Comprender Venezuela (III°)

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“Hay que proclamar, reclamar y hacer avanzar con fuerza una transición a la democracia”. Es nuestro primer reto para el presente y el futuro inmediatos. Menuda exigencia. Planteamiento desconocido, incomprendido o incómodo para muchos, incluso en la dirección política opositora. “Hay que proclamar, reclamar y hacer avanzar con fuerza una transición a la democracia”. Es nuestro primer reto para el presente y el futuro inmediatos. Menuda exigencia. Planteamiento desconocido, incomprendido o incómodo para muchos, incluso en la dirección política opositora.

Ignorancia, autosuficiencia, confusión conceptual, influencia de los golosos aparatos frente al desmadre en el manejo del botín nacional, temor, etc., lo cierto es que ni las experiencias de otros –repetimos insistentemente el ejemplo birmano ahora y un viejo discurso del padre de la democracia venezolana, Rómulo Betancourt, en Nueva York, en enero de 1957- ni el “librito” son tomados en cuenta para el diseño y práctica de la política democrática frente a un totalitarismo hegemónico como el militarismo del siglo XXI que enfrentamos.

Lo cierto es que hay un mínimo de exigencias políticas: un modelo de gestión, teorizaciones diversas, una práctica probada, viejas experiencias nacionales, el ejemplo de otras, etc., que son de obligatorio seguimiento, para poder encarar con éxito el enfrentamiento con los totalitarismos, sean cuales sean. Betancourt y los otros factores políticos presentes en el trance de 1957-58 –una amalgama de factores y circunstancias- lo hicieron. La señora Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz birmana, lo hace en su país, en el actual momento.

Por el contrario, la dirección política opositora venezolana peca de un simplismo, ignorancia o displicencia, rayana en la complicidad, por razones que valdría la pena establecer, pero que no se compadecen ni con la lógica, el conocimiento establecido o la propia experiencia nacional. No hay contención, lucha, protesta, contraste de propuestas, movilizaciones, etc. Sí hay un amplio despliegue de electoralismo, que es estéril a los fines de demostrar y crear situaciones de hecho que evidencien la opresión y el totalitarismo, condición esencial para salir de una situación con las características de la nuestra.

La discusión sobre las causas de la conducta de la dirección opositora es de altísimo interés para llegar a definir el tipo de actuación que se corresponde con el diagnóstico que avanzamos. El temor al poder totalitario es una que se invoca mucho. Yo postulo que por encima de ese factor se ubica el inmovilismo de la política partidista. Y lo repito: no es el temor lo que inhibe la práctica política opositora necesaria, sino el inmovilismo, por razones a discutir, como política frente al totalitarismo.

El problema revisado debió enfrentarse desde hace tiempo. Ahora surge como contradicción en el seno de los precandidatos unitarios. Cada día hay más temas de agenda que enfrentan el inmovilismo y asumen conscientemente una transición a la democracia. Resulta que no haberlo hecho en la dirección opositora llevó a surgimiento en el seno de los precandidatos. Al menos Machado, Medina y Arria lo hacen, con matices diferentes.

Bienvenido sea el deslinde. A falta de un buen “timing”, es necesario encararlo ahora, no mañana. Menos, para un después sólo sobre esperanzas electorales, que no se sabe si cuajan. Pero, no sólo no está en la agenda de la oposición partidista tradicional y la cúpula de la Mesa, sino que se intenta ahogar cualquier iniciativa al respecto. Eso, en abierta contradicción con algunos precandidatos, en los que pareciera existir un convencimiento de la inevitabilidad del problema de la mezcla de totalitarismo con ilícitos, en razón de la más que clara naturaleza militar del régimen, su bizarro “bloque histórico” y el volumen de recursos que maneja… y deja permear.

Lo cierto es que la mezcla de contención; superioridad cualitativa; evidencia de la realidad totalitaria; protesta frente a ella; armado de un nuevo “bloque”; anticipación y preparación de la transición democrática ahora; proclama de enfrentamiento de un totalitarismo hegemónico; gestión política del día a día; empuje de los procesos que agudicen la contradicción entre las aspiraciones de los venezolanos y la realidad de destrucción, humillación y opresión del régimen; y denuncia y lucha por un sistema electoral más competitivo son tareas ineludibles hoy.

Algo de lo anterior hacen las “voces alternas”. Ojalá fuere política de dirección opositora. A un totalitarismo hegemónico no se le gana con sólo electoralismo. Hay que asumir el juego correcto. Es una responsabilidad histórica. Yo salvo la mía.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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