Giordani toma el control

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Nuestro colaborador Juan Carlos Zapata continua con su serie sobre los cambios en los equilibrios del poder del entorno del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. En este nuevo capítulo, Zapata nos acerca aún más a Jorge Giordani, el superministro que debe encargarse de sacar al país de la crisis. De él se dice en Caracas que es un adicto al poder, a pesar de su apariencia austera, casi de monje. Pero se le respeta. Hasta la oposición le concede la fortaleza de una honestidad contrastada. Nuestro colaborador Juan Carlos Zapata continua con su serie sobre los cambios en los equilibrios del poder del entorno del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. En este nuevo capítulo, Zapata nos acerca aún más a Jorge Giordani, el superministro que debe encargarse de sacar al país de la crisis. De él se dice en Caracas que es un adicto al poder, a pesar de su apariencia austera, casi de monje. Pero se le respeta. Hasta la oposición le concede la fortaleza de una honestidad contrastada.

El ministro Jorge Giordani se ve dormido. Está concentrado. El Ministro no sabe de economía. Sabe calcular…políticamente. El Ministro tiene cara de profesor y magistrado. Media fachada, le gusta el poder. El Ministro se exhibe como un hombre bueno, tranquilo. Es implacable. Le gusta controlar, y no pierde los objetivos de su misión.

Este es el ministro Jorge Giordani. Mejor dicho, el superministro. Ministro desde 1999, en el primer gabinete de Hugo Chávez, a quien conoció en la cárcel, a quien visitaba en la cárcel. Giordani llegó la Gobierno como ministro de Cordiplan (Oficina Central de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República), pero al frente de lo que se llamaba el Grupo Garibaldi, y éste grupo mantenía el control de PDVSA, y otros ministerios más. Giordani se ha ido y ha vuelto al gobierno. Chávez lo quiere a su lado.

Es ingeniero pero maneja la economía, y es en él a quien Chávez le ha confiado la responsabilidad de superar esta crisis reciente, crisis que ha llevado a una caída del PIB en 3,3% en 2009, y una crisis que este trimestre de 2010, se ha profundizado: los expertos pronostican una caída mínima de 6%. Es más, en el Gobierno señalan que si en 2010 se crece 1%, será todo un éxito.

Para esta tarea, este ministro Giordani ocupa hoy dos carteras: la de Planificación y Finanzas. Y el doble cargo no dijera nada si él no lo ejerciera a pulso y con poder. Ha quitado gente. Ha puesto a su gente. Y reta los equipos de los otros ministros. Puede concluirse: Giordani es el funcionario de mayor confianza de Hugo Chávez.

El ministro Giordani parece un monje débil, que vive del aire. Su fortaleza es que no le gusta el dinero, no es corrupto, como suele suceder con otros superfuncionarios. Por eso le temen en el mismo Gobierno. Por eso es indescifrable.

Los banqueros reunidos resumen la cartilla. Ni Alí Rodríguez, el ministro de Energía, ni Ramón Rodríguez Chacín, el ex-ministro negociador con las FARC, son tan fríos. La combinación resulta. De allí el producto Giordani. El operador que Chávez buscaba para ese cargo, y quien, además, comparte la tesis de que en abundancia no se construye el socialismo. En todo este cuadro está Giordani. Verdugo del tesorero Alejandro Andrade, con quien nadie podía, dada la cercanía con el Presidente. Giordani también es marcador implacable del presidente del Banco Central, Nelson Merentes. Ejecutor del plan que pone a raya a los funcionarios vinculados al superministro Diosdado Cabello.

Los banqueros saben que con Giordani habrá poca apertura. Ya lo probaron en el pasado, por allá entre 1999 y 2002. El Ministro prefería encerrarse en su despacho, escribir sus memorias, pasar ratos a media luz, recomendando el uso de las flores de Bach como tranquilizante, antes que claudicar ante el lobby empresarial.

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