Un papa en Río

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El papa Francisco llegará el lunes a Río de Janeiro para el inicio de la JMJ. Esta visita es parte de un viaje ya planeado por su antecesor, Ratzinger. Lo que podría haber hecho el pontífice argentino ha sido ‘enriquecerla’. O eso al menos aseguran algunos allegados a su Santidad. El papa Francisco llegará el lunes a Río de Janeiro para el inicio de la JMJ. Esta visita es parte de un viaje ya planeado por su antecesor, Ratzinger. Lo que podría haber hecho el pontífice argentino ha sido ‘enriquecerla’ con una visita a una favela y a un hospital que se ocupa de drogadictos, un acto de devoción a la Virgen de Aparecida y un encuentro con los obispos de Latinoamérica.

La América Latina que recibirá al primer papa latinoamericano de la historia de la Iglesia, por lo menos desde hace algunas décadas, ya no es sinónimo absoluto de catolicismo debido al crecimiento de las sectas, de los evangélicos y, sobre todo, del proceso de secularización relacionado con el estilo de vida de la sociedad globalizada.

En esta cita heredada de Benedicto, el papa comprenderá profundamente su pontificado. El primer viaje internacional del pontífice Bergoglio será a un país en el que los católicos todavía tienen una fuerte presencia, pero en el que deben afrontar el aumento de movimientos cristianos e iglesias nuevas, según informa Luca Rolandi de Vaticano Insider, suplemento del diario La Stampa, órgano paraoficial de la Santa Sede.

Eso sí, lo que más preocupa en el Vaticano de este primer viaje internacional del papa Francisco es la seguridad. Es de todos conocidos que en estos instantes Brasil vive un momento de agitación social y política sellada con manifestaciones de protestas contra los políticos en calles y plazas. De ahí que haya surgido una tensión real entre Roma y el país sudamericano.

Los servicios secretos brasileños han detectado que la presencia del papa llevará a las calles a miles de personas para volver a reivindicar derechos sociales, y consideran las manifestaciones, como “el mayor peligro para su seguridad”. Ese miedo ha provocado que las autoridades eleven de 10.000 a 14.000 el número de efectivos policiales y militares que se ocuparán de proteger al pontífice día y noche, según información de elpais.com.

Si las fuerzas de seguridad culpan a las manifestaciones de un posible peligro para la seguridad de Bergoglio, desde Roma los portavoces oficiales del pontífice han dicho que las protestas en Brasil “no son contra el papa, sino contra los políticos”. Además, el arzobispo cardenal de Sao Paulo, Odilo Scherer, ha declarado que Francisco “apoya las reivindicaciones de los jóvenes” e incluso dedicará a ellas uno de los discursos que dirigirá al millón de jóvenes que se concentrarán en Río con motivo de la JMJ.

Hasta ha rechazado a llevar el papamóvil blindado y anunció que usará el jeep abierto que usa en Roma para el encuentro con los fieles. A Río ha llegado también el papamóvil, pero Francisco ha pedido que le quiten los cristales antibala.

Es tal la confianza del papa que ha hecho saber que no desea “hombres armados de fusiles” a su lado, mientras desfile por la calle para su encuentro con los fieles y jóvenes. El ministro de Secretaria general de la Presidencia de la República, Gilberto Carvalho, ha respondido a Roma que en Brasil “será la gente quién protegerá la vida del pontífice”.

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