Vaciamiento

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Introdujimos el concepto de “vaciamiento político” en nuestra Serie “Tesis Avanzadas sobre Transiciones”, publicada en este mismo medio, entre el 30 de marzo y el 8 de junio de 2012. Introdujimos el concepto de “vaciamiento político” en nuestra Serie “Tesis Avanzadas sobre Transiciones”, publicada en este mismo medio, entre el 30 de marzo y el 8 de junio de 2012. Es un concepto cuyo valor agregado es vertebrar la lucha política prolongada, a ratos fallida, que caracteriza la política democrática frente a los totalitarismos.

Se refiere a la conveniencia de tal política en el sentido de vencer progresivamente las condiciones que permiten el dominio del totalitarismo. Hay que convencerse, aunque sea en razón del necesario largo plazo de las democracias (pero, no solo por ello), que un triunfo electoral no es suficiente para erradicar las condiciones y riesgos totalitaristas. Incluso, después de arrancado el nuevo ciclo de democracia.

El vaciamiento se hace visible cuando “una nueva fuerza asume o comparte el liderazgo del proceso y acelera la transición”. Pero, significa que ha tenido tiempo actuando. O cuando un triunfo electoral está acompañado de un desplazamiento de los factores de poder del “ancien régime”. El vaciamiento político es concepto nuevo, clave en las transiciones a la democracia y sus posibilidades de consolidación. O sea, válido tanto para el corto, como el largo plazo.

Decíamos que tiene grados, que depende de la correlación y capacidad de las partes –a favor o en contra- en la agenda de avance o democratización. Precisamos que “en su extremo se sitúa el vaciamiento súbito, completo o no, del antiguo régimen”. Y que “los matices no son siempre evidentes”.

Referíamos que “el derrocamiento de un totalitarismo no siempre hace desaparecer sus privilegios”. Y mencionábamos un caso cercano: la Nicaragua en el momento del triunfo electoral de los demócratas frente al sandinismo, en 1990. Y que con frecuencia, “la fuerza de la institución militar (y otros agentes, agregamos ahora) o la astucia y capacidad política de los negociadores democráticos definen soluciones más o menos totalitarias o democráticas”.

El concepto adquiere todo su valor cuando se entiende que los contextos de totalitarismo exigen un particular tipo de lucha democrática a estar presente desde el inicio de los afanes. Eso significa que el vaciamiento es el sostén de todas las fases de lucha, sean cuales sean, incluso en circunstancias negativas.

Su plano es el político. Se monta sobre lo social y se acompaña de lo cultural; pero, su asunto es el poder relativo de las partes, en términos de cambios en sus posiciones estratégicas. No es un tema electoral: esto contribuye, pero aisladamente no representa una condición suficiente. En totalitarismos de cualquier grado, la política electoral debe estar montada en el acompañamiento de las luchas sociales y la competencia en el campo cultural, para producir el vaciamiento que los debilite o despoje de todo poder político.

El concepto tiene raíces leninistas, weberianas y gramscianas. Como propuestas de lucha. Preciso que sin carga ideológica o clasista, para que no se me asusten mis amigos de la derecha. Refiere la necesidad de las tareas organizativas, movilizadoras (de agitación) y divulgativas de “¿Qué hacer?”, de Lenin. Exige el “beruf” weberiano. Y se beneficia de los planteamientos de Gramsci sobre la dirigencia, la hegemonía y el bloque social. Es un planteamiento para la acción política, en definitiva.

Y es, como dicho, para las tareas permanentes o de largo plazo. Sucede que a menor vaciamiento político del totalitarismo, o de los factores que lo representan, mayor persistencia de limitaciones a la democracia plena en la evolución posterior, incluso con buenos negociadores en la fase transicional. Esas limitaciones marcan la transición y condicionan la consolidación democrática. Miren los casos español y chileno.

Tales condicionamientos negativos son más probables en las transiciones a la democracia por la vía de la propiciación (España, segunda mitad de los ‘70) y la negociación (Chile, finales de los ’80). Los vaciamientos amplios (Venezuela, a partir del 24 –no el 23- de enero de 1958) permiten mayor libertad y prontitud; pero exigen estrategas y negociadores calificados, con decidida visión intertemporal.

El caso venezolano iniciado en 1956-57 es uno de transición por vaciamiento. Completo, o casi. Interesante, porque la salida de la dictadura personal se expresó como cooptación de los militares, pasó por un corto lapso de negociación y se concretó en un casi completo vacío del régimen saliente. Buena parte de sus resabios, hicieron crisis el mismo año 1958, con los eventos militares impulsados por algunos de los presentes en los primeros momentos del régimen de transición democrática.

Tanto el paso de la cooptación al vacío, como la depuración posterior, tenían que ver con la confluencia de factores de vaciamiento político que venían dándose desde 1956 hasta 1958: iglesia, partidos, estudiantes, gremios, militares, medios, ciudadanía, calle, huelgas, asonadas, soporte internacional, etc., estuvieron en un caso virtuoso de lucha democrática contra el totalitarismo.

Los venezolanos y el mundo tenemos a disposición un interesante caso para documentar lo que proponemos. Es propuesta que hacemos a los interesados. Ha sido, en buena medida, inspiración para nuestra propuesta conceptual. Lo es para cimentar las luchas actuales venezolanas, como las entendemos. Frente al asexuado electoralismo dominante, claramente colaboracionista, procede una lucha democrática más integral.

Claro que eso exige otro liderazgo. Múltiple, por lo demás. Lo hemos dicho al cansancio: social, cultural, político y, solo al final, electoral. La carreta, convénzanse, señores “alternativos”, no puede ir delante de los bueyes.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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