Economía global e impactos nacionales

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El manejo gubernamental venezolano de la reciente recesión mundial fue irresponsable y negligente. Estábamos “blindados”, según la manipulación chavista. Hasta que desnudamos al Rey. Junto a ello, arreció el proyecto cubanizante, que precisamente ahora avanza a tambor batiente. En este momento, se encienden nuevamente las alarmas mundiales. Y sin duda, tendremos nuevos impactos. La economía nacional está menos protegida y su trama, más destruida. ¿Qué pasará? ¿Qué hará el irresponsable Gobierno chavista? ¿Qué nos toca hacer a los partidarios del progreso y la democracia? ¡A eso vamos! El manejo gubernamental venezolano de la reciente recesión mundial fue irresponsable y negligente. Estábamos “blindados”, según la manipulación chavista. Hasta que desnudamos al Rey. Junto a ello, arreció el proyecto cubanizante, que precisamente ahora avanza a tambor batiente. En este momento, se encienden nuevamente las alarmas mundiales. Y sin duda, tendremos nuevos impactos. La economía nacional está menos protegida y su trama, más destruida. ¿Qué pasará? ¿Qué hará el irresponsable Gobierno chavista? ¿Qué nos toca hacer a los partidarios del progreso y la democracia? ¡A eso vamos!

Hace unos quince días comenzamos a alertar con pesimismo en Twitter y Facebook sobre la economía global. Al escribir nuestra columna de la semana pasada, ya se conocían los problemas de desempleo y bajo uso de la capacidad industrial americana y una situación anómala en su mercado monetario: muy bajas tasas de interés de corto y de largo plazo, mucho dinero en caja y poca inversión. Un problema conocido por economistas. Un típico caso de “trampa de liquidez”.

Unos días antes, el G-20 -los malos del capitalismo y algunos amigos de Chávez, pero no él, por su mediocridad en economía- había optado por la austeridad en el gasto de los gobiernos y la reducción del déficit y de la deuda pública. Algo así como una fuerte dieta para el que ya está pasando hambre. Desempleo, dinero que no se usa, baja actividad industrial y austeridad fiscal son el camino directo a un pobre desempeño económico.

El día que escribíamos, así lo reseñábamos en nuestra columna anterior, todas las noticias económicas del mundo confirmaban nuestras preocupaciones: en EEUU caían la producción industrial, las ventas de casas usadas, los índices Dow Jones, S&P y Nasdaq. Y subían los datos de desempleo, solicitudes de ayuda a desempleados e indicadores asociados. Igual, caídas de la producción industrial en China, bolsas asiáticas y europeas y precios del petróleo.

Pues bien: el fin de semana pasado, todos los medios mundiales se hicieron eco de un corto artículo del Premio Nobel de Economía norteamericano Paul Krugman sobre la posibilidad –de acuerdo a él- de la tercera gran depresión mundial de los últimos dos siglos.

Para los que no andan en estos mundos de la economía, significa que estaríamos en la puerta de varios años de desempleo, quiebras, caída de la producción, carestía, depresiones, suicidios, etc. La guinda del coctel la puso otro premio Nobel, por cierto, del gusto del gran timonel de Miraflores, Joseph Stiglitz, quien también opina –en tono más “optimista”- que se nos viene encima una “double-dip recession”; o sea, una segunda caída recesiva global, después de la de 2007-2009. Por suerte, ya sabemos que la economía venezolana, gracias al gran líder y a sus genios de la Economía, está perfectamente “blindada”.

La situación, hoy, en términos de tendencia en corto, con altibajos, se mantiene. Las dudas sobre la economía global persisten. Chávez, para variar, todavía no se ha dado cuenta. Pero, no importa, para él, al final lo que se demuestra es que el capitalismo no sirve, se está muriendo y lo que procede es ayudarlo a morir.

A estas alturas, llegamos al mensaje que queremos transmitir: el problema va a impactar el país, pero tenemos que evitar y combatir su ideologización. Ya hay suficiente evidencia sobre la nefasta influencia del proyecto totalitario cubanoide de Chávez en la pésima posición económica del país, para aceptar pensar que por ahí es la solución. El problema hay que encararlo como se debe: profesionalmente. Protegerse de la crisis y conjurar la amenaza comunistoide exige pensar y repensar la economía nacional. Ojalá que formara parte de la agenda política de la oposición.

Repetimos que vienen días difíciles: mundo y país complicados, arremetida totalitaria, ideologización, manipulación, economía “comunal”, urgencia de calidad en el análisis económico y de políticas públicas, debates, requisito de informar, etc. ¡Que Dios nos agarre confesados… y preparados! ¡Que este artículo se tome como aporte!

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