Brasil afronta una tormenta perfecta en la segunda ola de covid-19

Mural pintado en honor a los trabajadores del sector sanitario por su labora durante la pandemia, en Sao Paulo
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Con más de 172.000 muertos y más de 6,3 millones de casos, Brasil nunca llegó a controlar la pandemia del nuevo coronavirus (causante de la enfermedad covid-19), pero al menos el número de contagios y fallecimientos se había estabilizado en los últimos meses.

Ahora, la pandemia golpea de nuevo con fuerza: aumenta la tasa de contagio y las internaciones en hospitales. Muchas ciudades ya están al límite.

Para especialistas como el profesor Domingos Alves, del Laboratorio de Inteligencia en Salud (LIS) de la Universidad de São Paulo (USP), no se puede negar que el país está de lleno en una segunda ola: «No sólo son indicios: efectivamente estamos dentro de una segunda ola, muy similar a lo que ocurrió en EEUU. Y probablemente estamos viendo tan sólo la punta del iceberg, la situación real debe ser mucho peor», comentó en una entrevista con Sputnik.

Los miedos de Alves tienen que ver con un hecho clave en la gestión de la pandemia: los casos están aumentando justo cuando Brasil está haciendo menos test que nunca. La semana pasada se supo que el Gobierno federal mantiene guardados en un almacén en las afueras de São Paulo más de 6,86 millones de test para diagnosticar el nuevo coronavirus. Si no empiezan a usarse ya, caducarán entre diciembre y enero.

La lógica dice que a menos test realizados, menos contagios deberían salir a la luz, pero aún así las cifras son incontestables. La semana pasada, la media de nuevos casos diarios fue de más de 34.700, un 21 por ciento más que dos semanas atrás. La semana pasada, la tasa de contagio (rt) era superior a 1 (lo que indica que la pandemia está avanzando) en 23 de los 27 estados brasileños. El número de contagios está aumentando en todo el país desde el 7 de noviembre.

En ciudades como Río de Janeiro, las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs) están llenas y los pacientes de covid-19 empiezan a ser derivados a otras localidades. Río, igual que muchas otras capitales, desmontó la mayoría de sus hospitales de campaña hace meses, pensando que lo peor había pasado.

APAGÓN INFORMATIVO

Alves asegura que en los últimos meses hubo un «apagón» informativo por parte de las autoridades, que maquillaron los números para afianzar la idea de que el país había superado la pandemia: «Ya estamos viendo las consecuencias de algo que nos escondieron en los últimos meses», dice, y pone como ejemplo la cifra de muertos por covid-19, que en su opinión es mucho mayor a la oficial.

Según los datos más recientes del ministerio de Salud, en Brasil murieron 172.823 personas por covid-19, pero el especialista apunta que la cifra total rondaría los 230.000, ya que el propio ministerio de Salud reconoció en uno de sus últimos boletines que hay 60.000 muertos por Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SRAG), que muy probablemente son casos de covid-19 no diagnosticados.

Parte de la falta de transparencia sobre la verdadera dimensión del problema tiene que ver con las elecciones municipales que se celebraron este mes de noviembre. La mayoría de candidatos en campaña quisieron lanzar el mensaje de que la situación estaba bajo control y descartaban alarmar a la población con un posible «lockdown» que podría restarles popularidad.

En el estado de São Paulo, por ejemplo, el más afectado del país, las autoridades regionales esperaron a que terminara el primer turno electoral, el 15 de noviembre, para alertar de que la situación estaba empeorando. Un día después de que el alcalde, Bruno Covas, se asegurara pasar al balotaje, el gobierno regional informó que las internaciones de pacientes con covid-19 habían aumentado un 18 por ciento.

LA TORMENTA PERFECTA

Para Alves, Brasil se encamina a una especie de «tormenta perfecta». A la fata de test masivos y rastreamiento de los contagios se une esa especie de vacío de poder que provocaron las elecciones municipales, donde en muchos casos habrá traspaso de poder y un «impasse» justo en las semanas más delicadas de esta segunda ola. A estos factores se une el negacionismo que siempre reinó en el gobierno de Jair Bolsonaro y el cansancio de la población, que en general ya vive como si la pandemia fuera cosa del pasado.

Según el especialista, los próximos días serán decisivos: «Hay dos opciones. Si los alcaldes asumen la gravedad de la situación y empiezan a testar en masa quizá no haga falta tomar medidas más drásticas. Pero si se llenan las camas no habrá más remedio (que implantar restricciones), si no, tendrán que asumir un absoluto genocidio».

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