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EL NUEVO MODO

Unidad nacional (III)

Coalición política versus alianza partidista. Recuerdo con afecto las varias reuniones, en el 2004, con el fallecido amigo Orlando González, ex congresista masista y adeco para la época. Coalición política versus alianza partidista. Recuerdo con afecto las varias reuniones, en el 2004, con el fallecido amigo Orlando González, ex congresista masista y adeco para la época. De una de ellas surgió la idea de un gran evento político, apoyado por su partido y por el Capítulo Carabobo de la Coordinadora Democrática de Venezuela, cuya dirección compartíamos, que hacía énfasis en la diferencia entre una alianza electoral y una coalición política y apuntaba a desarrollar la idea de los varios “pisos” en el camino a la unidad nacional.

El evento nunca se dio. Varios escritos de trabajo quedaron de su planeación. Algunos trascendieron a “Papeles para el Relanzamiento Nacional”, nuestra serie de la época. El planteamiento sobre una plataforma política era integral: “una plataforma única, una candidatura única, un frente unido, planchas únicas, gobierno de unidad e integración nacional, un acuerdo parlamentario, un programa legislativo, candidaturas regionales y municipales unitarias, etc., etc.”.

Aquello, planteado en Carabobo, enfrentaba la terrible amenaza de la política estadal dominante y sus prácticas. Tradicional, dinástica, patológicamente hegemónica y poseedora de un concepto de “unidad” sobre personalismos y no con base en organizaciones, y lo peor para el evento, poco amiga de lo que no controlaba. La iniciativa no pasó de las siempre interesantes conversaciones con Orlando y otros interesados y un “Papeles” muy bien comentado.

Lo mejor del cuento es que, a pesar de los avances nacionales hasta ahora, los temas siguen pendientes. Y a ellos, otro campo minado, nos dirigimos en este artículo. Nadie sensato podría decir que no se ha avanzado en la ruta a la Unidad Nacional, pero no es posible negar que se necesita avanzar mucho, mucho más. La sociedad no es sólo partidos; no es posible, entonces, que la dirección que la exprese y represente sea sólo partidista.

Sé que es un tema polémico, pero no es verdad que la política es asunto solo de los políticos agrupados en partidos. Es más, como ya hemos referido en varias ocasiones, es posible disponer de formas organizativas que, no solo incorporen representaciones legítimas de sectores de la llamada sociedad civil, sino también que le asignen la función de garantes del control social sobre el desempeño político.

La Unidad Nacional está requerida de: 1°) una ampliación sectorial y 2°) una puesta al día de su desempeño. Su organización, normativa y funcionamiento actual están montados sobre esquemas caducos. No hay amplitud, apertura, ni siquiera modales, en lo medular de la relación política con el amplio espectro nacional. Si no potenciaran la polémica, mostraría evidencias de lo anterior. Hay feudos, permitidos y legitimados por la dirección política: Carabobo, por ejemplo. Las circunstancias electorales del pasado y no el análisis y la consulta del presente y el futuro pesan mucho en las decisiones electorales, que terminan afectando la política. Hay temas sensibles: lo electoral y el programa económico, por ejemplo, que requieren profesionalizar su manejo, con criterios de amplitud democrática. No es permisible que vuelva a ocurrir que los candidatos aparten el promisorio piso de la amplitud de la Unidad, a la hora de armar sus comandos, que terminan siendo estrechos y sectarios. Los equipos tienen que ser más visibles y transparentes y bajo normas claras. En ellos hay mucho juego de apetencias e intereses. Y hay más.

Veo posible resolver el primer requerimiento del párrafo anterior. Ya hay opiniones favorables al respecto en respetables voceros del ideal democrático. La Mesa de la Unidad Democrática debe ampliarse sectorialmente y adaptar su dirección política, organización, normativa y funcionamiento a esa apertura. Esto último, lo segundo señalado, debe apoyarse en lo primero, para cumplir la tarea completa. Reitero un principio insoslayable sobre el requerimiento: la complejidad de la vida y la política nacional debe ser recogida y aprovechada por la Mesa para definir su organización y funcionamiento. Solo la complejidad abarca la complejidad.

Hay más de una manera y ritmo. O identificando sectores o priorizando temas. Estableciendo un programa de ampliación o asumiendo el reto de una buena vez. Universitarios, académicos, trabajadores, estudiantes, empresarios, periodistas, mujeres, etc. Lo electoral, los derechos democráticos básicos, el largo plazo, el programa económico, la movilización, las dinámicas subnacionales para el enfrentamiento del proyecto totalitario, etc.

Hay que habituar a la gente a un nuevo discurso y a una nueva forma de hacer política, de modo firmemente democrático y diferenciador. Una corta y focal rueda de prensa los lunes en la mañana es una forma de dar la cara, mostrar agenda, posiciones, disposición a acciones, respuestas a los problemas reales de la gente. Me refiero al uso de la difusión como medio movilizador.

La acción de la dirección política nacional tiene que ser eso: nacional. La política de cara al país no debe confinarse entre Tazón, el Ávila y el Terminal de Oriente. Las fulanas mesas estadales y locales deben emular la amplitud y maneras democráticas que hemos invocado arriba, deben beneficiarse de un permanente e intenso intercambio con la dirección nacional y posiblemente funcionar bajo el amparo de una coordinación propia en Caracas, plenamente legítima y no designada a dedo.

Ideas sobran. Sin embargo, se nota la resistencia al cambio. Hay mucha inmovilidad e inmovilismo. Falta convencerse de la necesidad de un nuevo aliento y nuevas actuaciones. Toca superar las conductas cupulares. Hay que entender que no hay mejor demostración de democracia que su ejercicio pleno. El reto es inmenso. Los riesgos, cada día mayores. La respuesta debe estar en esos niveles.

*Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

[email protected] / @SJGuevaraG1

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