Chávez contra el grupo Polar ¿Qué busca?

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Nuestro colaborador Juan Carlos Zapata ha realizado un reportaje sobre la intervención del Gobierno de Venezuela en las empresas del grupo Polar. En este artículo se desglosan las maniobras del presidente venezolano Hugo Chávez para acabar con los empresarios que en algún momento estuvieron de su lado y ahora quiere tenerlos lejos. Nuestro colaborador Juan Carlos Zapata ha realizado un reportaje sobre la intervención del Gobierno de Venezuela en las empresas del grupo Polar. En este artículo se desglosan las maniobras del presidente venezolano Hugo Chávez para acabar con los empresarios que en algún momento estuvieron de su lado y ahora quiere tenerlos lejos.

Después de oír a Chávez restar importancia a la caída del PIB en 5,8% este primer trimestre de 2010, hay que decir que sí le importa el PIB. Y le importa el dinero. Y le importa el poder. Y le importa el permuta. Y le importan las casas de Bolsa. Y la tierra. Y las empresas. Y el comercio. Y las redes de distribución. Y le importa la principal productora de alimentos del país, Empresas Polar.

La verdad es que no puede ocultarlo. Le molesta cuando en Argentina le preguntan de Antonini o en Brasil del fin del mandato y el sucesor. Y eso es porque le importa. Lo que le estorba le importa y no da descanso al verbo, a la fuerza, al capricho, hasta no quitarse de encima la pega.

La empresa Polar le importa a Chávez desde el primer día, desde aquella primera reunión con empresarios en el Palacio de Miraflores, a quienes acusó y señaló de “corresponsables” de la crisis del país. “Menos usted señor Mendoza. Usted es muy joven”. En perspectiva, ese menos usted puede leerse como que ahora no es su turno. El tiempo y los hechos lo ponen de esa manera. Lo que quería decir entonces es que primero voy por los dueños de Polar y por Carlos Boulton, empresario de una naviera y por Luis Vallenilla, dueño del banco de inversión Cavendes, intervenido varias veces por el Gobierno. Otros que también estaban en esta lista eran Miguel Otero, editor del diario El Nacional y Tobías Carrero, dueño de la aseguradora Stud Launa y Parsifal De Sola, empresario hotelero y político, y los ganaderos. O sea, primero los que estuvieron más cerca.

¿Acaso todavía hay quienes creen que todo cambió el 11 de abril con el golpe de Estado y el paro de 2002-2003? Hay dos ideas de las que es necesario desprenderse. Que los chavistas poderosos comenzaron a robar después del 11 de abril al verse fuera del gobierno pobres y limpios. Y que Chávez desde entonces se la juró a la empresa privada, por empresa, por privada, y por poder. Pues no es así. Los escándalos comenzaron desde 1999. Y en cada discurso, cada remembranza, Chávez se ha encargado de confirmar que su plan contra los ricos era antiguo.

Lo que cambió fue que después del 11 de abril se hicieron más sofisticados en los mecanismos, y Chávez oyó y admitió la teoría de sus maestros de que siendo PDVSA la productora de casi todos las divisas, por qué entonces no expropiar las empresas privadas cuyo papel es el de ser intermediarias en la distribución de la “riqueza” petrolera, y que el Estado asuma entonces por completo tal responsabilidad.

Que Mendoza luego va a Miraflores y presencia la juramentación de Carmona, ¿qué empresario no va donde está el poder? Incluso, eso es lo mismo que viene reclamando Chávez de los empresarios, del mismo Mendoza, que se plieguen a él, que se le entreguen a él, pues siendo el amo del poder, garantiza paz, reglas de juego y hasta ganancias. Es decir, y es decir: el problema de Chávez es la bota del poder. Derrotando a Cisneros, pensó, había que derrotarlos a todos.

De modo que cuando insurge la boliburguesía recostada, aupada y bendecida por él, su gobierno, y los bolifuncionarios enriquecidos, lo hace no para aupar la propiedad privada, ni modo, sino para restarle espacio a los capitales tradicionales, y en especial a Polar. Ricardo Fernández fue una apuesta en ese sentido, sólo que también comenzó a reclamar su espacio de poder, convirtiéndose en un problema político. Entonces, zuás, Saturno se comió a su hijo.

Ayer nada más el ministro de Alimentación, Félix Osorio, señalaba que la Polar es enemiga del pueblo, recordando el paro de hace 7 años, y justificando las medidas en contra de la corporación. Pero eso es lo mismo que dijo el general Jorge Luis García Carneiro en 2003. Hay que cerrar la Polar. Y Ramón Martínez, gobernador de Sucre, le hizo coro entonces. Y Luis Felipe Acosta Carles en Carabobo. Y casi todos hicieron coro. Y como no podían cerrarla Chávez le ofreció villas y castillos a Lorenzo Mendoza, inclusive abrirle espacios a Polar para la inversión petroquímica.

