Gestionar el largo plazo (V)

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La influencia del diagnóstico. “El futuro es el origen de la historia” decía Heidegger. Y nosotros lo hemos asumido como norma. Por eso el trabajo de los dos artículos anteriores de esta serie. La influencia del diagnóstico. “El futuro es el origen de la historia” decía Heidegger. Y nosotros lo hemos asumido como norma. Por eso el trabajo de los dos artículos anteriores de esta serie. Pero, el logro de ese futuro pasa por la apropiada internalización de los retos del presente, que expresan carencias acumuladas o nuevas, “de la lucha del futuro con el pasado”. A ello nos dirigimos con base en tres apoyos, que desarrollaremos a continuación. Se trata de inventariar oportunidades, problemas y mandatos de diversa naturaleza.

El primer apoyo proviene de nuestro libro del 2010. En él, caracterizamos la situación venezolana en un capítulo muy analítico, llamado “El contexto de conflicto y proposición para su manejo”, en el cual, para no hacerlo largo en esta oportunidad, decíamos respecto a lo básico o causal, que estamos frente a una “Sociedad débil, (de) bajo nivel cívico, confundida, rentista, clientelar, poco competitiva, influencia militarista, etc.” Y proponíamos como metáfora teórica de la situación observada, “un conflicto político nacional inédito, de alta complejidad, extrema dificultad, fase avanzada y destino incierto”.

El segundo apoyo surge de nuestra serie “Comprender Venezuela”, de esta columna, en la cual en su primer artículo señalamos la”confabulación de intereses” entre “una cúpula militar corrupta y ligada a los peores negocios” y un conjunto nacional e internacional de asociados y beneficiarios, en una realidad en la cual “se ubica una dirección partidista opositora, con muy bajo reconocimiento, en buena medida responsable o legataria de los causantes, con su miopía política, de los tiempos actuales”.

El tercer punto de apoyo es consecuencia lógica de nuestra exigencia en esta serie: la “gestión de largo plazo de la democracia, no sólo una visión o un Proyecto de País que defina sus atributos y componentes sin establecer el cómo, es el posiblemente más alto reto de la política en los tiempos actuales”. Lo planteamos, para nuestro caso nacional, en términos de que “Otra historia habría sido si el ciclo naciente en 1958 se hubiera gestionado como tema del largo plazo, con etapas distintas, pero progresivas, necesitadas de la transformación permanente que asegurara la habituación mencionada por Rustow”.

La intención de este artículo no es la de recorrer el camino de los detalles de las respuestas que ya hemos adelantado separadamente para cada uno de los planteamientos, sino de juntarlos en un único planteamiento de diagnóstico que nos permita extraer algunas líneas conceptuales útiles a la identificación de los retos que el presente plantea a la elaboración estratégica necesaria a un tipo de política distinta a la avanzada hasta ahora por la oposición venezolana. En esto soy claro: la dirección política democrática debe cambiar de conceptos. No hay ninguna posibilidad de vaciamiento político del régimen con los actuales.

Respecto a la sociedad, hay un profundo reto cultural relativo a los valores y conceptos que marcan su posición frente a la política y el tipo particular de problema que ella plantea, que no es otra cosa que un severo conflicto político nacional. Nada que ver con un tema electoral. El asunto es profundamente político.

El componente más álgido de la situación enfrentada es el relativo a las posiciones y manejos tanto del régimen, como de la dirección política opositora. Para decirlo de modo crudo: la política venezolana está entrampada entre dos manejos que se complementan para el mantenimiento del actual statu quo.

Por último, se ha demostrado que el asunto de la definición del modo de gestión de largo plazo está fuera del alcance de las posibilidades de la actual dirección política, excepto que un día descubra, por cualquier azar, la importancia del factor. Lo cierto es que hasta ahora no ha ocurrido.

Mi conclusión es que el conjunto de retos exceden las capacidades del mundo político y requieren la intervención de sectores más allá de la política, aunque en tareas políticas: intelectuales, profesionales, universitarios, de las academias, medios, redes y otros. Sin embargo, tal situación representaría un impacto adicional no deseado para la dirección política actual, rabiosamente partidista, cupular y excluyente.

Los retos son en los planos del trabajo cultural, de cara a la infusión de ciudadanía, la convicción sobre el requerimiento de lucha política y el cambio de modo de conducción de la política democrática, a favor de una apertura a sectores que generen valor agregado en los sentidos mencionados.

Tarea dura, visto el panorama de cerrazón de la dirección política opositora frente al creciente y costoso reclamo de debate, ignorado por ella. Los últimos días de octubre han mostrado remezones en el seno de la política unitaria. La dirección lo asume con impavidez. Ellos sacan sus cuentas. Yo hago proposiciones de aperturas diversas.

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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