He referido varias veces que la primera vez que se usó una expresión parecida a la actual “Transición a la Democracia” fue en enero de 1.957, en Nueva York, y que lo hizo el padre de la democracia weberianamente moderna en Venezuela: Rómulo Betancourt. He referido varias veces que la primera vez que se usó una expresión parecida a la actual “Transición a la Democracia” fue en enero de 1.957, en Nueva York, y que lo hizo el padre de la democracia weberianamente moderna en Venezuela: Rómulo Betancourt. Dijo: …“creemos adecuado para Venezuela (…) la transición de un régimen de fuerza a otro democrático”…

Después, la expresión desapareció (de la política nacional). En 2.011, este estudioso del tema hizo un inventario de su uso para el Capítulo Carabobo del IFEDEC (Centro de Políticas Públicas de Eduardo Fernández, líder socialcristiano). Excepto unas tres menciones, poco asertivas o de otro contexto, la expresión –el concepto- no existía en la política venezolana.

En 2.010 habíamos publicado “Venezuela Postchavista. Prospectiva y Política”. Tenía dos notas introductorias. Una, de Diego Arria. E incluía un capítulo llamado “Viabilización de la Transición Democrática”, el cual incluía lo siguiente, en su nota inicial a pie de página: “El término Transición Democrática se usa en su interpretación temporal estricta, de unos pocos años (unos tres) de adecuación inicial”.

Dicho sea, se usa la expresión Transición Democrática y no Transición a la Democracia, que es la establecida en el mundo, por referirlo precisamente a corto lapso inicial de ejercicio en contexto democrático y no al largo tránsito desde el autoritarismo (o similar) hasta la consolidación democrática (en el largo plazo), como está establecido en el “estado del arte” en la materia.

Para la época mantenía una estrecha relación con Diego, la cual en 2.011-12 me llevó a actuar como su jefe de programa en las elecciones primarias opositoras del último año citado. La inspiración de su propuesta era precisamente transicional, como lo dije el 1° de abril, para presentar su programa económico en un auditorio capitalino. La transición había sido uno de sus dos puntos resaltantes en el primer debate de precandidatos de noviembre del año anterior.

Esa referencia a la transición es, sin dudas, la irrupción del concepto de Transición a la Democracia en la política venezolana. Se debe a Diego, entonces. Para él, acotado a su planteamiento programático, era un cierto lapso corto de reinstitucionalización radical del país. Dicho de otra manera, de establecimiento de las bases firmes de una nueva Venezuela. Valga decir que plenamente válido ahora. Su propuesta –dicho sea- sigue “viva”.

Que después de aquello se haya hecho fiesta con el concepto es otra historia. Hasta ciertos “académicos” se permiten libertades interpretativas con el concepto. No se diga en nuestra deplorable clase política. Pero, transición es reinstitucionalización. Y si, más allá de esta reláfica, sigue requiriéndose en el país, significa que la voz de Diego Arria de 2.011 y 2.012 sigue vigente.

No importa que la expresión y su significado hayan sido ignorados por la Mesa de la Unidad Democrática (la alicaída MUD). Búsquese la expresión o el concepto en los textos del 26 de septiembre de 2.011 o del 23 de enero del 2.012 y díganme si los encuentran. Esos textos son su Proyecto de País (Benítez dixit) y su propuesta programática y no refieren el requerimiento transicional.

En lo personal, estamos ligados, pues, a la aparición de la propuesta transicional en Venezuela. Pero, eso no es lo relevante. Lo que sí es relevante es que la palabra de Diego en 2.011 sigue vigente. Venezuela debe reinstitucionalizarse y hacerlo con firmeza en un corto lapso inicial posterior a la salida del actual oprobio. Otra cosa es “volver a lo que tuvimos”; o sea, lo que nos trajo a lo que tenemos ahora. ¿Usted lo quiere? En mi encuesta Twitter -refiero el momento de escribir- solo un 6% lo declara.

* Santiago José Guevara García

Valencia, Venezuela

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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Santiago José Guevara García*

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