Debate

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

Si algo marca la agenda política venezolana actual, no es el arranque del proceso electoral municipal, ni siquiera la riesgosa deriva totalitaria del régimen en las últimas semanas; sino la insurgencia, con creciente fuerza, de múltiples propuestas en las líneas transicional y constituyente. Si algo marca la agenda política venezolana actual, no es el arranque del proceso electoral municipal, ni siquiera la riesgosa deriva totalitaria del régimen en las últimas semanas; sino la insurgencia, con creciente fuerza, de múltiples propuestas en las líneas transicional y constituyente. Sigan con detalle los medios y lo comprobarán.

Puede ser por la novedad de los planteamientos para algunos, o el agotamiento de la política hasta ahora visible de lado y lado del sistema, pero lo cierto es que ocupan crecientemente el debate. Bienvenido sea. A su enriquecimiento permanente –trabajo de todos los días- estamos abocados. Hablamos en lo personal y en lo que toca a las universidades nacionales.

Algunos voltean a los lados, pretendiendo ignorarlo. Otros, lo descalifican, ridiculizan y agreden. Un tercer grupo pide, cada vez más, información sobre la posibilidad. Y a algunos nos ha tocado asumir la tarea profesional e institucional de informar sobre los temas y la misión política –también pedagógica- de impulsarlos.

Lo cierto es que estamos en plena efervescencia del debate y ha irrumpido una promisoria discusión nacional. Por ejemplo, ya comenzado este artículo, recibimos una nota digital titulada “Distintas posiciones en cuanto a posible constituyente”. El día siguiente, otra, titulada “¿Conviene una constituyente a la oposición?”.

Hemos tenido la oportunidad de ser ponente o comentarista en tres foros durante la última semana. Para el segundo, preparamos una presentación gráfica que ya hemos “colgado” en Internet. Su finalidad principal es abordar y ayudar a disipar, en reuniones diversas, los principales temores y dudas sobre una posibilidad transicional y el recurso a un proceso constituyente, para concretarla.

Lo primero es que, con el funesto precedente de la convocatoria trampeada de Chávez en el ’99, la sociedad venezolana guarda en su inconsciente el temor a otra apropiación por el régimen; la cual, en esta oportunidad, sería para una más dañina radicalización. A ello hay que responder precisando que no debe haber constituyentes opositoras u oficialistas, sino nacionales Y que debe quedar claro de una buena vez: una constituyente, o es nacional –plural, consensual, unificadora- o no cumple sus condiciones básicas de definición.

Lo segundo, específico a Venezuela, es que la posibilidad de convocatoria a una asamblea nacional constituyente originaria es una norma constitucional, que prevé la vía ciudadana, con solo la solicitud del 15% de los electores. Agréguese que de ser plural (la de Chávez no lo fue, por el perverso modo de votación), es una vía incluyente, contraria a la temida por los venezolanos.

Lo que toca es establecer, sin lugar a dudas, la conveniencia de la iniciativa popular para esa convocatoria. Es la única vía que garantiza la pluralidad, excepto, en caso de las otras, después de la conquista de condiciones políticas excepcionales, hasta ahora inexistentes.

Lo tercero, que tiene que ver con el fondo del asunto, es que lo fundamental de un proceso transicional; en este caso, por vía constituyente, más allá del texto constitucional y las opiniones imperantes, es el proceso de reinstitucionalización integral del país. Hay que hablar claro: el tiempo de caudillismos ya pasó; el de gobiernos autoritarios, también debe pasar.

Ni liderazgos, ni gobiernos son lo fundamental. Claro que son necesarios, pero en el contexto de instituciones democráticas fuertes. Es, por lo demás, lo que demuestra la investigación científica más actual: el progreso nacional y el buen desempeño público dependen de la calidad institucional, legal y de políticas y no del autoritarismo o el liderazgo.

Como todos ya lo están pensando, son múltiples y difíciles los asuntos a revisar, analizar y debatir. Ese trabajo –reiteramos- lo estamos haciendo. También, creando las condiciones de opinión, movilización social y definiciones políticas, que permitan el avance sano de la posibilidad de refundación satisfactoria de la institucionalidad nacional, fuente de males, cuando deficientes, y parabienes, cuando apropiadas.

Nuestra presentación lo recoge, en parte. Como me lo planteaba un tuitero, uno podría decir que en este país no es que hay instituciones deplorables, sino que no las hay. No hay instituciones cuando imperan la arbitrariedad, el monopolio del poder, el uso institucional y “parainstitucional” de la violencia contra los ciudadanos, la negación despótica de derechos, la imposición de un proyecto político no reconocido por la Constitución, etc.

En esto, continuaremos. Son tareas por delante: 1) la lidia con el modo totalitario imperante; 2) la apropiación del entorno, para lograr el “Momento Transicional” buscado; 3) la gestión de todo el proceso que vaya desde esa apropiación política, hasta el desarrollo de la trama institucional completa; 4) la resolución de los nudos y dilemas en el camino; etc. Es un duro, pero gratificante trabajo de viabilización.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

TE PODRÍA INTERESAR

DEJA UNA RESPUESTA