Pero sólo si Mendoza se plegaba a su política. Ya no decía usted no señor, Mendoza. Ahora decía, vente, Mendoza, vente. Y como Mendoza no iba, comenzó el ataque frontal. Porque estos líderes carismáticos y populistas, autoritarios y comunistas, sólo entienden que el aliado es quien se rinde y se arrastra, no que el otro, y frente a todo, monte una nueva planta en Aragua, y confirme la línea de refrescos, y compre Mavesa, e invierta en imagen y productos, y señale, sí, señale, que cómo se va a ir del país si su empresa no es de maletín, menos que ver con la maleta de Antonini.

“Creemos en Venezuela”, decía Mendoza y era como no decir nada, pues Chávez empujaba al Seniat para que revisara al grupo, pero Vielma Mora vio que aquello era injusto, notando que Mendoza y Polar pagan impuestos al día, arriesgan en medio de todo este tremedal de riesgo y agonía, y encima de eso son los mayores patrocinadores del deporte. Así que Chávez acusa a Mendoza de oligarca y Vielma Mora de patriota. Entonces sale Vielma Mora del Seniat y llega el hermano de Diosdado Cabello, José David, y éste sí procede con la represión impositiva. Y luego también a Chávez se le sale el verdadero fondo del problema: Usted podrá ser muy Mendoza y todo pero….

Ya no se diga más. La Polar es enemiga por ser la Polar. Por el peso. Por lo grande. Por lo diverso. ¿Cómo decían en los años 90? Es tan grande el oso que por donde se mueva se le ven las bolas. Por ser grande entonces, y grande sin claudicar en los principios y en los compromisos, resulta más que sospechoso. De modo que el plan pre existía. Todo se explica por la evolución de los hechos.

Primero hablaban de quitarle la división de alimentos, dejándoles la división de cerveza. Hoy hablan de eliminar también el negocio de la cerveza. Venían golpeando por Éxito, por Makro. Venían golpeando por los silos y los galpones. Venían golpeando con las inspecciones. Golpeando a la bola de Pepsi-Cola. Esto no era suficiente. Ahora van por la cerveza. Pues calculan que cayendo el negocio de la cerveza se derrumba el resto. La cerveza es el corazón del dragón, y matando el corazón, las cabezas caen solas. Y cayendo la cerveza Polar, entrando la cerveza cubana al país, seguro. Y cayendo el Grupo, ¿qué queda? ¿Qué referencia de poder?

Lo que no contaba Chávez es con la reacción de la familia. De los ejecutivos. De los trabajadores. De la gente que comienza a sumarse en solidaridad con la empresa. No contaba con Henri Falcón. Inimaginable que lo del gobernador de Lara iba a terminar de llevarse al PPT de la fila de aliados, al punto de la ironía rebautizando Chávez la organización como Polar Para Todos. No contaba con la propia respuesta de Polar. Y esto se explica porque la reacción va en otro sentido.

Antes, al grito de fuera Chávez ni siquiera se sumaban todos los adversarios del Presidente. Hoy, la solidaridad de Polar suma a quienes adversan a Chávez y quienes no lo adversan, e inclusive a muchos de sus apoyos más incondicionales, porque ya, (ya) lo que está en juego no es la Polar sino la propiedad privada, los derechos, las garantías, y eso se extiende hacia el trabajo, la calidad de empleo, los productos y los servicios, la inversión y la oportunidad de los emprendedores. ¿Qué se ve? A un Gobierno queriéndolo todo, tomando en cuenta, según se desprende del comunicado de la Polar, que el Estado “se ha convertido en el principal productor de alimentos en el país.

Controla casi la mitad de la producción de harina precocida de maíz, prácticamente la totalidad de la producción de café y un importante volumen de la producción de azúcar, margarina, productos del mar, harina de trigo, arroz, jugos, yogurt, leche y carne, entre otros”. Ya con las empresas de los boliburgueses, con Monaca, con las lácteas en manos de PDVSA, lo posee casi todo. No es por poseer, entonces. Es por el monopolio total de la comida, por el poder que implica la comida, y el hambre, y la llenura y la flacura, la dieta, la sed, los sabores, el paladar, la arepa bajo el brazo. Y esto se traduce en dinero, tierras, siembras, distribución, factorías, plantas, finanzas. O sea, el PIB, por lo cual el PIB sí importa.

De modo que el ataque a la Polar ha puesto el juego en esa disyuntiva. No es RCTV, medio golpista; no es Globovisión, televisora envenenadora de conciencia; no es AES, multinacional gringa propietaria de un servicio estratégico como La Electricidad de Caracas; no son los banqueros boliburgueses que se enriquecieron a costa del Estado.

Esto es otra cosa. Es una historia. Y una tradición. Y un emblema. Y una corporación que aún en lo adverso del escenario anuncia que su plan de inversiones suma 405.000 millones de bolívares de los antes. El programa implica demostrar que el amo del poder es imparable. Que la solidez de ese poder está fuera de duda. Que quien se atraviesa pierde. Y como la sentencia de muerte ya está dicha en las palabras, en los discursos, en las amenazas, en los hechos contra la Polar, ¿qué queda? Sumar más. La Polar nunca ha sabido restar.

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