¡Chao!

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¡Chao, “pescao”!, expresión popular de despedida venezolana, podría ser la denominación del escenario que se maneja en la banca mundial, con relación al futuro del malhadado proyecto castro-chavista. ¡Chao, “pescao”!, expresión popular de despedida venezolana, podría ser la denominación del escenario que se maneja en la banca mundial, con relación al futuro del malhadado proyecto castro-chavista.

Mientras el modosito Ministro, Presidente de PDVSA y Vicepresidente para Asuntos Económicos, Rafael Ramírez, insiste en su jactancioso “modelo económico exitoso” y el régimen inventa una supuesta “ofensiva económica”, un vano reparto rentista, al más puro estilo de la tradición estatista de la historia que tanto critican, en los bancos y centros financieros ya no se discute el rotundo fracaso del proyecto castro-chavista, sino sobre el tiempo que le queda de vida.

En sus relaciones económicas externas, Venezuela está en una virtual quiebra financiera (default): solo honra sus papeles externos, adeuda más de 10 billones de dólares americanos a empresas extranjeras y acaba de perder otro juicio arbitral de 30 billones, por su demencial manía expropiadora.

Eso, en un ciclo recesivo, con una producción nacional ya baja, que se vino más abajo aún, por lo cual, lo que les queda es importar. Pero, para lo cual, se quedó sin crédito externo.

El drama obedece a su más que inflada necesidad de importar (también por conveniencia, a los fines del proyecto neocomunista en el cual se inscribe); lo cual, para empeorar las cosas, lo hace en condiciones de opacidad administrativa y en un festín de lenidad de sus operadores políticos internos y mentores y socios externos, con privilegio, también demencial, a la Cuba castrista, que no produce nada, pero que se ha convertido en un importante suplidor de bienes y servicios.

En el criterio de la banca, “la economía venezolana es un desastre, con poca oportunidad de mejoramiento”. En ese mundo, de la banca y los negocios, está planteada una apuesta fuerte al fracaso nacional mientras el gobierno se mantenga. Cualquier mejoramiento pasa, sin dudas, por su sustitución.

Eso sucede mientras el régimen realiza un inmenso gasto publicitario –una evidente fortaleza de los gobiernos comunistas- con relación a su acción y resultados económicos, tal como planteado arriba.

En la realidad, le hemos demostrado, en diversos medios, la falsedad de su manejo, incluso en la manipulada pretensión de mostrar que el supuesto éxito de su gestión económica se encuentra en los indicadores sociales. La casi totalidad de los indicadores directos y de síntesis de la gestión económica muestran resultados pésimos –en casos, los peores del mundo- y pasa lo mismo con indicadores de síntesis de lo social.

Tener la mayor inflación del mundo –algunos relevantes economistas americanos estiman la inflación implícita en más del 300%-, el mayor déficit de las cuentas públicas, el último lugar de “Doing Business”, del Banco Mundial y el peor desempeño de un país OPEP, no son precisamente señales favorables de la ridícula campaña del Vicepresidente Ramírez. En abundancia de criterios, al momento de iniciar esta redacción, se publica la noticia sobre los resultados del último survey de la Fundación Getulio Vargas, de Brasil, y la Universidad de Munich, según el cual nuestro país posee el peor clima de negocios de toda América Latina.

En otro plano, hace pocos días se publicaba la noticia sobre la ubicación de Venezuela entre los países de mortalidad materna e infantil más altas. Y sucede que en los modelos demográficos, la mortalidad es una variable altamente correlacionada con la situación del bienestar y el estado de los sistemas de salud. Pues, sucede que nuestro país es primero mundial en el llamado Índice de Miseria, basado en sus situaciones en los planos de la inflación y el desempleo.

En resumen, entonces, si en lo económico estamos muy mal y también mal en lo social, de toda evidencia el país está mal.

Y es que no hay nada, a pesar del respetable ingreso petrolero, que permita que esté bien. Venezuela es en el momento actual el principal objeto de despojo de un maléfico proyecto de Lula y los Castro, para cimentar la geopolítica y la geoeconomía regionales de conveniencia a su Foro de Sao Paulo, inscrito, a su vez, en el preocupante proceso mundial alrededor de una posible nueva Guerra Fría; esta vez, con el riesgo de una entente ruso-china. Para ello, la destrucción de su sociedad y la entrega del país a sus mentores regionales y mundiales.

Bien haría la diplomacia del mundo libre en mirar las cosas a través de ese prisma. Venezuela no es un paisito aislado y sin relevancia. No estamos solo frente a un problema doméstico. Su dimensión debe ser asumida. La denuncia y la lucha deben darse.

Venezuela demanda una solución urgente. El mundo está decretando el fracaso y la conveniencia de la sustitución de sus responsables de uno y otro bando. Ante la maldad del régimen y la estulticia de la oposición partidista, toca definir y manejar los escenarios de solución viables.

Estamos frente a un profundo reto transicional. Procede una exigente transición a la democracia. Son necesarios un nuevo bloque social, un esquema unitario apropiado, la decisión de lucha y la disponibilidad de un proyecto de gobernabilidad para el corto y el largo plazo.

Son hipótesis una transición negociada, bajo términos muy precisos, o un militarismo restaurador, también bajo términos muy especiales. Claro, no son las únicas. Hay tantas como los abundantes “transitólogos” surgidos en los últimos tiempos. Aunque no es tiempo para charlatanes.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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