Karina

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

Karina León, periodista, animadora de TV, locutora y “muy venezolana”, como anota en su perfil de Twitter, plantea “cómo explicarle, al que tiene 15-20 años, cómo era la Venezuela sin socialismo y qué significa calidad de vida”. Karina León, periodista, animadora de TV, locutora y “muy venezolana”, como anota en su perfil de Twitter, plantea “cómo explicarle, al que tiene 15-20 años, cómo era la Venezuela sin socialismo y qué significa calidad de vida”. Y sentencia, con pesimismo, que “no deben entender”.

Le respondo, por la misma red –magia de la comunicación actual- que eso no es difícil, que podría hacerse muy fácil y que bastaría proponérselo. Y eso hice para ésta, mi columna madrileña. Por Karina y los jóvenes venezolanos de 15-20 años. Alguna vez, los de 17-20 fueron mis alumnos. Algo me debe quedar de las capacidades de comunicación de aquella época.

Lo primero, Karina (y chamos), es que no hubo una sola Venezuela posterior al petróleo y sin socialismo. Hubo dos. Una buena -en términos de calidad de vida, que es el concepto que invocas- y otra, posterior, decadente y, al final, retrógrada. Una, aún envidiable en el mundo, que creció más del 6% anual ¡durante 50 años! Y tuvo una moneda muy fuerte. Eso pasó de 1928 a 1978. O sea, Karina, que hace solo 37 años, Venezuela era un ejemplo –y motivo de envidia y apetencias- para el mundo.

En la época en la cual estudié en Europa (sí, uno podía hacerlo, y en condiciones de mucha bonanza), mis amigos franceses, para molestarme, me presentaban como el “bougnoule” (expresión despectiva y racista) de un país que ni sabían dónde quedaba, pero que tenía una moneda más fuerte que el franco francés. Pues, sí, teníamos muchos recursos y una moneda con alto poder de compra. Aunque…

Pocos se percataban, pero por debajo de la superficie, las bases sobre las cuales se asentaba aquella economía habían sido destruidas implacablemente (eso puedo explicarlo en otra ocasión) y se nos venía encima otra Venezuela, la “decadente y, al final, retrógrada”. Con algo de la actual, pero, sobre todo -esto es muy importante-, responsable de su venida. Sí, Karina; la actual Venezuela no nos llegó de Cuba. La trajimos nosotros mismos, por acción o por omisión.

Fíjate, entonces, como dicho, que la “Venezuela sin socialismo” no fue una sola. Tuvo un ciclo virtuoso y uno regresivo. Uno bueno y otro malo, que nos trajo a dónde estamos. Por cierto, muchos de sus responsables más directos, aún andan por ahí queriendo volver. Eso hay que advertírselo a los chamos. La historia que deben saber no la conocen y hay que informarlos.

Y paso a tu otro tema de tu interés: lo que significa el concepto calidad de vida. Sencillo, Karina: vivir bien; o sea, tener alto poder de compra de los ingresos y un conjunto satisfactorio de servicios estatales. Así de simple. Pero, lo “mastico” aún más: que tu salario alcance para tu proyecto de vida y que el país (su Estado) te ofrezca condiciones de educación, salud, comunicaciones, tecnología, infraestructuras, etc., que empujen el crecimiento personal, familiar y nacional.

¿Eso existió en la primera Venezuela? Sí. Con abundancia. Fuimos referencia y polo mundial. ¿Eso existió en la segunda Venezuela? “Cuesta abajo en su rodada”, como dice el tango. ¿Eso existe en la actual Venezuela? ¡Para nada! Todo lo contrario: somos el propio hueco sin fondo. Pero, y paso a proponer: si ya lo tuvimos, es posible volver a tenerlo. Y te digo cómo.

Todo comienza con una visión de país. Un sueño, pues. Cómo queremos que sea y se vea a nuestro país. Si algunos pueden soñar, son precisamente los más jóvenes. Entonces, no solo pueden entender lo que hay, sino que también pueden cambiarlo. Porque tienen la fuerza que surge de los sueños.

¿Te parece esotérico o poético? Pues, no lo es. He trabajado profesionalmente el tema (tengo incluso un libro) y puedo mostrar resultados. Sopotocientos alumnos y clientes con “historias de vida” que pueden referir. Muchas de ellas, con jóvenes, no de 15-20, pero sí de 21-25. Graduandos de Economía. O con menos jóvenes. Dotados de medios prospectivos (exploración de futuros) y estratégicos (planes estatales o privados).

Sí entienden. Te lo garantizo. Y sí pueden hacer cambiar el país. Yo mismo, recién llegado de Francia, fui parte del cambio radical positivo de un estado rural a uno mucho más moderno y progresista. Aquí, en la misma Venezuela que hoy duda de su futuro. En ésa que ahora solo necesita los incentivos y medios apropiados para levantarse.

Epa, pero con las referencias apropiadas. Las de la Venezuela altiva que alguna vez fuimos, por un lado; pero, sobre todo y principalmenmte, con los sueños de nuestra nueva visión de país. Sí, Karina,… ¡nueva! El pasado pasó y lo que toca es apoyarse en lo bueno de él para redefinir una nueva visión. Olvídate de “la cuarta”. Comienza a plantearte “la nueva”.

Sobre eso escribo siempre. Otros, también. Te propongo retar a los jóvenes a “montarse en la nueva Venezuela”. A soñarla, pensarla, organizarla, instrumentarla, facilitarla, establecerla, garantizarla, consolidarla, defenderla, etc. Y a luchar por ella.

¿Te anima el reto? Hay un montón de venezolanos esperando por una chispa que encienda la pasión por el país. Te veo ahí. Yo me incluyo. “Sí va”, como dicen los chamos.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

TE PODRÍA INTERESAR

DEJA UNA RESPUESTA