“Target” de nuestro proyecto político

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Escribimos el mismo día de grabación, junto al Vicerrector Ferreira, de nuestra Universidad de Carabobo, de una entrevista sobre el “Proyecto Bicentenario”, en el programa “Soluciones”, en Globovisión, el principal canal de noticias del país. Shirley Varnagy, la proactiva moderadora, me pregunta a quiénes va dirigida una iniciativa como la impulsada por las universidades. La respuesta, resumida, es muy simple: al país, a la nación, a los ciudadanos todos. Escribimos el mismo día de grabación, junto al Vicerrector Ferreira, de nuestra Universidad de Carabobo, de una entrevista sobre el “Proyecto Bicentenario”, en el programa “Soluciones”, en Globovisión, el principal canal de noticias del país. Shirley Varnagy, la proactiva moderadora, me pregunta a quiénes va dirigida una iniciativa como la impulsada por las universidades. La respuesta, resumida, es muy simple: al país, a la nación, a los ciudadanos todos.

La conflictiva política venezolana actual, que enfrenta el proyecto cubanizante de Chávez y sus socios al Proyecto Nacional Venezolano de una democracia liberal, sin duda define una situación polarizada que, a fines nacionales, requiere ser desactivada. En abundancia de criterios, los escenarios actuales muestran posibilidades en las cuales se agrietan las ganancias unitarias presentes de lado y lado y se abren riesgos de radicalización militar, civil o mixta o se mantiene la incertidumbre sobre el rumbo nacional. Frente a todo ello, la solución óptima surge por la vía de la ciudadanía dotada de una agenda nacional durable.

A esa solución se abren y ofrecen su concurso las Universidades. Eso no significa que no estamos conscientes de que en el país hay dos polos políticos enfrentados, referencia mencionada en la pregunta de Shirley. Polos inmersos en los variados escenarios presentes y que prefieren otros manejos. Que apuntan a unas próximas elecciones y se revisten de su propio modo de conformar una “agenda”, no en todos los casos para el largo plazo.

Pues bien, esos polos no son los destinatarios principales de nuestro esfuerzo. En el análisis del “target”, antes que ellos está una sociedad que quiere la reconciliación, el progreso, la justicia, la estabilidad y un derrotero seguro a su futuro. Y que, para lograrlo óptimamente, requiere un Proyecto, con recursos políticos distintos al liderazgo y la fuerza política, poco visibles hoy: consensos, pactos formales, una transición y su posterior consolidación democrática, etc. En definitiva, la fulana agenda nacional durable. Digámoslo claro, entonces: el “Proyecto Bicentenario” no debería ser una iniciativa para la oposición o el oficialismo, sino para la nación.

Porque del lado de la oposición “oficial” hay desaprensión. Para ella, los escenarios no existen. O si reconocen alguno, no les motiva una respuesta política. Si acaso, mediática. A la hipótesis de la posibilidad de triunfo no se le agrega una unidad mayor y –sobre todo- una agenda durable. Su manejo de contenidos no pasa de unos enunciados programáticos, como saludo a la bandera, bajo el supuesto de un camino normal al ejercicio de gobierno; supuesto débil, frente a las múltiples acechanzas, problemas y riesgos ahora y por delante.

Del lado del oficialismo, hay arbitrariedad y abuso de poder. Y un manejo preocupante de escenarios. Con componentes de violencia militar y civil. A la hipótesis de la pérdida electoral o reacciones frente a un manejo fraudulento, no se avizora un cambio de rumbo hacia la conformación de una agenda nacional. Hasta ahora, su manejo de contenidos, excepto lo expuesto en la Constitución del ’99, no contempla la contemporización.

Desde la Universidad, creemos en una actuación distinta: propugnar una agenda nacional mínima; o sea, un programa estatal al largo plazo, que asiente los temas que el consenso nacional imponga, para salvar el momento y honrar la nación. Frente a la dispersión del liderazgo, agenda mínima.

Ojalá el mesianismo o los fueros no sigan imponiendo el estilo político. En lo personal, además de crítico de la insuficiente práctica política de la dirección opositora, me niego a pensar en la ausencia de cordura en los dos polos, vistos ampliamente, y creo –trabajo en ello- en posibles intersecciones temáticas en la relación con el lado oficialista. Alguien debe pensar para el país y no sólo para uno de sus extremos.

*Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1, en Twitter

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