Dilma, imparable

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Los brasileños no han olvidado a Lula pero empiezan a sentir una auténtica devoción por su actual mandataria, Dilma Rousseff, cuya cruzada contra la corrupción y su decidida apuesta por ‘proteger’ al tejido industrial del país parecen haber contribuido a consolidar de modo definitivo su figura política. Los brasileños no han olvidado a Lula pero empiezan a sentir una auténtica devoción por su actual mandataria, Dilma Rousseff, cuya cruzada contra la corrupción y su decidida apuesta por ‘proteger’ al tejido industrial del país parecen haber contribuido a consolidar de modo definitivo su figura política.

A pesar de llevar sólo poco más de un año en el poder, la aceptación de su figura entre los ciudadanos ha ascendido hasta el 77%, lo que significa que ocho de cada diez brasileños se muestran contentos con la gestión de la mandataria. Una cifra estratosférica que ni Lula ni Cardoso, sus dos antecesores inmediatos, lograron obtener en sus primeros 365 días de Gobierno.

Más aún, sólo un 19% de la población se muestra descontento con las decisiones adoptadas por Dilma Rousseff desde que llegó al poder. La popularidad de la presidenta es, de momento, muy superior a la de su Gobierno que sólo consigue la máxima valoración del 56% de los encuestados.

Los datos se corresponden con una encuesta realizada por el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE), una institución privada que goza de gran prestigio en el país y muestran además una clara tendencia al alza, porque en la consulta anterior, realizada en diciembre, el índice de popularidad de la mandataria brasileña se situaba en el 72%, tras haber registrado una subida de cuatro puntos.

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