Unidad nacional (VII y último)

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Los distintos plazos de la acción hacia la unidad nacional. Para comenzar, dos criterios. Primero: sí se puede caminar y mascar chicle, como se dice en la política norteamericana.

Los distintos plazos de la acción hacia la unidad nacional. Para comenzar, dos criterios. Primero: sí se puede caminar y mascar chicle, como se dice en la política norteamericana. Segundo: unos más, otros menos; pero siempre actuamos orientados por múltiples metas a distintos plazos. Conclusión: no hay simplismo -como hacer solo una cosa a la vez- que se justifique.

A lo que queremos llegar es que la acción efectiva siempre debe ser estratégica (distintos temas y varios plazos, y no un solo tema en cada momento) y que se debe tener muy claros, no solo los distintos horizontes estratégicos de la acción, sino la necesaria solución de continuidad entre ellos.

La unidad necesaria a la consolidación democrática –fin de largo plazo de los afanes políticos- será necesariamente nacional, en sentido amplio. Es mucho más que una alianza partidista o de sectores politizados. No implica unanimismo, pero sí unanimidad (o su “second best”) sobre el cómo: instituciones firmes, leyes, estado de Derecho, rendición de cuentas, procesos de profesionalización del Estado, separación de poderes, libertades, derechos sociales y políticos, etc., etc.

En lo inmediato -queremos decir, en el estado inicial de la política democrática-, el asunto tiene que ver desde la democratización interna de los partidos democráticos, hasta la organización, dirección, normativa, desempeño, doctrina, Proyecto, etc., de la política democrática unitaria, con énfasis en el mantenimiento y mejoramiento de buenos consensos. Son los medios para ir preparando la maduración necesaria.

Un tema especial, entre esos extremos, es el relativo a la evolución relativa de las dos políticas confrontadas. El afán debe ser el de disponer de una política que vaya demostrando progresivamente la superación cualitativa del totalitarismo adversario. En general, toda política se ocupa siempre de la ampliación y ventajas en la conformación de su propio bloque social.

En ese campo de la confrontación entre totalitarismo y democracia, eso no parece posible sino por la vía de la neta diferenciación frente al contrario. Un mejor “producto” (el Proyecto de País, el “Pacto Social”, etc.) y las estrategias de “mercadeo” (captación) apropiadas son imprescindibles.

En esto, salvo demostración en contrario (que no ha existido) la política democrática dominante en Venezuela se ha equivocado. Su mimetismo (la manía de ofrecer el mismo “producto” que el oficialismo, pero en desventaja y con rezago) es, sin ambages, una enorme estupidez.

Otro tema es el de los “puentes” y procura de ganancias relativas entre la política democrática y el autoritarismo o totalitarismo, en los afanes de gobierno, en el funcionamiento institucional o en la opinión pública.

Influido por el poder relativo de cada bloque y por la conquista de situaciones estratégicas favorables, la política democrática podrá jugar inteligentemente una política de “armisticios” (me gusta verlos como caballos de Troya), en todos los casos de decisiones colegiadas en las cuales le resulta favorable su evaluación de la obtención de ventajas a diversos plazos y en distintas esferas.

Por ejemplo: el momento actual de la economía nacional ofrece a la política democrática –con los manejos adecuados- la posibilidad de picar adelante al régimen. La acumulación de errores y malos manejos y el “menú” presente hoy permiten un campo para las decisiones, en el cual un conjunto articulado de iniciativas o propuestas, con el debido soporte político, puede hacer ganar a las propuestas opositoras. En esto es de capital importancia la disponibilidad de un Proyecto de País con soluciones definitivas asertivas al problema económico nacional, pero que también sirvan de orientación a las propuestas de la coyuntura.

Lamentablemente, no se hace ni lo uno ni lo otro. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se muestra renuente a ampliar su base sectorial. De sus últimas declaraciones no se vislumbra un cambio de composición. Frente a las circunstancias institucionales que podría permitirle avanzar propuestas se muestra pasiva o reactiva. No hay, por ejemplo, un manejo proactivo y líder de la discusión económica. No ataca lo obvio. No confronta al régimen en áreas en las que podría contar con ventajas. No mantiene la tensión en la discusión política.

Largo camino el de la Unidad Nacional. Eso parece desestimular a muchos, como si el país no es permanente. Esa Unidad y los consensos buenos que permite son condición ineludible para construir condiciones para la democracia y el progreso. Toca entenderla como proceso creciente. Es un proceso político, pero no solo de políticos. Muchos músculos: social, económico, cultural, etc., son necesarios. El Proyecto País es el ámbito que les puede acoger. La política debe encontrar su morada en los sucesivos pactos, en el Proyecto, en los grandes ejes de la estrategia nacional. Es construir bien. Es lograr consolidar un país.

*Santiago José Guevara García
(Valencia, Venezuela)
sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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