Capital social restrictivo

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Alegra la conjunción de teoría y práctica. Nuestra búsqueda, a través del “Proyecto Bicentenario” -las universidades nacionales de cara al país, en función de orientación- tras un modelo de país distinto, nos ha permitido el contacto con agentes diversos, lo cual valoramos en su justa dimensión: el encuentro entre la Universidad y el amplio mundo ansioso de su acción orientadora. Cómo vincularnos y cómo vincular al amplio espectro de sectores nacionales al largo tránsito por un Proyecto Nacional Venezolano es lo que ahora nos inspira. Alegra la conjunción de teoría y práctica. Nuestra búsqueda, a través del “Proyecto Bicentenario” -las universidades nacionales de cara al país, en función de orientación- tras un modelo de país distinto, nos ha permitido el contacto con agentes diversos, lo cual valoramos en su justa dimensión: el encuentro entre la Universidad y el amplio mundo ansioso de su acción orientadora. Cómo vincularnos y cómo vincular al amplio espectro de sectores nacionales al largo tránsito por un Proyecto Nacional Venezolano es lo que ahora nos inspira.

Un norte redentor –una utopía concreta-, con temas que representen la visión que el país aspira para sí; pero, también exigencias de consensos, organización y formalización de compromisos están en el proceso en el cual incursiona la Universidad venezolana. En estas mismas líneas hemos expuesto nuestro modelo para aproximarnos a un Proyecto Nacional, dentro del cual, la primera variable es “el logro de consensos durables; es decir, acuerdos entre sectores, sostenibles en el largo plazo”. Tal factor, como expuesto, actúa, en el modelo, como factor limitativo (“Se llega, en la disponibilidad de un Proyecto, hasta dónde lleguen los acuerdos logrados”).

Pues bien, el “Proyecto Bicentenario” otorga especial importancia a ese logro. Por eso la satisfacción de observar cómo surgen y avanzan procesos por los cuales se restituye y recrea el tejido social venezolano, de cara al reto de infundir un mínimo de sindéresis a la conducción nacional; o, para otros, de la exigencia de una difícil, pero aún posible transición a la democracia.

Para citar un ejemplo, con el cual interactuamos: Fedecámaras, la patronal nacional, la cual se propone cimentar un conjunto estratégico de alianzas, con gobierno, comunidades, trabajadores y universidades. Nos complace, institucional y personalmente, haber sido recibidos por los directivos de la Federación, el lunes Proyecto y recibir, con satisfacción, un decidido apoyo. Y como no podíamos perder la oportunidad para avanzar mucho más, propusimos juntar esfuerzos -empresarios, comunidades, profesores y estudiantes- en algunas iniciativas de la llamada “Responsabilidad Social” de empresarios, universidades y estudiantes.

Avances en la misma línea de estímulo de capital social podríamos referir hacia sectores o voceros de la Iglesia, academias, medios, candidatos, intelectuales y otros que se atreven a pensar más allá de las rutinas –y frustraciones- de las viejas políticas y se interesan por el éxito nacional, el largo plazo, diversas áreas temáticas de impacto en el bienestar, formas de institucionalización de acuerdos y modos creativos de actuación colectiva. Venezuela resiente algunos estilos políticos y busca –a tientas, en muchos casos- el camino al capital social perdido o escondido y la preocupación por la gobernabilidad democrática, como medios para la honra definitiva, por esta generación, del Proyecto Nacional Venezolano.

El asunto del capital social lo vemos con explicable preocupación, por los niveles de conflicto potencial o real presentes en la esfera política, las interferencias de las violencias –delincuencial, paramilitar, institucional-, la perversión de los incentivos, el trastocamiento cultural hacia el ensalzamiento de la tiranía y el estatismo, la trama institucional regresiva, una economía diezmada, una fuerza armada desinstitucionalizada, etc.

El camino a un Proyecto de País, entonces, se ubica entre dos polos antagónicos: una realidad y una cierta prospectiva de conflicto y amenazas y una percepción –y tímidas conquistas- de restablecimiento de la confianza, normas de relación y convivencia, organización, avances en el empoderamiento social y posibilidad de recuperación del camino al progreso.

El capital social necesario, entonces, se nos muestra en medio de una paradoja estratégica. Lo perdimos, lo necesitamos y lo tenemos que viabilizar. Es restrictivo. Pero crucial. Tenemos que lucharlo. La paz y el progreso lo exigen.

*Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1, en Twitter

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