A Dilma Rousseff definitivamente no le gusta el FMI

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El FMI no goza, por los planes neoliberales que muchos de de sus países se han visto obligados a aplicar para recibir créditos, de muy buena reputación en América Latina. Existe, sin duda, una extendida animadversión entre los mandatario de la izquierda latinoamericana, pero Dilma Rousseff, por la importancia del país que gobierna, parece tener más que decir que el resto. El FMI no goza, por los planes neoliberales que muchos de de sus países se han visto obligados a aplicar para recibir créditos, de muy buena reputación en América Latina. Existe, sin duda, una extendida animadversión entre los mandatario de la izquierda latinoamericana, pero Dilma Rousseff, por la importancia del país que gobierna, parece tener más que decir que el resto.

En los últimos meses, las alusiones de la presidente brasileña en relación al Fondo Monetario Internacional han sido constantes. Además de reclamar para los países emergentes un mayor poder de decisión, las críticas, por las políticas pasadas y las actuaciones presentes, han sido constantes. Una actitud más dura que la de su predecesor, Lula da Silva, que terminó de abonar la deuda que Brasil tenía con el FMI.

Las últimas declaraciones no dejan lugar a dudas. “Cuántas oportunidades perdimos durante las dos décadas en que estuvimos bajo la injerencia del FMI sobre nuestras políticas de inversiones… Ya conocemos esa película, ya sabemos lo que es la supervisión del FMI”, ha asegurado Rousseff en el marco del anuncio de una inversión millonaria, 1.000 millones de reales, en la construcción del metro de Curitiba. “Sabemos lo que es la prohibición de hacer inversiones”, finalizó.

Pero sus críticas no se quedaron ahí. Culpando en parte al propio FMI y en parte a los lideres de las principales economías mundiales, la mandataria aseguró que “parece que no hay empeño, una convicción política uniforme” en los países centrales sobre “cómo lidiar con esta crisis”. Y es que las consecuencias de la incertidumbre parece haber afectado ya a Brasil.

No en vano, el gigante amazónico parece encontrars en pleno proceso de desaceleración económica. “Nuestra economía se desacelera más rápido de lo esperado», reconoció receintemente el economista jefe de Unibanco Itaú, Ilan Goldfajn, y estimó que el crecimiento proyectado para 2012 es del 3,7%, con piso del 2,9% en caso de una desaceleración global.

A ese ritmo cuesta debajo de Brasil se suma la marcha lenta de la recuperación estadounidense. «El consumo está retraído y el desempleo es altísimo y preocupante», remarcó Kristin Forbes, ex asesora de la Casa Blanca, que resaltó no sólo el índice de 16,5% de desocupación, sino que en ese grupo hay un alto porcentaje de población con muy buen nivel de estudios. «Eso nos habla de un desempleo a largo plazo», afirmó.

En este contexto, la presidenta brasileña parece querer sacar fuera las responsabilidades. En su reciente gira por Europa, llegó a recomendar a los países de la eurozona que implementen medidas diferentes a las que viene haciéndolo. Un excesivo control del déficit, como el que está llevando a cabo Europa a costa de recortes de tipo social, puede provocar el estancamiento económico, la pérdida de oportunidades y un aumento del paro, comentó.

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