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La familia, pasando aceite… ¡y parió la abuela! Ésa, dramáticamente y en expresión popular, es la situación de la Venezuela post Viena. La familia, pasando aceite… ¡y parió la abuela! Ésa, dramáticamente y en expresión popular, es la situación de la Venezuela post Viena.

Un complejísimo problema económico, que algunos quieren hacer ver solo como un asunto cambiario y de distorsión de precios; pero, que reviste mucha mayor gravedad, implicaciones, riesgos y exigencias de gestión. A eso nos dedicaremos en este artículo.

Antes de Viena ya teníamos: 1) una economía recesiva y de más que alta inflación; 2) un colapso fiscal y cambiario, en buena medida, intencional, no por razones cíclicas o fortuitas; 3) un sistema de relaciones macroeconómicas altamente desequilibrado; 4) una grave y progresiva postración productiva y 5) la ausencia de un modelo económico alterno al ya agotado modelo chavista.

La decisión de la OPEP la semana pasada, con impactos aún en desarrollo, viene a agravar lo que ya estaba grave. No solo por los problemas mismos, sino por la impropia dirección de la gestión económica oficial.

Como hemos planteado en radio, redes y entrevistas periodísticas, las implicaciones, riesgos y exigencias no son solo de orden económico, sino también político y geopolítico. No son los únicos impactos; pero, son los que privilegiaremos en este espacio.

La primera implicación; no por casualidad, sino por el diseño del modelo agotado, es la dramática caída de los ingresos ordinarios en divisas y su repercusión sobre las importaciones, el gasto fiscal, la base de respaldo de las reservas internacionales, el nivel de consumo, la estabilidad económica, etc.

El asunto sería preocupante en cualquier caso; pero, más para un país que diezmó la economía interna productiva y anuló las otras fuentes endógenas de riqueza social: sus ingresos externos dependen del petróleo en algo más del 95%; su gasto total, de difícil medición, por malabares legales y de gestión, podría mostrar un déficit por encima del 20%; el costo de acceso a los mercados de crédito externo es de los más altos del mundo; se apoya en convenios financieros de poca transparencia y dudosa conveniencia; etc.

En un análisis reciente, Daniel Yergin, reconocido analista económico y de temas de energía afirmaba que “Venezuela ya califica para un caos fiscal”. Nosotros mantenemos, desde meses, que ya hay un colapso en esa área. Que su gasto –lo planteamos en nuestro diagnóstico- está plagado de excesos, ineficiencias, usos políticos y “filtraciones”; que la mitad de las divisas se maneja sin marco transparente y su menú de financiamiento posiblemente sea el ejemplo de máxima perversidad e improvisación del mundo.

Ante todo eso ¿qué hará el régimen para manejar la situación? Hasta ahora lo ha hecho, como dijimos en enero, de modo “sibilino, paso a paso, esquivo de los temas duros, con faltantes de información (al país), manipulaciones y mentiras. Y de impactos negativos sobre las mayorías”.

Su escenario de actuación lo definimos en julio: “se retrasan o minimizan las decisiones y continúan 1) la incertidumbre general del país y 2) la debacle del modelo. Esto podría significar que se sigue actuando igual que hasta ahora, lo cual incluye decisiones paso a paso y sibilinamente y una minimización de las decisiones a tomar”.

Pero, ya no puede seguir así. Lo que no significa que no intente confundir o usar mampuestos y optar por las peores soluciones al interés general. Es lo que ha comenzado a suceder, junto con la forzosa salida a escena de riesgos y costos diversos y de distintos órdenes.

El régimen no dispone de motores endógenos para su sustentabilidad económica. Recuerden que tratamos el tema a mediados de año. Su fracaso petrolero y su patológica destrucción de la economía productiva interna, sin recambio, lo obligan al financiamiento y los compromisos externos. China es su salvavidas. Pero, al costo de mayor y más caro endeudamiento al ya alto existente y pérdidas notables de soberanía.

No todo, entonces, le resulta promisorio. China va a mediano plazo al recurso de los esquistos. Tiene amplias fortalezas en gas, capacidad de inversión y recursos tecnológicos para sus desarrollos. No es por ahí que se sustentará un nuevo modelo petrolero.

La otra opción es la productiva interna. Nada dice que hay un diseño. Ni siquiera un “pre”. Lo único visible es un festín rentista y clientelar, por una vía que los chinos acaban de dejar: una política fiscal “regalona”: transferencias de riqueza a los avispados clientes del financiamiento oficial. Tampoco es solución.

Y la guinda del coctel: en el maridaje de militares y comunistas que es el régimen hay un inevitable punto de quiebre: no todo resultado y modelo cuadra al poder relativo de cada sector. El timimg y el modelo que se imponga pueden explicar la salida del juego de uno de ellos. Podríamos estar frente a un divorcio.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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