Cuba

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Mis apreciados lectores deben recordar mi insistencia en asentar que el escenario económico dominante en el “modelo económico chavista” hasta ahora ha sido el que he denominado “Camino a Cuba”: destruir y entregar, para reinar; para decirlo sencillo. Mis apreciados lectores deben recordar mi insistencia en asentar que el escenario económico dominante en el “modelo económico chavista” hasta ahora ha sido el que he denominado “Camino a Cuba”: destruir y entregar, para reinar; para decirlo sencillo.

Ayer, bajo circunstancias que debo comentar, el régimen dio un paso importante hacia su definitiva implantación: decidió –que lo logre es otra cosa- que se creará un sistema de control automatizado de la compra todos los productos comerciales del país.

Tan sencillo como un racionamiento a la cubana, pero en el “posmoderno” manejo del Socialismo del Siglo XXI: no un arrebato del tejido comercial, no una libreta, no bodegas miserables (todavía); pero racionamiento. Cuba, pues.

Que sea un “trapo rojo” (un distractor), o un componente esencial del escenario para el futuro inmediato, significa poco. Lo relevante es que es un dato de la realidad política nacional y que en ese contexto debe ser analizado. Y a eso voy.

En recientes artículos he analizado lo que en lenguaje popular he llamado la “macroeconomía piche” venezolana. El régimen agotó el modelo implantado por Chávez y está urgido de definir uno alterno. Sus escenarios los he analizado para ustedes.

Los sectores fieles al castrismo están pujando con fuerza por prolongar la vida del modelo existente y la única vía es imponiendo mayor austeridad a la sociedad. El manejo hasta ahora, el cual les interesa perpetuar, no admite más importaciones privadas y el sostén del actual estilo de consumo y requiere, entonces, su caída drástica.

En su modelo, para la fase contemporizadora del socialismo, el uso de la sobrevaluación del signo monetario y las importaciones, como medio de sustitución de la producción interna en destrucción, llevó a la depresión de las reservas internacionales, que ahora actúan como aquella historia del perro que muerde al amo.

Y por razones macroeconómicas que no vienen al caso y que sus capitostes desconocen, eso también establece un límite al abuso en el menú de financiamiento del gasto público y lo lleva a límites de riesgo que no les conviene asumir.

Como tanto he señalado –y muchos de mis colegas ven con sorna- Venezuela no está en una situación de estanflación, como las conocidas, sino en un caso de colapso provocado, intencional, en la línea de facilitar la transición al comunismo a la cubana.

Los llamados “déficit gemelos”, en Venezuela no son como los conocidos, sino una meta política ligada al proyecto político. Pero, o se resuelve el asunto de cómo mantenerle un motor y un combustible, o el modelo hace aguas.

El camino escogido parece ser la severa represión de la demanda agregada interna y de las importaciones privadas de todo tipo. Y así, no tener que tomar las decisiones en el plano de fuentes exógenas o endógenas de sustentabilidad del modelo.

La pregunta es si eso conviene a los chinos. Y aunque les parezca que ando en onda de hacer travesuras, déjenme decirles que por detrás del juego de escenarios sobre las salidas al embrollo macroeconómico actual que les presenté hace pocos días, se encuentra esa disyuntiva.

La profundización del “Camino a Cuba” o “la lenta Emulación de China” son los escenarios que se confrontan tras las diferencias entre los que nuestros colegas han denominado “radicales” y “reformistas”. Y como la confrontación no es en el plano económico, sino político, la economía y el bienestar terminan pagando el plato.

En otros términos, en el momento actual venezolano se enfrentan procubanos, a favor de mayor control y miseria y prochinos, a favor de mayor control para cambiar hacia motores endógenos de crecimiento.

O sea, que el juego está en un único campo y no es entre totalitarios y demócratas, sino entre modelos de totalitarismo. Excepto que el único fiel de la balanza que está quedando -las fuerzas militares convencionales- definan otro.

Y que conste que no solo no soy militarista, sino más bien, soy antimilitarista; pero, en el nivel de avance de la transición al comunismo en la cual se encuentra Venezuela, el único factor decisivo es la fuerza militar. Cómo, es otro tema.

En términos de escenarios, el logro, hoy, -y más, mientras más tarde- de una salida del neototalitarismo pasa por el agotamiento –ojalá que el vaciamiento- del modelo totalitario. Eso no se ha dado, gracias, en el campo opositor, al colaboracionismo de unos y el vedetismo de otros.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venzuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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