Refugio contra la crisis

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Las empresas españolas parecen haber encontrado en Brasil uno de sus principales refugios contra la crisis. Una posibilidad que ya anunció, con este mismo titular, la cadena pública británica BBC en el año 2009. Y si pasamos revista al amplio abanico de compañías que han escalado el Pan de Azúcar, resulta más que evidente que los ingleses dieron en el clavo. Pasen y vean… Las empresas españolas parecen haber encontrado en Brasil uno de sus principales refugios contra la crisis. Una posibilidad que ya anunció, con este mismo titular, la cadena pública británica BBC en el año 2009. Y si pasamos revista al amplio abanico de compañías que han escalado el Pan de Azúcar, resulta más que evidente que los ingleses dieron en el clavo. Pasen y vean…

El grueso del desembarco español el sector productivo empezó en la década de los 90, con abanderados como Mapfre o Telefónica (aunque por aquél entonces el Santander ya llevaba una buena temporada en la zona), en forma de adquisiciones y fusiones: la aseguradora se hizo con el grupo Veracruz, el gigante de las telecomunicaciones con Telesp (uno de los trozos de la por aquél entonces recientemente privatizada Telebrás).

Y no les salió mal la jugada: en estos momentos, 15% de los ingresos de Telefónica vienen de Brasil, y lo mismo puede decirse de los 4.700 millones de reales que facturó en 2010 el grupo Mapfre, o del Santander que ya obtiene en este mercado el 30% de sus beneficios globales.

En 2000, llegó Repsol, cuando su presidente aún era Alfonso Cortina. Entró con una inversión de 500 millones de euros, que le sirvió para constituir una sociedad junto a Petrobras para la exploración marítima en la región de Espíritu Santo, al norte de Río de Janeiro, en Brasil. Y ya se sabe lo que pasó luego. Hoy la empresa española, asociada con la China Sinopec, es una de las principales compañías del sector en este país, gracias a su tecnología para buscar crudo en aguas profundas.

Y aún quedaba pastel para las que llegarían después: Prosegur, la primera empresa española en cotizar en la Bolsa, pondría un pie en la antigua colonia portuguesa en 2001 celebrando su 25 aniversario, y acabaría facturando más de mil millones de reales en 2010. O Abengoa, que también llegó en 2001, a través de participaciones en empresas relacionadas con el transporte de energía.

Y algunas de las últimas en apuntarse al carro han sido Iberdrola, que en 2011 compró Elektro, o Adolfo Domínguez, que tiene previsto abrir 11 tiendas este año (Chilefilms, hidra empresarial, chilena mediante). Pronto veremos en qué quedan las ambiciones del modisto gallego.

Y las que quedan por venir. Porque todavía queda Brasil para rato: y si no, que se lo digan al grupo Inditex, que ha preferido realizar una inversión multimillonaria en el país antes que tropezar con el Gobierno de Dilma Rousseff, después de que el Ministerio de Trabajo le expedientara por las malas condiciones de trabajo que imperaban en las subcontratas de Zara.

Mercadona ya ha avisado que, en cuanto pueda, da el salto internacional. Y en los corrillos empresariales se empieza a susurrar el nombre de un importante grupo hispano de alimentación y distribución que podría haber empezado a escrutar locales en el país amazónico, de la mano de importantes personalidades brasileñas.

Lo dicho, las empresas españolas apuestan fuerte por Brasil desde hace 20 años y la partida esta lejos de haber terminado aún.

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