Herencia macabra II

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Ignacio Lula Da Silva daba las hurras, preparándose para dejar en manos de su ahijada política, Dilma Rousseff, su inconmensurable administración, recordando que hacía alarde de haber sorteado la ‘herencia macabra’ que en el plano económico, deuda, y recesión, incluidas, le había endilgado su antecesor Fernando Enrique Cardozo. Ignacio Lula Da Silva daba las hurras, preparándose para dejar en manos de su ahijada política, Dilma Rousseff, su inconmensurable administración, recordando que hacía alarde de haber sorteado la ‘herencia macabra’ que en el plano económico, deuda, y recesión, incluidas, le había endilgado su antecesor Fernando Enrique Cardozo.

Vueltas que da la vida, al momento su sucesora enfrenta el mismo desafío con la diferencia que, en el plano político parece haberle dejado su padrino.

Sólo seis meses han pasado de la nueva administración y ya dos casos de corrupción la han salpicado fuertemente, en ambos casos de hombres que continúan en el poder luego de la transición, el primero en caer, el pasado junio, fue el entonces Jefe de Gabinete, figura clave dentro del corredor político, Antonio Palocci, después de que el periódico ‘Folha de San Pablo’ afirmara que el pasado año, cumpliendo funciones en la legislatura, desempeñándose como diputado por el partido oficialista, amén de coordinar la campaña de Dilma facturó a través de su consultora 12, 5 millones de dólares, lo sugestivo de esta desagradable situación es que se trató de su segunda renuncia a un cargo en el gabinete a causa de sospechas de corrupción, recordemos marzo del 2006 cuando como ministro de Hacienda de Lula, por un escándalo de connotaciones sexuales, debió retirarse del gobierno.

Palocci, recordado como el principal articulador del rompecabezas político de la primera mandataria en el Congreso, además de ganar la ‘pole’ como el interlocutor válido ante el empresariado, fue a todas luces protagonista de un daño irreparable para Dilma, quien bajo el consejo del propio Lula lo defendió a capa y espada por semanas hasta que en el horizonte se avecinaba una investigación por tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito en el Congreso, la férrea defensa de Dilma era entendible, Palocci había sido su jefe de campaña y durante su carrera hacia el Palacio del Planalto se había convertido en una de los allegados en quien más confiaba

Ahora es el turno de Alfredo Nascimento, senador y presidente del Partido de la República (PR), socio menor de la coalición oficialista, es así que al frente del Ministerio de Transporte, Nascimiento , que tiene a su cargo importantes obras de infraestructura para el Mundial de fútbol de 2014 en todo el país y para los Juegos Olímpicos de 2016 en Río, ha sido acusado de haber permitido sobrefacturaciones y de haber pedido sobornos a distintas empresas contratistas.

Es así que rápida de reflejo Dilma ordenó que la Contraloría General investigase las denuncias, pidió acciones concretas a Nascimento, y sólo había aceptado mantenerlo en su puesto con la condición de que diese explicaciones al Congreso. El ministro destituyó a los asesores más cercanos. Mientras se definía una fecha para la presentación de Nascimento ante el Congreso, la mandataria suspendió, por decreto, la mayoría de las obras y licitaciones vinculadas a los organismos cuestionados por 30 días, como si esto fuese poco, el diario ‘O Globo’ reveló que el patrimonio del hijo del ministro, Gustavo Morais Pereira, aumentó de 60.000 reales (unos 38.500 dólares) a 50 millones de reales (32 millones de dólares) en tan sólo cinco años, en gran parte gracias a los contratos que su empresa de construcción, Forma, se benefició con organismos públicos, entre ellos con la Marina Mercante, dependiente del Ministerio de Transportes.

La frutilla del postre la sirvió la revista ‘Istoé’ divulgando un vídeo en el que Nascimento y otro miembro del PR, el diputado Valdemar Costa Neto, hablan sobre las coimas que cobran por las licitaciones.

Ya en un tembladeral la situación de Nascimiento se volvió insostenible. Rousseff había mandado llamar a Nascimento cuando éste emitió un comunicado público informando sobre su renuncia irrevocable.

El PR, que nace en el 2005 luego de la disolución del Partido Liberal, trae una mancha desde la cuna, varios de sus dirigentes fueron acusados de corrupción durante el escándalo del «mensalão», un esquema de recaudación ilegal de fondos en el Congreso que puso en jaque a la administración de Lula y al PT.

Dilma contragolpeó firme y eficientemente, sacando a la cúpula del ministerio, le dio un voto de confianza al ministro para defenderse, pero como eso no se hizo, le aceptó la renuncia.

En el Senado, donde la oposición, liderada por el Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), se preparaba para formar una comisión investigadora, el distanciamiento de Nascimento también fue bien visto para la salud del gobierno.

Rousseff se reunió con el secretario ejecutivo del Ministerio de Transportes, Paulo Passos, que asumirá interinamente la conducción de la cartera, y puede ser que al final termine quedándose con ella, ya que su perfil bien técnico le da confianza a la mandataria, sin embargo en los pasillos del Planalto suena el nombre del senador por el Partido de la Republica Baliro Maggi, ex gobernador de Mato Grosso, a quien se lo conoce como el Rey de la Soja, con un imperio sojero cimentado a lo largo de tres décadas

Ante la explosión de rumores, la ministra de Relaciones Institucionales, Ideli Salvatti -apuntada por Rousseff para hacerse cargo de las negociaciones con el Congreso tras la salida de Palocci-, advirtió que la presidenta reflexionará antes de tomar una decisión final.

Sin lugar a dudas el Ministerio de Transporte es una de las carteras más codiciadas ya que recibe importantes recursos para el Programa de Aceleración del Crecimiento –PAC–, principal plan de obras públicas del gobierno, pergeñado durante la gestión Lula, Rousseff quien piloteó el PAC, siendo ministra de Lula, retomó y ponderó la apuesta, planeando desembolsar cientos de miles de millones en carreteras, puertos, viviendas y refinerías de petróleo hasta el fin de su gobierno, en 2014.

Luz amarilla, en sólo seis meses de administración la gestión Dilma sufrió la salida de dos pesos pesados, es preocupante debido a que el simbronazo, escándalos por corrupción fueron en un plazo demasiado corto, a muy poco de asumir, el costo político es grande, a no ser que la presidenta dé fuertes señales de que es para esta tempestad una calificada y convincente piloto de tormentas.

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