que «seguir con un proceso constituyente a través de un órgano electo democráticamente es lo que quiere Chile. Es lo que votó en 2020», añadió. La exconvencional señaló que si bien, el presidente tiene orden de permanecer neutral debido a un mandato de Contraloría, la izquierda y del progresismo tienen la obligación de manifestar las bondades del Apruebo y las consecuencias de un triunfo del Rechazo.

«Si gana el Rechazo, se generará inestabilidad e incertidumbre en el país. Entraremos a un terreno desconocido», afirmó. Consultada si es que las palabras del presidente le hacen «el juego» a la derecha y al Rechazo, como han dicho algunos de su sector, Gómez dijo que no. «Efectivamente, se han dado distintas declaraciones sobre la lectura a las palabras del presidente, pero lo que él hizo es evidenciar algo que es totalmente cierto. Su anuncio fue claro, acertado y responsable. Y con esto dicho, reafirmo que lo mejor para el país sigue siendo aprobar», cerró.

El 4 de julio de este año la Convención Constitucional terminó de redactar su propuesta, en un texto que cuenta con 388 artículos. El 4 de septiembre se realizará el plebiscito nacional con voto obligatorio con dos opciones: Apruebo o Rechazo. Hay 15 millones ciudadanos habilitados para sufragar, de los cuales 97 mil residen en el extranjero.

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