Organizarse

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Los diversos sectores en lucha favorables a una pronta transición a la democracia deben organizarse con urgencia. Me refiero no a la organización de cada sector, sino a una de conjunto. Venezuela requiere un bloque social nacional que asuma su vanguardia política. Los diversos sectores en lucha favorables a una pronta transición a la democracia deben organizarse con urgencia. Me refiero no a la organización de cada sector, sino a una de conjunto. Venezuela requiere un bloque social nacional que asuma su vanguardia política.

La MUD quedó atrás. No representa a esa nación. Su organización excluyente –limitada a los partidos, y dentro de ellos, a un conciliábulo-, su equivocado modelo de gestión política y su evidente colaboracionismo (y no hablemos de los lunares de algunos en su interior) la limitan para ser esa vanguardia.

La Junta Patriótica Estudiantil y Popular “cobija” (es el verbo que usa mi admirada Gabi Arellano) la juventud luchadora de todo el país, pero no los muy diversos segmentos sectoriales necesarios a la integridad del trabajo político necesario para luchar ahora y transformar luego.

Y claro que hay organizaciones, confluencias e individualidades que están dispuestas a asumir la tarea. En medio de severas restricciones, por historia, experiencias, fracasos, problemas, vicios, etc., pero que no pueden ser el límite para abordar la organización.

En la ortodoxia del conocimiento reconocido sobre procesos de transición a la democracia, el primer requisito, entendido como progresivo, aunque sujeto a caídas, está en el logro de un mínimo –una masa crítica- de unidad nacional; que, en Venezuela tiene que ser aclarado, es muchísimo más que una alianza de partidos.

Aplica la metáfora del bloque social o histórico gramsciano. Una vanguardia dotada de ideas nuevas resulta capaz de convocar y reunir a distintos factores sociales, económicos, culturales, etc., y hacerse hegemónica, sin que esto signifique ningún atisbo de totalitarismo.

Las condiciones están dadas. Si en algún momento ha sido así, lo es mucho más ahora, después de la razzia empobrecedora de las últimas medidas económicas, en el contexto de una acción represiva obscena por parte del Estado y sus huestes. Nunca en el tiempo de mandato del chavismo había sabido de tantas deserciones. Puede decirse, sin lugar a error, que el chavismo ve diluirse su base social.

Es lógico: el régimen no resuelve los problemas de la gente y ya no impone masivamente su concepción de lo que debe ser y hacer el país. Ni lo material, ni lo ideológico le están funcionando en el nivel del colectivo.

Pero, y ése es el planteamiento central del artículo, del otro lado –que no es la MUD, ni son los partidos y dirigentes dominantes en ella- no existe el bloque social, expresado en una coalición política de los diferentes sectores participantes en la lucha e interesados en el cambio transicional.

Para ello se necesita mucho más que calle. Claro que mucha calle, pero también una metáfora inspiradora, un propósito claro, una política focal, una estrategia, capacidad de operacionalizar esa estrategia, una organización, una mínima dirección, grupos de evaluación para el control, etc.

He escrito mucho al respecto. He participado en diversas iniciativas fallidas. Soy un auténtico moscardón (el término venezolano es mucho más expresivo, pero también más vulgar) en plantear el problemas a todo el que se relaciona con él, pero, sin duda, es un hueso duro de roer.

Muchos no visualizan, o no conocen, de la importancia de la organización, bajo los términos planteados, para la acción política en situaciones pre transicionales como las que enfrentamos.

El “Momento Transicional” presente exige que la lucha sostenida necesaria (no es “soplar y hacer botellas” o acto de un solo día) esté montada sobre un conglomerado amplio, dotado de fuerza variada y de una especie de cultura común.

Y vuelvo a mi habitual e incómodo ritornello: pasa que la cultura política venezolana, después de gran organizador que fue Rómulo, involucionó al carisma o a la política tradicional. La política venezolana se remite a nombres, caudillos, dirigentes, etc., y no a la organización y al manejo de sistemas organizativos y de acción complejos.

Eso ha sido neto, claro, en muchas de las frustraciones que he enfrentado. El mejor grupo estadal de la Coordinadora Democrática de Venezuela, el de Carabobo, líder de muchas iniciativas nacionales, lo acabaron Salas Römer, sus agentes y amigos permisivos de sus arbitrariedades. La reciente Junta Patriótica menguó por una necia conducta de vedettes. Actualmente, me resulta muy difícil incluso la articulación de una pequeña acción entre varios. Ése es el contexto en el cual hay que actuar y resolver.

Y lo propongo, gramscianamente, por la vía cultural. Asumamos, como inicio, una metáfora inspiradora. Propongo que esa metáfora sea la transición a la democracia. Así, con nombre y apellido. No la imprecisa y manipulable “transición”, que puede significar todo y no concretar nada.

¿Será Monseñor Ovidio Pérez Morales a quien toca la tarea de permitirnos la chispa inicial que unifique y organice a los venezolanos en lucha deseosos de un cambio sustantivo en el país?

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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