Los estudiantes chilenos, en pie de guerra contra Sebastián Piñera

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Con un Sebastián Piñera en caída libre que rebasa cada mes los récords históricos de impopularidad en Chile, las protestas estudiantiles han sacudido de nuevo todo el país en la tercera gran marcha de las últimas semanas para protestar contra el estado de la educación y rechazar las propuestas con que el presidente ha intentado calmar los ánimos. Con 30.000 jóvenes sólo en Santiago (100.000 en todo el país), convocados por el Colegio de Profesores y la Confederación de Estudiantes Universitarios (Confech), los enfrentamientos entre estudiantes y policías enturbiaron la jornada y consolidan otro de los conflictos sociales que tiene abiertos Piñera y que podrían llevarle a hacer cambios en el gobierno para salvar los muebles. Con un Sebastián Piñera en caída libre que rebasa cada mes los récords históricos de impopularidad en Chile, las protestas estudiantiles han sacudido de nuevo todo el país en la tercera gran marcha de las últimas semanas para protestar contra el estado de la educación y rechazar las propuestas con que el presidente ha intentado calmar los ánimos. Con 30.000 jóvenes sólo en Santiago (100.000 en todo el país), convocados por el Colegio de Profesores y la Confederación de Estudiantes Universitarios (Confech), los enfrentamientos entre estudiantes y policías enturbiaron la jornada y consolidan otro de los conflictos sociales que tiene abiertos Piñera y que podrían llevarle a hacer cambios en el gobierno para salvar los muebles.

«Estoy convencido de que llegó el momento de terminar con la violencia, las tomas y los paros que tanta destrucción y daño han alcanzado. Espero que en nuestro país tengamos esa madurez y el patriotismo para que, más allá de las legítimas diferencias, haya un objetivo común, que es hacer un país mejor», señaló Piñera mientras se producían los enfrentamientos. Las dos primeras movilizaciones de las pasadas semanas congregaron a cientos de miles de personas en todo Chile, por lo que el impacto sobre la devaluada popularidad de Piñera de esta nueva manifestación puede desgastar aún más al presidente a ojos de la ciudadanía.

El sistema educativo chileno ha sido heredado por la democracia de la dictadura de Augusto Pinochet y mantiene unas elevadas tasas que impiden a los estudiantes con menos recursos acceder a la educación superior. Si lo hacen, deben soportar varios años de alto endeudamiento para poder pagar sus estudios. Piñera, hostigado por las protestas, prometió un fondo de 4.000 millones de dólares para mejorar la educación y un aumento de las becas, algo que los estudiantes han rechazado ya que consideran que la propuesta no afecta al modelo de base. Reclaman que el propio sistema educativo sea reformado por entero.

La popular líder estudiantil chilena Camila Vallejo ha señalado a los medios que la propuesta de Piñera «es una política continuista, que es más de lo mismo, por lo que reforzamos nuestra convocatoria a avanzar hacia un ‘gran acuerdo social por la educación'». Las dos marchas anteriores, celebradas el 14 y el 30 de junio, alcanzaron cifras de 80.000 personas movilizadas, por lo que su impacto ciudadano es masivo, al igual que su repercusión sobre la imagen de Piñera.

Los conflictos con los mineros de Codelco, cuyo paro masivo realizado esta semana ha sido el colofón a un largo periodo de desencuentros con el Gobierno, y las protestas estudiantiles han terminado de darle la puntilla al presidente, cuya popularidad ha caído, según datos de la empresa Adimark, hasta un depauperado 31%. Como recoge la misma encuesta, además, el 60% de los entrevistados desaprueba la gestión del presidente conservador. Ambos datos vuelven a batir récords en mala valoración ciudadana desde que retornó la democracia a Chile en 1990.

Aparte del estudiantil, Piñera tiene abiertas otras dos fuentes de conflictos sociales. Por un lado, la presión ciudadana contra el proyecto energético insignia de su gobierno, HidroAysén (que prevé la construcción de cinco presas en La Patagonia) y al que se opone un 74% de los chilenos, debido a su fuerte impacto medioambiental, ha generado un clima de tensión y protesta que le ha pasado factura a Piñera, que además ha tenido que ver cómo un tribunal paralizaba la puesta en marcha del proyecto por las dudas que genera su gestación.

Por otro lado, los recientes conflictos laborales con los mineros de Codelco han desgastado hasta tal punto la imagen del gobierno que Piñera afronta ahora los peores momentos de su mandato, iniciado en 2010. Con una histórica huelga general llevada a cabo por sus trabajadores, que denuncian movimientos encubiertos del gobierno para privatizar la minera estatal, esta misma semana, las simpatías entre los mineros y los estudiantes podrían crear un efecto pinza de dramáticas consecuencias para la salud política del presidente.

Piñera vive desde hace meses un auténtico calvario al frente del gobierno chileno. Después de alcanzar altas cotas de popularidad por el rescate de los mineros sepultados en la mina San José y el consenso que generó su voluntad de reconstrucción tras el terremoto de 2010, dos hechos que marcaron el primer año de su mandato, ahora Piñera vive en continua guerra con la sociedad civil chilena. Estudiantes, mineros y ecologistas son la parte visible de un amplio movimiento ciudadano que cada vez mira con más desconfianza al mandatario y desaprueba su gestión, como muestran el último sondeo hecho público por Adimark.

El rechazo de los chilenos a Piñera coincide con una situación económica envidiable. Con una expansión internanual en 2011 de un 8,5%, una cifra de crecimiento asombrosa, el país parece navegar en buena dirección, al menos en un nivel puramente económico. Porque, como demuestran las encuestas, a los ciudadanos del país sudamericanos la buena salud de Chile en ese sentido no les parece suficiente para darle un aprobado a su presidente. Las presiones de los estudiantes puede contribuir aún más a esa caída de Piñera en los sondeos.

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