Gestionar el largo plazo (I)

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Importancia del futuro y la estrategia. Desde el pregrado en Economía mi vocación se orientaba ya al largo plazo. Opción rara en esta malquerida mina llamada Venezuela, cortoplacista, material y desmemoriada. Importancia del futuro y la estrategia. Desde el pregrado en Economía mi vocación se orientaba ya al largo plazo. Opción rara en esta malquerida mina llamada Venezuela, cortoplacista, material y desmemoriada. País con muy admirable pasado, por allá en los albores del siglo XIX, pero al cual el futuro, desde entonces, le ha resultado esquivo.

Por reto intelectual elegí el futuro como objeto de atención profesional. Hoy, sigue siéndolo. La búsqueda ya no es sólo la anticipación, en los campos de la prospectiva y la estrategia, sino también la gestión de su procura; o sea, en los caminos del desarrollo institucional. Gestionar el futuro o el largo plazo, a muchos suena a desvarío o acto fallido. A mí me parece crítico, crucial.

Pues, la “voluntad dirigida” del Mariano Picón Salas de 1946: “aquella conciencia poblada de previsión y de pensamiento que desde los días de hoy avizora los problemas de mañana”, lamentablemente no permeó el pensamiento y la práctica de políticos, ciudadanos, expertos y burócratas nacionales.

Nuestra última transición democrática, de finales de los ’50 y ’60, perdida luego en una regresión democrática y de progreso evidente, no tuvo, en verdad, un proyecto de futuro, pese a su mención y muchos componentes de avance valiosos.

Por otro lado, la influencia, desde los ’50, hasta los ’80, de la llamada Planificación Económica o Planificación del Desarrollo Económico no llegó nunca a propiciar la estrategia de largo plazo.

Ni una, ni las otras, garantizaron el progreso sostenido que llevara a la utopía concreta de un país realizado. Eran los tiempos de las propuestas incrementalistas de la CEPAL, confinadas a economías cerradas, a contrapelo de lo que debía ocurrir.

Peor aún: el futuro no es asunto de incrementalismos, sino de opciones. El futuro es el ámbito de la esperanza, que se expresa en una visión: de país, bloque, subcontinente u otro. La visión orienta, direcciona, informa, estimula, permite la evaluación de las acciones; pero sólo es un punto del proceso de construcción de futuros.

Ella debe ser contrastada con el diagnóstico de la situación del sistema en el presente, de modo analítico y explicativo útil a la acción, para luego comenzar el trazado del tránsito de ese presente al tiempo de la honra de la visión. Es un trabajo de naturaleza estratégica, el cual, progresivamente se va concretando en la planificación operacional o de detalle.

Ese trazado, en el campo de la formulación de políticas, tiene que ver con variables globales (el PIB, la tasa de empleo, etc.), sectoriales (el PIB industrial o terciario, etc.), territoriales (el desarrollo relativo de los distintos espacios subnacionales), y, finalmente, lo que más nos interesa destacar: diversas, y a veces, insospechadas variables institucionales, desde el nivel constitucional, hasta conductas, actitudes, comportamientos, etc., de gobernantes, burócratas y ciudadanos.

En nuestra experiencia de los noventa y parte de la primera década del presente siglo, usamos diversas aproximaciones al manejo de las variables institucionales ligadas al despliegue de acciones estratégicas. Toda acción global, sectorial o territorial requiere de adecuaciones, mejoras, cambios, creaciones, etc., en el plano de lo institucional, sea por las vías formales, o en el nivel de lo informal.

En labores de consultoría para la GTZ alemana, con relación a problemas de alto gobierno, desarrollamos los llamados planes de gestión, dentro de los cuales, surgió un componente que llegamos a llamar PAI (Planes de Ataque Institucional), que representaban, en la formulación estratégica y operacional, el aterrizaje institucional muy preciso de las cadenas de relaciones medios-fines, para el avance a los objetivos de orden superior.

Lo que queremos decir es que en la base de la búsqueda de futuros se encuentran muy diversas acciones institucionales –entendidas en sentido amplio- que sirven de ámbitos o canales de la acción humana y los recursos para la procura de los fines buscados. Planteado en términos dramáticos, lo que afirmamos es que sin manejos institucionales, toda asignación de recursos resulta infructuosa o ineficiente. La investigación moderna, como expusimos en la serie anterior, ha llegado a la demostración de la validez de la afirmación anterior.

A los efectos de la serie que ahora comenzamos nos resultan útiles dos posibilidades prácticas de lo planteado en este artículo: 1°) sí es posible formular una cadena de condiciones y acciones que vayan del insatisfactorio presente a la opción de futuro preferida; 2°) esa cadena incluye los dispositivos institucionales integrales que sirven de ámbito o canal para la acción humana en el logro de los resultados esperados.

La importancia, para nosotros, es que esos dispositivos, mejor si permanentes, son la garantía de una gestión que conduzca del presente al futuro lejano. Son la facilitación y salvaguarda de un proceso exitoso y sostenible de la democracia y el progreso y el objeto de esta serie sobre nuestro modo de construcción de futuro. Un nuevo modo. Modo para no seguir fallando.

Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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