Trapos rojos

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Con seguridad les he referido las aguas en las que se mueven la política y la economía venezolana en este 2010. En el trabajo de definición de los escenarios económicos para el año en curso mencionábamos tres tipos de procesos políticos, definidores de lo económico, que se harían presentes en el año. El escenario constituyente, el del conflicto y la violencia y el de las elecciones parlamentarias marcarían el lapso. Pues, en eso estamos. Con seguridad les he referido las aguas en las que se mueven la política y la economía venezolana en este 2010. En el trabajo de definición de los escenarios económicos para el año en curso mencionábamos tres tipos de procesos políticos, definidores de lo económico, que se harían presentes en el año. El escenario constituyente, el del conflicto y la violencia y el de las elecciones parlamentarias marcarían el lapso. Pues, en eso estamos.

Tiene razón el Cardenal Urosa cuando refiere decisiones arbitrarias de cambio constitucional, por la vía espuria de leyes aprobadas por la sumisa Asamblea Nacional. Chávez y sus mentores no necesitan –excepto para otros efectos- convocar una asamblea o proceso constituyente, para modificar, con completa arbitrariedad, la Constitución aprobada democráticamente. La seguidilla de decisiones que han ido creando el supuesto poder comunal y diversas figuras político-territoriales, distintas a la larga tradición municipal y el esquema federal, son la mejor muestra de lo que afirmamos.

Junto con lo anterior, son conocidos los múltiples episodios de confiscaciones, ocupaciones, expropiaciones no compensadas, despidos tampoco justificados, uso de la fuerza militar, acciones jurisdiccionales sin acato a las leyes, corralitos, impedimentos al libre circulación y cambio de divisas, etc. Eso, y el uso de la violencia militar para actos administrativos y procesos de “negociación” conforman un escenario de avance totalitario, con un nuevo tipo de uso de la violencia institucional.

Finalmente, el país asiste, por etapas, al despliegue de las opciones electorales, de cara a las elecciones parlamentarias de septiembre. Los dos polos de la política nacional y las iniciativas disidentes o independientes ya han operado y se preparan para el evento comicial. Chávez continúa en su campaña permanente, con el uso de todos los recursos oficiales y reacciona a las informaciones sobre su reconocimiento, aceptación y popularidad.

Precisamente, diversos problemas severos de la gestión de gobierno de doce años, han afectado profundamente las apreciaciones de los ciudadanos y electores sobre Chávez, su claque, sus mentores extranjeros, su gobierno y su política. Independientemente del dominio abusivo sobre el Poder Electoral y las modificaciones favorecedoras de la Ley Electoral, todas las opiniones serias coinciden en la débil posición política y electoral del pichón de dictador comunista. Lo que ha producido actuaciones y reacciones de su parte.

Que si Holanda penetró el espacio aéreo, que develaron un complot de la extrema derecha y un nuevo intento de magnicidio, que el Cardenal y Arzobispo de Caracas es un “obispo indigno” y troglodita”, que se revisarán las relaciones con el Vaticano y un largo etcétera, muestran un manejo mediático, político e institucional, que intentan diluir el análisis y los efectos políticos y electorales de la terrible y amplísima lista de problemas asociados a Chávez.

La reacción de moda entre los sesudos analistas periodísticos y políticos es que buena parte de los eventos son sólo “trapos rojos” o “cortinas de humo” para ocultar los verdaderos problemas y desviar la atención. El tremendo lío con el Cardenal es, según los analistas, uno de ellos.

Nuestra opinión es que, aún si lo fueren, el manejo político de la oposición debería ser el de convertirlos –unos más, otros menos- en alfombras rojas para el manejo de temas de su agenda política que terminen de desenmascarar y derrotar al régimen y desmontarles, no el simple escenario electoral, sino su posibilidad de avance variado hacia un cada vez mayor totalitarismo comunistoide a la cubana. El punto está en definir estratégicamente una agenda política que robe la iniciativa al régimen y lo ponga a la defensiva. Bienvenidos los “trapos rojos”.

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