El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, aprovechó su participación en las elecciones municipales para lanzar una ofensiva política contra varios líderes de América Latina. Sus declaraciones no solo tensan aún más las relaciones diplomáticas con países como El Salvador, Argentina y Ecuador, sino que se producen en medio del reciente canje de prisioneros entre Caracas y Washington, y de decisiones estratégicas sobre las operaciones petroleras en el país caribeño.
Durante una rueda de prensa posterior a ejercer su derecho al voto, Maduro no escatimó en descalificativos hacia el presidente de El Salvador. “Bukele se enteró del canje por Telesur porque es un esclavo del imperio norteamericano, un capataz torturador”, afirmó el mandatario venezolano, al referirse al reciente acuerdo que permitió la liberación de 252 migrantes venezolanos detenidos en El Salvador y diez ciudadanos estadounidenses presos en Caracas.
Con estas declaraciones, Maduro acusó a Bukele de carecer de soberanía y actuar como un simple ejecutor de las decisiones de Washington, en un contexto en el que Caracas busca reafirmar su autonomía diplomática.
El presidente venezolano también arremetió contra otros mandatarios latinoamericanos, como el argentino Javier Milei y el ecuatoriano Daniel Noboa, a quienes calificó de formar parte de una “ultraderecha extremista neonazi”. A juicio de Maduro, estos gobiernos solo obedecen instrucciones del Gobierno de EEUU, lo que considera una traición a los intereses soberanos de sus respectivos países.
“Me da tristeza y vergüenza ajena la ultraderecha extremista de América Latina, ellos primero ven para el Norte”, afirmó, en referencia a lo que considera una subordinación ideológica y política al poder estadounidense.
Pese al tono confrontativo, Maduro aseguró que Venezuela mantiene abierta la vía diplomática con Estados Unidos, aunque calificó su política como “bipolar” y contradictoria. “Hoy lanzan una bomba y mañana piden disculpas”, ironizó.
El presidente venezolano reivindicó la llamada diplomacia bolivariana de paz, basada —según él— en la firmeza, la independencia y la disposición al diálogo con respeto mutuo. Aseguró además que Venezuela “no depende de nada ni de nadie” y que camina “con pie propio”.
El reciente canje de prisioneros con EEUU ha venido acompañado de señales económicas, como la decisión de Washington de permitir que Chevron retome sus operaciones en Venezuela, revirtiendo así la revocación de la Licencia General 41 que se había producido en marzo bajo la administración de Donald Trump.
En ese momento, EEUU dio 30 días a Chevron y a otras empresas —como la francesa Maurel & Prom— para liquidar sus operaciones. Sin embargo, la flexibilización actual parece indicar una reconfiguración del vínculo económico entre ambos países.
En respuesta, el Gobierno de Maduro anunció la activación de un “plan de independencia productiva absoluta” con el objetivo de blindar el sector de hidrocarburos frente a decisiones externas que puedan afectar la soberanía energética y económica del país.
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