Paz y progreso

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Venezuela es víctima de la demencia. Demencia de muchos, en varios niveles y épocas. Chávez y su banda delictiva, con componentes militaristas, crematísticos, izquierdistas, totalitarios y populistas son sus responsables actuales. Pero no los únicos. Venezuela es víctima de la demencia. Demencia de muchos, en varios niveles y épocas. Chávez y su banda delictiva, con componentes militaristas, crematísticos, izquierdistas, totalitarios y populistas son sus responsables actuales. Pero no los únicos.

Delincuencia, militarismo, avaricia, especulación, izquierdismo, nuevo oscurantismo, capitalismo retrógrado, etc., son, de alguna manera, estados demenciales.

El resultado, en nuestro caso, es un país fracasado y vaciado. Y un modelo que ya se ha demostrado que no funciona. O que lo hace al costo de la nación. Costo en lágrimas y desarraigo.

Sus situaciones, sean en lo social, institucional, económica, cultural o política, con todos los dramas personales y familiares imaginables, son de perentoria atención. Y exigen un también dramático esfuerzo colectivo de salvación.

La resistencia y el regreso del clima de paz y estabilidad, y su reunificación, son exigencias ineludibles. Se nos muestran como campo de un ejercicio cívico avanzado, componente ineludible en la precisa situación nacional.

Venezuela, reiteramos, es un caso en el cual:

1°) Las instituciones no responden a los intereses generales, en razón del secuestro político totalitario, consumado en todos los poderes de Estado.

2°) Los medios de comunicación están mermados, intervenidos o interferidos, y en vías de desaparición, con base en supuestos derechos públicos o estatales y manipulaciones relativas a la “responsabilidad social”.

3°) Las acciones de protesta de calle están a la orden del día, con toda su carga de rebelión con plena legitimidad, pero alteración de la normalidad diaria.

4°) Muy diversos sectores laborales y profesionales desarrollan variadas formas abiertas de lucha, cada vez más en el propio terreno político del régimen, por la precariedad de las condiciones generales y laborales resultantes del modelo político.

5°) Variadas situaciones internacionales representan amenazas y turbulencias para el país y contribuyen a endurecer más aún la acción interna del contubernio militar-izquierdista-totalitario.

6°) Como guinda del cóctel, todo se monta sobre una buena dósis de odio y resentimiento y una orquestada tramoya de violencia legítima y no legítima.

Por tanto, con base en los seis componentes señalados, un conflicto, dicho uno a uno, 1°) de alta complejidad, 2°) dificultad de resolución, 3°) fase avanzada y 4°) destino incierto.

Las pérdidas de legitimidad y gobernabilidad democrática hacen avanzar al país a situaciones de profundo alejamiento de intereses entre Gobierno y sociedad y al cierre de las posibilidades de intercambio positivo o acuerdos entre los extremos sociales y políticos.

En plena polarización, una aproximación creativa de moderados de parte y parte y la activación de los indiferentes; o sea, la mayoría actual, resulta necesaria para sortear la salida violenta que se incuba entre el malestar y la rabia de los afectados y la radicalización y avance totalitario de los hegemónicos.

Una reflexión asertiva de espíritu prospectivo de muchos y diversos sobre la situación nacional, con remisión a los valores, criterios y principios universales de paz y progreso, permitiría los puntos de encuentro entre diferentes sobre los caminos a su superación.

Es lo que anima a unos cuantos -representantes institucionales, voceros nacionales relevantes e individualidades- a una propuesta de paz y progreso para el largo plazo. Un Proyecto Nacional de Paz y Progreso avanza con la participación activa de valiosos venezolanos. Nos toca en suerte impulsar el proceso.

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